martes, 1 de diciembre de 2015

Lo que hay....

Si no me terminaba de creer la edad que tengo, entonces el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan se apareció para sacarme de mi burbuja turbia….

Opción más que tentadora la de independizarse, casi imposible de rechazar, ya que se dispone de un espacio propio que te convierte en ama y señora de tu diminuto universo sin tener que rendirle cuentas a nadie…. A nadie excepto al señor del alquiler, al correo que te llega mes a mes avisándote que te emocionaste un pelín con la tarjeta de crédito, al cajero del restaurante que ya sabe lo que pedirás de almuerzo con solo mirar el almanaque, a tu madre que a pesar de no verte todos los días te sigue prestando la lavadora, a la señorita que te llama al celular recordándote la deuda. Pero claro, llegar a casa a la hora que te dé la gana sin oír un solo reclamo, no tiene precio.

Y como si eso no fuera suficiente, está el lado académico que a estas alturas te ha hecho plantear seriamente traficar con tu cuerpo para agenciarte un ingreso extra…. Puesto que la vida no te regala nada (mucho menos un MBA o un PHD) tienes que ver la manera de equilibrar la balanza entre la vida que (según tú) te mereces y la vida que en realidad llevas, tratando que el resultado sea mínimamente satisfactorio y, como no lo es, de pronto te saltan las dudas de siempre, pensando en la poca utilidad de tu carrera y la corrupción que amenaza con devorarse poco a poco a tus idealistas principios.

Luego están las compras semanales. Las mismas que te hacen buscar cuanto descuento sea posible, leyendo la letra chiquita de las promociones y elaborando una hoja de ruta que te indicará el supermercado a atacar, mientras la nostalgia vuelve en forma de la alacena de la casa  de tus padres, la misma que siempre estaba llena de menestras, conservas, uno que otro cerealito, galletitas de soda y demás antojitos…. Mi realidad está graficada en sopas instantáneas y cancerígenas, lo único que soy capaz de hacer por mí cuando el dinero, malgastado en comida chatarra, se acaba.

Pero no todo pinta mal, soporto los embates con entereza y hoy no sucumbí ante la tentación de comprarme un tinte de cabello en oferta. Luciré las canas, que ya están apareciendo, con naturalidad…. O me las seguiré arrancando por las noches.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Oh no

Sábado por la noche y yo, frente a la PC, con una mantita sobre las piernas.... Las lejanas N° 8.


martes, 10 de noviembre de 2015

Bienvenida a mi vida

Estoy en una cuenta regresiva que me trae con los nervios tensos cual cuerda de violín.

La conciencia del cambio inevitable me ha golpeado con más fuerza en las últimas horas y la expectativa de iniciar nuevos regímenes (alimenticio y “aspirínico”) en lugar de emocionarme como antaño, me traen con nudos en el estómago y una permanente sensación de ahogo.

Es recién hoy, mientras cuento las horas para abandonar la comodidad de la base que me ha acompañado en los últimos diez años, que me niego a entrar dócilmente a la etapa que se supone deberá definir mi futuro como ser humano con una cuota de mínima relevancia para el mundo. Estoy haciendo un drama por nada, pero mi naturaleza y personalidad no me la hacen fácil y me tienen tronando los dedos en busca de no sé qué.

El tic-tac del reloj de pared no me ayuda, ver cómo cambian los programas de la tv anunciando un nuevo día aumentan mi angustia, los comentarios de mi madre rememorando mi alumbramiento me hacen rechinar los dientes, la cuenta regresiva llegó a su final…. Hasta que veo el primer regalo de la noche.

Si hubiera sabido que iba a empezar así, cumplía los treinta antes.

domingo, 18 de octubre de 2015

Queer

Mi lista de vicios: 
  • Primerísimo lugar para la Coca Cola en sus tres estados: sólido, líquido y gaseoso. 
  • Comida chatarra y una de las frases que más repito en mi día a día: todas las cremas, menos ají.
  • Los libros con el pedido que siempre hago y casi nunca obtengo: ¿nada menos señor? 
  • La música y su arbitrariedad: voy de der hölle rache kocht in meinem herzen a hoy voy a verte, voy a sentirte, voy a dejarte huellas en la intimidad sin el menor sonrojo.
  • El café y su versatilidad: frappé para el invierno y humeante en el verano.
  • Novísimo Candy Crush con la voz en off que me acalora, mientras exclama: Tasty! Delicious!
  • Porque lo laboral, tarde o temprano, te engancha: redactar las apelaciones mientras mi álter ego suelta sus carcajadas malignas.
  • Escribir, no necesita mayor explicación: para que me quieran más.
  • Soñar despierta y dormir pensando: porque la locura no es gratuita.
  • Discutir de política con hermana y papá: amenizamos los desayunos domingueros con sano intercambio de ideas (no nos derramamos el café caliente porque desperdiciarlo es pecado).
  • Garbage: Shirley Manson. 
Claro que tengo muchos más, pero la falta de práctica y el total desconocimiento sobre la política de Blogger al momento de censurar contenidos me hacen retroceder.

Feo síndrome de abstinencia.

lunes, 5 de octubre de 2015

AFyL

No podría decir que 163 centímetros son los suficientes para considerarme grande, pero bastaría compararlos con los 150 centímetros que cada una de mis hermanas tiene, para elevar mi ego; y si trasladamos el asunto al resto de entornos, los tacos ayudan bastante a sentirme una Gulliver del siglo 21, al menos estoy por encima del promedio. Requisito N° 1: Alta.

Mi hermana mayor-mayor es bastante parecida a mi madre, mi hermana mayor-menor tiene un poco de acá y otro poco de allá, mi prima hermana sacó los rizos de mi tío y mi otra prima hermana pasa como versión joven de mi tía; mientras, yo heredé la frente y mirada maniática de mi buen abuelo Andrés y cierto “relieve” de la familia paterna, sumado uno más otro, el resultado si bien no catastrófico, escapa de los estándares tradicionales. Requisito N° 2: Fea.

Apelo a la opinión que de mí tienen los sobrinos favoritos, al toque preciso que le imprimo a cada regalo, a la preocupación constante que tengo por el bienestar de los que quiero, a las miradas cargadas de cariño que les dirijo a la Buba y la Fendi y a los detalles que sé que sólo yo puedo darle a determinadas personas. Requisito N° 3: Linda.

Tal vez es una descripción arbitraria de mi parte, tantas cosas buenas no puedo tener, pero con admitirlo es suficiente. Estoy lista para bailar.





lunes, 21 de septiembre de 2015

Muuuuuu

Trabajar hace daño….

Hace unos días me puse en plan evocador revisando fotos antiguas y me di con la sorpresa que en algún momento de mi vida fui propietaria de un vientre plano…. Semanas antes de empezar en este trabajo sedentario, en pleno verano, fui eternizada en unas cuantas fotos playeras, exhibiendo nada orgullosa la no-panza que no-tenía en ese entonces. Ahí me veía bajo los cada vez más dañinos rayos de sol, lentes oscuros y (para mi horror) la clásica ropa de baño de dos piezas.

Es mi culpa, lo admito, la mediana estabilidad monetaria puso al alcance de mis manos y voraz boca, la suculenta comida chatarra, la misma que he intentado abandonar hasta en cuatro oportunidades, siendo mi récord máximo un mes de abstinencia, un mes en el que sorprendentemente no extrañaba nada de lo nocivo; llegando el día en el que por motivos que ya no recuerdo, me vi “obligada” a recurrir al KFC de siempre, para nuevamente caer bajo sus garras.

Claro, no habría vuelto a lo mismo si a lo largo de ese mes, las dimensiones de mi panza se hubieran reducido a una medida razonable, cayendo en cuenta que no era suficiente comer sano, sino que además debía complementarlo con una serie de hábitos físicos a los cuales no estaba (ni estoy) mentalizada en realizar, ya sea por falta de tiempo, falta de voluntad o simple alpinchismo por mis mofletes.

Pero eso se ha terminado, puesto que compruebo que cada vez es más difícil reconocer que la talla S me abandonó, que los pantalones 28 pronto no serán suficientes, que corretear al carro por dos cuadras no justifica dolor de pantorrilla durante dos semanas y, sobre todo, comprobar que la toalla que te pegas al cuerpo al salir de la ducha no llega a secar cierta zona meridional ubicada exactamente debajo del ombligo, puesto que una masa ligeramente ovalada y sobresaliente le impide cubrir tu piel.

Me veo los pies de puro milagro.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Desapego

Hoy me robaron el celular y debo reconocer que estoy un poco aliviada.

De la noche a la mañana me uní a la tropa de autistas que van por la vida con la cara pegada a sus teléfonos, l@s que toman fotos de cuanto plato fintoso tengan delante, que wasapean (perdonen la informalidad) con todo el mundo, ignorando a los amigos de al lado, que se desentienden de todo lo que les rodea. De ell@s renegaba, en un@ de ell@s me convertí.

La vida definitivamente me tenía que dar una llamada de atención, claro que hubiera preferido que no hubiera intermediario alguno (me lleno de furia al pensar en el malnacido que se hizo con mi aparato), pero estoy reaprendiendo del silencio forzado (me quitaron la música), de acordarme que la gente tiene cara (mucho más grande que una pantallita de 2.4 pulgadas), de comer sin electromagnetismo al lado (porque todo momento era bueno para revisar las notificaciones) y tantas otras manías que fueron engulléndome poco a poco.

Igual extrañaré mis fotos y vídeos, dormir arrullada por la música clásica, el formato de hora que mi TOC aprobaba y desentenderme un poco del trabajo. La sensación de pertenencia es muy fuerte y es por eso que deseo fervientemente que el infeliz que se llevó mi teléfono sufra el peor de los martirios.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Neologismos Arbitrarios V

Leía el otro día que en un acto “magnánimo”, el Papa, que hasta ayer me caía bien, concedía el perdón a todas las mujeres que en determinado momento de sus vidas, hayan practicado un aborto. Conforme pasaron los minutos, mi fastidio ante semejante anuncio crecía más y más.

Razones me sobran.

Es que Francisco podrá tener buenas intenciones, pero estas se funden cuando existe el agregado del arrepentimiento, es decir, te perdona si y sólo si estás arrepentida, de lo contrario ya podrías estar segura que tu destino te deparará el peor de los infiernos, todo por osar decidir sobre ti y tu cuerpo y no culminar con un proceso biológico que no se encuentra ni a la mitad de desarrollado. Así que…. ¡ARREPIÉNTETE!

Luego está la extraña omisión de los hombres en tan generoso indulto, bien si es porque no los considera responsables de la aparición de un cigoto dentro de la mujer, bien porque no los cree merecedores de perdón. En cualquiera de los casos, el asunto se resume en basura pura.

Tan larga introducción (sí, era la introducción) viene porque llegó a mis  ojos, de manera fortuita, la novedosa apostasía, de la cual no tenía conocimiento alguno y que perfectamente podría encajar, en modo de renuncia, dentro de lo que viene aturullando a mi cerebro desde hace bastante tiempo. No puedo seguir apelando al libre albedrío para hacer lo que me venga en gana, demasiada hipocresía de mi parte.

A estas alturas puedo gritar a los cuatro vientos mi deseo ferviente de creer en un ente superior que tenga poder suficiente para impedir mi perdición, que proteja a mis seres queridos y a mí de cualquier evento maligno, que se asegure de nuestro bienestar, no sea muy severo con nuestros errores y nos garantice que luego de esta vida vendrá el verdadero y maravilloso motivo por el cual nos introdujo en este mundo. Pero ese deseo se complica más y más.

No puedo concebir a un dios intolerante con los supuestos pecadores que apoyan el aborto, la unión civil, las investigaciones científicas que salvarían muchas vidas y tantos otros actos más que mentes cuadriculadas y sin una sola pizca de humanidad aborrecen y condenan.

Estoy huérfana de fe y la apostasía pareciera ser mi salvación.

martes, 25 de agosto de 2015

Vínculo permanente

Nunca había presenciado en vivo y en directo un partido de mi deporte favorito, ni siquiera había ingresado a un estadio y mucho menos, pisado cancha oficial alguna.

¿Porque tenía que ser así? Pues motivos sobraban: mi papá es hincha “enemigo”, no me iba llevar así nomás a ver un partido de mi equipo, luego estaba el hecho que hace unos cuantos años atrás, ir al estadio no era cosa segura ya que podrías regresar sin todo lo que llevaste o hacer un pequeño desvío al hospital más cercano para que terminaran de coserte y luego, cuando ya podía ir no tan resguardada, no encontraba EL partido que me animara a abandonar mi cómodo sillón desde el cual lanzaba miles de improperios (siempre escandalizando a mi madre) para abandonarme a la aventura.

Finalmente encontré la oportunidad, las circunstancias eran ideales para lanzarme al ruedo, la expectativa crecía conforme pasaban los días, imaginaba ese momento como algo espectacular, increíble, fascinante, glorioso y de grata recordación…. Y fue todo eso, salvo el último adjetivo. No soy muy pegada a las supersticiones, pero en el fútbol es difícil mantenerse al margen de estas.

No me explicaba cómo era posible que los jugadores PROFESIONALES anduvieran tan lento, nunca pidieran la pelota estando libres de marca, no metieran la pierna o la metieran sin fuerza, se corrieran del rival que se iba al ataque, no cerraran las jugadas de peligro y, sobre todo, celebraran un penal (mal cobrado) sin haberlo pateado aún para fallarlo después. ¡Qué dolor!

Porque duele…. En ocasiones como aquella, deseo fervientemente que no me guste el fútbol, que me aburra como a miles, porque sé que transitaré por la calle de la amargura durante varios días, miraré con (más) odio al mundo, evitaré los titulares deportivos y noticieros en general, seré burla de unos cuantos y sentiré que no hay un mañana. Fueron cuatro días de dolor, ya que mi tortura comenzó un viernes y terminó un lunes, no dándome respiro ni para dormir bien una sola noche.

Mi primera vez en un estadio no empezó con el pie izquierdo, pero tengo la esperanza que en un futuro no muy lejano pueda sacarme el clavo y quedarme con la garganta rota por los goles que gritaré hasta ponerme morada. Porque si la vida no tiene revanchas, el fútbol te las da.



martes, 11 de agosto de 2015

Despojada....

Estoy en un “tira y afloja” que resulta ser lo único constante de mi vida. De pronto sí quiero cumplir con lo que me propuse hace un buen tiempo para antes de los 30 años, los que se están acercando angustiantemente rápido. No me da ni un respiro.

Hace cuatro días tuve un golpe de inspiración y fui la orgullosa acreedora de una planta que, estaba segurísima, me acompañaría durante mucho tiempo y me diría todos los días que soy capaz de hacer hasta lo imposible. Claro que se trataba de una planta que no requiere de mucho mantenimiento, se podría decir que me la llevaba fácil, pero lo cierto es que era un ser vivo que dependería de mi memoria y de mi  cuando se nos ocurriera que, tal vez, necesitaba un poco de agua.

Hoy me di de lleno con la realidad (representada en la cada vez más insoportable compañera de trabajo) al ver que mi pequeño cactus se encontraba en un escritorio distinto al mío, quise creer que se trataba de un error, pero lo cierto es que argumentó su latrocinio diciendo que la idea había sido suya, que disponía de más espacio que yo para tenerlo y que igual estábamos todos en la misma oficina por lo que no había motivo para tanto drama.

Ante ese tipo de gente solo se puede reaccionar de manera violenta, pero como aquello no sería recomendable (por más que tu alma sienta una inmensa satisfacción) lo único que queda es encogerse de hombros en un intento de mal disimular tu indignación. Pero por dentro la ira va creciendo más y más, haciéndote recordar que ya son tres semanas sin Coca Cola, que tu equipo de fútbol perdió la punta y ya no depende de sí mismo para campeonar, que perdiste dinero intentando que la máquina de café te sirviera café, que la persona que estaba a tu lado en ese momento te dijo “ah verdad, la máquina está malograda” y que tu pequeño cactus, el cual creíste que te estaba ayudando a madurar, fue una razón más para que te dieras cuenta que estás lejos de lograrlo.




miércoles, 5 de agosto de 2015

Desencantado....

No le temo al ridículo buscado, me gusta hacer payasadas de cuando en cuando y saberme la causante de muchas risas, no me interesa si se ríen de mí o conmigo, así hago las cosas.

Pero hay otro tipo de ridículo que me causa pavor y no he sido capaz de ponerme a buen recaudo para evitarlo. Mi instinto de supervivencia siempre ha sido defectuoso y nunca me ha ayudado al momento de entregarle mi confianza a alguien que no la merecía, no tengo intuición ni sexto sentido que me indiquen que voy por el camino equivocado.

También está el ridículo de saberme utilizada, vilipendiada y tantas otras cosas más, me causa una furia tremenda, una que no sabía que podía sentir, una que me genera cierto alivio porque ya sé que hay algo más que simple pasividad en mi. ¡JA!.

Y respecto a esto último, me estoy planteando cómo responder cierto mensaje provocador. Si lo consultara con las que siempre están, Klau me diría que la mande a la mierda, Laura optaría por la sutileza y yo me inclinaría por una respuesta amable pero contundente. Se pueden juntar todas.

No me interesa, no quiero, no necesito, no gracias.

jueves, 30 de julio de 2015

Divagar es....

Después de mucho tiempo vuelvo a tener un televisor en mi habitación, ayer por la noche me arrullé mientras veía la primera película de Los Expedientes X y acaparé mis sueños con excavaciones de pequeñas cabezas alienígenas.

A pesar de tan perturbadoras imágenes (todavía no las puedo sacar de mi mente) agradezco un poco la variación onírica que me ha librado de escenas vividas o imaginadas por mi inquieto cerebro, influenciado por mi más anhelado deseo que está complicándose día a día y que me tiene confusa y ansiosa, un pequeño respiro en los sueños recurrentes viene bien.

De pronto me invade una inquietud e imagino a mi aturullado subconsciente mezclando escenas en las que dirijo una mirada romántica hacia una persona con cabeza de extraterrestre, o combatiendo a seres de otro planeta que tienen un rostro humano familiar…. Qué jodido y absurdo.

Tal vez debería dejar el televisor a un lado y refugiarme en algún libro nuevo, ya que los aliens y las conspiraciones gubernamentales presentados por escrito no me llaman nadita la atención, tal vez debería empezar con mi última adquisición (cortesía de la cada vez más cara Feria Internacional de Libro) y comprobar que Saramago con El hombre duplicado muestra que los temas pueden ser similares, pero el talento jamás se copia. Tengo héroes indestructibles.



martes, 28 de julio de 2015

Mientras leo....

Recordando lo que era ser inocente, one more time....



miércoles, 22 de julio de 2015

Ah.... Vanidad

No es normal, no lo es….

El pelo crece crece y una no puede hacer nada por evitarlo, entonces pasado un tiempo prudencial o en mi caso, terminada la procrastinación sobre mi apariencia personal, voy a mi peluquería de siempre (“siempre” es cinco años) para proceder con la tortura indecible del corte de cabello.

¿Por qué es una tortura? Pues que con mucha buena voluntad, la peluquería, a la que llamaremos “Melanie’s”, cuenta con un servicio más que completo que consiste en lavarte y masajearte el cuero  con manos expertas mientras chorros de agua tibia caen por tu cabeza. Ni más, ni menos. La gente normal cierra los ojos y se abandona a la sensación de relajo que tanto mimo le provoca, mientras yo estoy con la mandíbula apretada mientras siento dedos extraños paseándose por mi cráneo y la desagradable idea que el chorro de agua tibia es en realidad urea. Así soy.

Felizmente nada es para siempre, por más que yo lo sienta así, entonces terminado el espantoso proceso de lavado y masajeado, llega el corte de la rebelde y cada vez más colorida cabellera. El experto Víctor aparece en escena, todo estuche de cuero negro, lleno de tijeras y colgado de cierta zona meridional. Reconozco que tanta parafernalia me intimida, pero debo comportarme a la altura; Víctor entonces, con voz cantarina, inquiere sobre mis preferencias y yo balbuceo algo parecido a “el mismo peinado pero más corto” mientras pongo cara de querer estar en cualquier lado, menos ahí. Se va la voz cantarina y llega la voz profesional, osea, la del mudo y Víctor empieza con su trabajo, tomándose diez minutos para culminarlo.

Estoy lista para ponerme de pie, pero una mano inesperadamente firme (la de Víctor) me retiene en la silla de la tortura porque falta peinarme. Es decir, utilizar un cepillo que ha pasado por miles de cabezas antes que la mía mientras repasa una y otra vez la secadora de cabello, provocándome ahogo y sofocación si acaso quemaduras de primer grado en mi cara. Vamos, lo que es normal en “Melanie’s”.

Por fin apaga el aparato y con voz insegura le pregunto a Víctor si ya me puedo ir, me responde que sí e instantáneamente se me relajan todos los músculos faciales, que estaban ya bastante rígidos corriendo yo el riesgo de quedarme con una sola expresión para toda la vida. Podía irme de “Melanie’s” una vez más por mi propio pie, había sobrevivido.

Debo mencionar que el resto de la noche me la pasé mirándome en cuanto espejo encontrara en mi camino y así comprobar que el corte me quedaba divino.

jueves, 16 de julio de 2015

Tell me what....

Me quedé sin ideas y, como nunca, me exigen celeridad para publicar…. Algo me dice que si esta fuera una actividad remunerada, me importarían un carajo las ideas e inspiraciones y escribiría tonterías mayores a las ya posteadas.

He decidido hacer un ejercicio público y, con seguridad, poco masivo. Lanzaré una pregunta y la que yo considere como la mejor respuesta se premiará con una taza o vaso descartable de café, de acuerdo a lo que tenga el establecimiento elegido; en caso que no les guste el café, una sesión gratuita con un sicólogo (es de locos que no les guste el café) y una cerveza bien heladita. Si no gustan de café y tampoco de cerveza, simplemente no hay nada que tratar conmigo y lo mejor sería que vayan buscando otro blog en el cual cobijarse. Preguntemos pues….

Siendo la música uno de mis mayores estímulos para trabajar, para escribir, para ejercitarme de cuando en cuando y para levantarme todas las mañanas con voluntad de hacer una que otra actividad, me causa mucha curiosidad saber que es lo que a los demás les impulsa a hacer las cosas. Dicho esto, no que más que preguntar ¿Cuál o cuáles son los estímulos que les llevan a hacer lo que hacen día a día?



lunes, 13 de julio de 2015

Sólo quiere matarla....

Una está libre de darle interpretaciones arbitrarias a las canciones. La música sirve para miles de cosas.

Yo pienso que es Humbert Humbert quien canta a gritos, con la voz y el corazón rotos por el abandono inesperado, incapaz de encontrar una respuesta que le haga entender lo que pasó, rememorando su atormentada (y para muchos, inaceptable) historia de amor, dando cuenta de la frialdad de su amada, como si por sus venas corriera de todo, menos sangre, de lo entregado que estaba él y de lo impasible que era ella, arrastrándonos a todos a su miseria, suplicando no hallarla, luego implorando tenerla una vez más para así, a punta de navaja, matarla. Definitivamente es un loquillo….

He leído por ahí que a algun@s esto les suena a violencia de género y demás. No podría, ni en mis visiones más retorcidas, ver la canción de ese modo. Simplemente es una muestra más de las locuras y barbaridades a las que nos lleva el amor, el irracional sobre todo, cuando las cosas no salen tan bien o salen bastante mal.

Mi historia particular me ha llevado siempre a la pasividad, esperando que sea la otra parte quien mueva los hilos y me maneje a su antojo. No me nace exigir, no está en mi naturaleza dominar. Pero ahora estoy casi convencida que en algún momento cruzaré la frontera imaginaria de cordura/locura y condenaré a mi alma a los innumerables tormentos que el que sabe más por viejo tendrá preparados para mí.



viernes, 10 de julio de 2015

¿Qué esperas que no escribes? (*)


Necesito toxicidad y corrosión….

Hay cierta inclinación hacia lo nocivo en estas canciones, pero se escuchan tan bien que lo único que me provoca es seguir adelante con lo mío y perderme en la perdición. En mi muy particular interpretación, estas canciones me gritan y dan un mensaje clarísimo…. El problema es que las circunstancias no siempre son favorables y mi voluntad (que es mucha) no es suficiente.

Lo último que me han dicho es que soy una reverenda cojuda y lo más probable es que tengan razón, el tema pasa por ver en qué tienen razón y porqué esa razón no me basta para convencerme de las cosas. Y ahí ya entran a tallar el mayor de mis vicios y el peor de mis defectos (ser una idealista de mierda).

Quienes han pensado alguna vez que mi principal adicción es la Coca Cola, erraron por poco, es el amor. Pasa que no profundizo mucho en ello porque no he tenido mayor experiencia que la vivida y porque decirlo en voz alta (o en el blog de turno) raya en lo cursi…. Dos historias en mis casi treinta años se me antojan pocas y sumado a un magro conocimiento sobre las relaciones de pareja y cómo deben llevarse las mismas, la vida se me complica. 

Pero yo hablaba de canciones. Que sólo sirven para convencerme de seguir en las mismas hasta que me estrelle con lo que me salga al encuentro, me levante y siga adelante. Después de todo, digo yo, ¿qué es de la vida sin un poco de dramatismo gratuito?
 


(*) Ya escribí.

lunes, 22 de junio de 2015

¡Mamita!


Los que me conocen saben a la perfección que mi nivel de tolerancia hacia los menores de 14 años es de un 0.25% ¿Y quiénes representan ese ínfimo porcentaje? Los mocosos que integran mi familia (solo los que conozco) y l@s hij@s de las amigas de casi toda la vida. Y mi presencia en sus vidas es bien espaciada…. Contentos ambos lados.

Pero prácticamente de la nada me ha entrado la curiosidad por saber cómo cambiaría mi vida si fuera madre, si fuera la flamante propietaria (es que claro, sería absolutamente mí@) de un mocoso o mocosa de regordetes y rosados mofletes, con cabello negro y ojos marrones, con rollitos a lo largo de su pequeño cuerpo como si de un Shar Pei se tratara, vamos, adorable en todo sentido, adorable mientras duerme, adorable cuando sonríe, adorable mientras se alimenta, adorable cuando intenta hablar…. Adorable menos cuando llora, mucho menos cuando hay que cambiarle el pañal y ya ni hablemos de cuando crece, camine y destroce las cosas, haga berrinches gratuitos en público, no quiera ir al colegio, no arregle su desorden, no obedezca una orden y tantísimas situaciones más que veo en la gente que tiene hijos y que me hacen cerrar el ojo izquierdo de puro nerviosismo.

Hay también la mala costumbre de creer que un hijo deberá hacerse cargo de los padres cuando estos ya no puedan hacerlo por su cuenta. Pues bien, si llego a tener descendencia, los libro de toda responsabilidad futura hacia mí o su progenitor (si es que hubiese) al momento de nuestra vejez, les doy luz verde para que nos depositen en un asilo, siempre y cuando no sea uno deprimente, aunque tal vez esté tan ida para ese entonces que ni me enteraré. De todos modos, lo escrito acá es casi casi un compromiso con los hipotéticos. Mándenme de paseo y ya.

Las versiones idílicas quedan de lado cuando es una la que tiene que vivir las experiencias desconocidas.



martes, 16 de junio de 2015

Para ti....

Y ya recuerdo porqué me siento triste.

Jamás olvidaré cuando la vida abandonó sus ojos, para convertir ese marrón brillante en un abismal color negro que ya nunca cambió, jamás me perdonaré la pasividad que iba mano a mano con mi desesperación, jamás....

Es una historia que evidencia el rasgo más determinante de mi personalidad, no actuar es mi marca registrada y sólo depende de mi cambiarla. Así me gane la desidia a veces, no permitiré que las cosas lleguen a ser irreversibles para lamentarme el resto de mi vida. Se lo debo.



martes, 9 de junio de 2015

In....

Veo las infinitas barbaridades de las que son capaces algunos seres humanos y me lleno de desánimo, frustración, desesperación y una ganas inmensas de querer ser lo que no soy ni seré.

¡Qué ganas tremendas de ser omnipotente y darles un poco de mi justicia a infelices que abundan y que hacen noticia por las atrocidades que cometen!

¡Qué ganas de devolverles a estos miserables el trato salvaje que le dan a seres indefensos!

Intolerable compartir oxígeno con miserables que merecen ser torturados a perpetuidad.

lunes, 1 de junio de 2015

Existiendo

Se piensa que tanto la vida como la muerte son irreversibles, cuando lo evidente y lo real es que sólo la muerte es irreversible, no deja lugar a duda ni reclamo, es la vencedora eterna…. La vida se evita por tu voluntad, por la voluntad de otros, por lo que podrían llamarse “agentes externos”, por efectos colaterales y por el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan.

Cuando alguien cercano se va, me pasa que no soy totalmente consciente de la realidad, claro que estoy triste, claro que derramo lágrimas, claro que necesito consuelo, pero algo hay que no termino de convencerme sobre la nueva ausencia…. No es la típica escena en la que esperas que esa persona entre por la puerta y haga lo que tenía acostumbrado hacer, no.

¿Cuándo me hago a la idea? Yo funciono así: tengo un recuerdo muy íntimo y rebuscado con cada una de las personas que conforman mi entorno cercano, una situación sucedida a través de los años, pero que no forma parte de mi lado consciente, hasta que algún@ de ell@s muere. Es ahí que mi cerebro trae al presente ese recuerdo escondido y, de golpe, asumo que nunca más volveré a tener a esa persona a mi lado, así su presencia haya sido intermitente o constante. Es un momento devastador, es un dolor inubicable, es el vacío que no te deja.

Esta vez pasaron cinco días para que mi consciencia sea total: fue ayer mientras trataba de dormir que recordé la escena final de una película reproducida en VHS y la risa lejana de aquel que ya no está, demostrando que le había gustado. Un simple signo de conformidad, una cosa de lo más común y que se ve casi todo los días, lo que forma parte de tu cotidianidad….Y eso fue lo que tendré para siempre conmigo, lo que me unirá a él hasta que sea mi turno.

viernes, 8 de mayo de 2015

Lomo grueso

Me dirigía a una librería del Fondo de Cultura Económica buscando la última edición de Summerhill, mientras mis audífonos reproducían O zittre nicht, mein lieber Sohn. Me detuve un momento en la entrada y me di cuenta de lo peculiar de la escena…. ¿qué pasó conmigo?


Qué feliz era cuando iba por mi cuenta al Centro de Lima a gastarme mis míseras monedas en libros piratas y de segunda, siguiendo el consejo de mi padre al revisar que estén todas las hojas, cuidando que no haya una polilla invasora, cerciorándome que ninguna marca del dueño anterior esté presente y evitar remordimientos. Me emociono cuando recuerdo el día que salí de Quilca con una edición pirata de Harry Potter y la Orden del Fénix, leyéndome 100 páginas de tirón mientras cruzaba la Plaza San Martín, no podía con las ganas de saber más y más; claro que recibí varios bocinazos de conductores impacientes, pero nada me importó…. Algo parecido me sucedió con mi Lolita de segunda mano, pasta dura además, que me hizo llorar de angustia tumbada en el mueble de mi sala y que me duró un par de horas porque ya la había avanzado mientras regresaba a casa…. Narraciones Extraordinarias, Lo bello y lo triste, Las flores del mal, Ensayo sobre la ceguera y otros tantos más fui adquiriendo siempre al margen de lo que se considera legal o aceptado por la entidad tributaria chupasangre de rigor. Qué feliz era.


Comencé a trabajar y a recibir la remuneración respectiva, lo que trajo algo parecido a la conciencia, ya no me sentía tan bien al comprar libros piratas, estando el mundo editorial en plena crisis, fue así que con el dolor de mi corazón y de mi bolsillo, empecé a comprar sólo libros originales…. ¿Qué significó ese cambio? Pues que mis compras literarias disminuyeron ostensiblemente y me tuve que conformar con lo que encontrara en internet (si tenía suerte), las ferias de libros (cada vez menos baratas) y las ofertas que sacaban muy de vez en cuando las librerías.

Si bien el panorama se muestra medio desalentador, me animo al pensar que situaciones como la que mencioné al principio hacen la diferencia y mi idilio con los libros continuará por mucho tiempo…. Como cuando pagué más de la cuenta por un libro de cuentos, sólo porque era traducción de Cortázar y prólogo de Vargas Llosa.

jueves, 30 de abril de 2015

Pensamientos de transporte público

Sigo en la misma base desde hace nueve años y francamente no veo la hora de abandonarla y así evitar tener algo en común con gente que podría considerarse dentro de mi generación.

La cosa es bastante simple, NO TOLERO a la gente de veinticuatro años para abajo, no me gusta su look, sus tonos de voz, sus temas de conversación, sus gustos musicales, sus opciones académicas, su filosofía de “tomo la calle por cualquier motivo”, su pose contestataria, su vida ventilada al 90% en distintas redes sociales, la literatura dirigida a ell@s, entre tantísimas otras cosas que me enervan a niveles estratosféricos. Estando el asunto así, para mí, compartir la base es inadmisible y no veo el momento de llegar a los treinta y zafarme por completo de ese oprobioso vínculo.

Claro que la gente de veinte a veinticuatro años tiene mucho en común con jóvenes de entre diecisiete y diecinueve, pero a los últimos los salva tener al número 1 por delante y así se justifica tanta imbecilidad junta, tanta adicción a una cosa intragable llamada DOTA, tanto gesto que provoca lanzar patadas a diestra y siniestra…. Es un poco difícil evitar la ofuscación.

No creo haberme vuelto irascible por la edad, o en todo caso, no por mi edad. Son ell@s los responsables de enervarme y puede que suene anciana si lo digo, pero ahí va: en mi Horizonte Veinteañero Temprano (HVt) nosotr@s no éramos tan estúpidos, nuestra música era menos peor (tampoco voy a mentir, todo lo bueno murió en los 90’s) y los apasionamientos nos duraban y nos duran mucho más. Ya en mi Horizonte Veinteañero Tardío (HVT) es imposible ver a los que ahora ocupan el rango HVt y no sentir una profunda desesperación por lo que le deparará a los que vienen detrás de ell@s, lo peor es que l@s del HVt no se dan cuenta y de verdad piensan que el futuro será mucho mejor gracias a su generación.

Soy más realista y cínica, si es que lo prefieren así, al declarar sin ningún empacho que nosotr@s, l@s del HVT, somos individualistas y así hemos aprendido a pasarla mejor.



Otrosí adjunto: Lo que necesito con suma urgencia....

miércoles, 22 de abril de 2015

¿Qué será de tu vida, Salvajito?

Ya han transcurrido varios meses y lo más seguro es que no volveré a verte. 

Recuerdo nuestros inicios tímidos, tratando de evitar los sobresaltos que hicieran que alguno de nosotros huyera despavorido y no supiéramos del otro en días. Claro que había motivos para desconfiar, nuestro largo y oscuro historial nos ponía en alerta y actuábamos con cautela…. En retrospectiva, lamento no haberme decidido antes, que no te hayas decidido antes, perdimos tiempo precioso que pudo ser disfrutado, totalmente alejados de la realidad.

Pero lo que yo asumí como tu lado considerado (que muchos dudan que hayas tenido alguna vez) hizo posible que, a pesar de tu ausencia, sigas presente. Ahí están las fotos, ahí están los hermanos menores y, sobre todo, las cicatrices.

Ya he decidido la versión oficial de tu desaparición: impulsado por lo que llamamos instinto, fuiste en busca de la aventura, algo propio en ti, lo que hacía imposible que permanezcas en un solo lado. Estoy segura que en cualquier momento llegarán a mis oídos las historias de tus correrías.




viernes, 10 de abril de 2015

Tres

Hace algunos años, vivía una vida que no parecía la mía, pasaba de sobresalto en sobresalto y no hacía nada para evitarlos y hasta parecía que los buscaba o provocaba. Cuando no había posibilidad de sobresaltos, mi vida volvía a ser la mía y regresaban el aburrimiento, la monotonía y, claro que sí, la tranquilidad.

Llegado a ese punto, no me encontraba en la capacidad de decidir si me gustaba más la vida que no era mía o mi vida propia, con una llegué a sentirme realmente viva, con la otra sentía que me movía por mera inercia; con una me provocaban chispazos de inspiración y me lanzaba a escribir sobre mil cosas, con la otra tenía largos ratos de silencio; con una me di cuenta que podía ser más de lo que quería, con la otra me inventaba miles de barreras para permanecer donde estaba.

Cualquiera diría que si se tratara de escoger, elija a la vida que no era mía y continuara adelante…. Faltaba decir que parte de la vida que no era mía me trajo algo parecido al dolor, un fuerte cuestionamiento sobre el dejarte llevar por lo que quieres sin pensar en las consecuencias. Mi lealtad fue severamente discutida y casi fui condenada al abandono. Obviamente no quiero volver a una situación parecida. Pero la vida que no era mía utilizó muy bien sus armas, supo convencerme y pasado un corto tiempo (de penitencia, tal vez) volví a lo mismo.

Sentirse viva está bien, muy bien, pero si está bien ¿por qué tienes esa sensación de estar debiéndole algo a alguien? Y para mala suerte tuya, no sabes lo que debes ni a quien, ¿será ese rollo de que si algo bueno te pasa pronto algo malo te sucederá? ¿por qué no puedes sentirte bien y punto? ¿por qué no sentirte merecedora de cosas buenas? Definitivamente no tengo mucha confianza en la humanidad, pero de ahí a creer que todos debemos cargar con un estigma desde el nacimiento es un poco abusivo.

Finalmente mi naturaleza titubeante me pasó factura y no decidí a tiempo, nunca me lancé de cabeza al incierto futuro, no arriesgué, me quedé estática y me quedé con mi vida….

Y aunque parezca ser la persona que no aprende la lección, esta la tengo bien estudiada. Es momento de demostrarlo.

lunes, 30 de marzo de 2015

No hay ovejas para contar....

Si la falta de sueño fuera una cuestión de conciencia sucia, el 90% de la población mundial padecería de insomnio.

Puede ser medianoche, dos de la mañana, tres y quince de la mañana, cinco y doce de la mañana; puede ser un suspiro de mi perra, el salto de un gato techero, el rechinar de una puerta, las cañerías funcionando; puede ser lo que me espera al día siguiente, el dolor de cuello casi crónico, la canción que se me pegó en el día, puede ser el calor, puede ser el frío…. Y, claro está, la conciencia.


La verdad es que siempre he tenido el sueño ligero y hasta un olor me puede despertar, sufro para encontrar la postura que me hará dormir durante toda la noche, doy miles de vueltas hasta terminar con la sábana enroscada a mi cuello y ni la música clásica me garantiza el relajo total de mi mente y la respectiva somnolencia. Trato de recordar si siempre fue así, pero mi memoria se ha ido de vacaciones indefinidas y no hay quien me pueda guiar. Mi mamá sólo recuerda mis dormidas de bebe y cuenta que la posición en la que me dejaba dormida era la misma que encontraba cuando me despertaba, mi papá asegura que he dormido totalmente boca abajo y que no presentaba ni un solo problema para respirar, mis hermanas se han quejado diciendo que hago mucha bulla cuando hablo dormida. No hay consenso.


Y luego están las veces que he dormido fuera de casa, claro que si es la noche entera, se deberá más que nada a una borrachera épica de las que ya no tengo, reuniones familiares que abundan y ahí termina la lista. Son noches con los ojos bien abiertos, donde siento que el absoluto silencio hace tal presión que me reventará los tímpanos. En mi cuarto, con una ventana permanentemente abierta, oigo pasar a los carros y la conversación de la esquina, ya estoy acostumbrada a la bulla.

No puedo continuar así, me pierdo de mucho por no poder dormir. Me pierdo de hacer posible lo imposible, así sea en sueños.




sábado, 21 de marzo de 2015

Llueve y ya está mojado....

Tu vida puede estar pasando por momentos angustiantes, tensos y llenos de incertidumbre.... 

Pero no hay nada mejor que la lluvia de verano para que te des el lujo de relajarte por unos minutos y dejar que el agua corra por tu rostro. Así la gente te mire raro. Así la vida no te la haga fácil.




martes, 17 de marzo de 2015

Bebita

Esta es una historia triste, es la historia de Bebita.


Bebita era una linda perra juguetona y traviesa como muchos cachorros, fue la gran adquisición de una familia cuyo único objetivo era tener un perro de raza; no sopesaron las responsabilidades que conllevaban el agregar un miembro más a su hogar, simplemente querían un perro y cuanto más caro, mejor.



Pasaron las semanas y la nueva familia de Bebita se fue dando cuenta que tener un perro no es tan fácil y bonito como lo pintan, que requería muchos cuidados, necesitaba a alguien que pudiera educarla sobre lo que podía y no debía hacer, que la sacaran a ciertas horas del día a hacer sus necesidades, no entendían que los destrozos de Bebita se debían a que era una cachorra muy activa y necesitaba descargar su energía. Nadie tenía tiempo para ella. Bebita fue pronto declarada intratable y la familia buscó desembarazarse de ella.



Llegó la noticia a oídos de un miembro de mi familia, el cual decidió acoger a Bebita porque le pareció (otra vez) una perra muy linda y muy de raza. Fue así como Bebita llegó a su segunda y definitiva familia, con muchos abrazos y besitos de parte de sus nuevos “hermanos” y “papás”; pasó el tiempo y, si bien Bebita seguía destruyendo cosas, esta nueva familia era más tolerante y le dedicaban algo más de tiempo. Sin embargo llegó un día en que todo cambió para Bebita y fue cayendo en un espiral de abuso, maltrato y desinterés final que resultó fatal para ella.



Resulta que al ser de raza, Bebita fue objeto de muchos comentarios de parte de los allegados a su nueva familia, tanto así que el nuevo “papá” de Bebita fue fácilmente convencido de que podía sacar provecho de su mascota si la apareaba con otro perro de su raza y vendía sus cachorros a un precio bastante interesante. De la noche a la mañana, Bebita dejó de ser un miembro de la familia y pasó a convertirse en un ingreso económico más. Utilizada.



Las noches en la cama de sus “hermanos” pasaron al olvido, en cambio pasaba gran parte del día encerrada en un corral improvisado que construyeron para ella, lugar bastante estrecho en el cual crió a sus cinco primeros cachorros…. Luego vinieron cuatro, después cinco y, por último, una camada final de tres cachorros, todos nacidos por cesárea ya que Bebita no tenía la fuerza suficiente para ayudar a sus cachorros a salir por su cuenta. Cuatro operaciones a las cuales fue sometida Bebita en aras del nuevo negocio de su ex papá, ahora dueño.



Todo eso para un animal que apenas llegaba a los seis años, todo eso para un animal que inició su vida en medio de mimos y engreimientos, que tuvo la mala suerte de hartar a su primera e irresponsable familia, que no pudo hacer nada para no nacer “de raza” y así evitar que su segunda familia la explotara.



Bebita terminó sus días en un corral pequeño y maloliente sin haber visto la luz natural en mucho tiempo, rodeada de mugre y con compañeras de celda que cayeron en las manos del criador de perros en el cual se había convertido su ex papá. Nunca más hubo palabras de cariño, no volvieron a acariciarla detrás de la oreja. Su trágico final (tal vez esperado con ansias de parte de Bebita) llegó un día en el cual, como ya era costumbre, le lanzaron un par de pescuezos de pollo crudo para que se alimente. Bebita se lanzó sobre ellos desesperada, pues sabía que esa iba a ser su única ración en todo el día, con el resultado de un atascamiento en su garganta que poco a poco fue dejándola sin oxígeno en sus pulmones; al estar encerrada, su dueño no se dio cuenta de su estado y no pudo auxiliarla a tiempo. Bebita fue encontrada muerta dos días después, rodeada de sus miserias y unos cuantos pescuezos descompuestos que nunca fueron olfateados por ella.



Me hubiera gustado decir que la historia de Bebita sirvió de escarmiento para que el responsable de ella se diera cuenta del daño que le causó, que desistiera del negocio y le diera calidad de vida a las 14 perras restantes que tenía repartidas en sus improvisados corrales, que recordara como fueron los inicios de Bebita en su familia, como llegaron a tratarla con cariño, como la convirtieron en una hija más. Pero no fue así.



También me hubiera gustado decir que no fui una muda testigo de todo lo que le pasó a Bebita, me hubiera gustado decir que al ver semejante abuso, defendí la integridad de Bebita e hice esfuerzos por evitar su sufrimiento. En lugar de eso, fui una cómplice más al no decirle al dueño de Bebita que dejara de utilizarla como mercadería. Nunca me atreví.


La historia de Bebita es una realidad que se repite constantemente y pareciera no tener fin. Admito con mucha vergüenza que soy incapaz de entrar en acción y hacer lo posible por cambiar esta realidad. Sirva lo escrito para que llegue a los ojos de alguien mejor que yo y pueda hacer la diferencia.

jueves, 12 de marzo de 2015

Delirios a mano


Las palabras permiten que algunos iluminados escriban maravillas, esas maravillas llegan a los demás mortales y somos un poco partícipes de la genialidad de estos iluminados, algunos advenedizos incluso empezamos a escribir, tal vez aspirando a inmortalizarnos como los iluminados hace tiempo están, tratando que de nuestras mentes salgan las maravillas, que seamos los nuevos iluminados y el ciclo continúe por los siglos de los siglos.

Pero como en todo, alguno de estos advenedizos no se conformarán con intentar escribir maravillas y, con una corriente facilidad, se mandarán con ficciones insulsas que estimulan poco o nada a la imaginación, que salen una tras otra con la única finalidad de volverse best sellers, una que otra adaptación al cine y el posterior olvido del cual NUNCA saldrán. Veo que el asunto de publicar sagas literarias se está volviendo moneda corriente.

Como much@s, he tenido y tengo sueños de grandeza, todos en el ámbito literario, ser reconocida mundialmente como una (no tan) joven promesa que se va abriendo campo y haciendo un nombre de grata recordación para todos los críticos, más adelante como la que dejó de ser la (no tan) joven promesa para convertirse en una deslumbrante realidad y finalmente pasar al selecto grupo de iluminados y que todo lo que salga de mi cerebro sea maravilla pura. Nunca aspiré al Nobel porque soy una firme convencida que ese tipo de reconocimientos relajan un poco a los iluminados, haciéndoles creer que suficientes maravillas han salido de sus mentes…. Es lo que diré, en son de broma, en mi discurso de aceptación del Nobel de Literatura.

Sin orden en mis ideas, regreso nuevamente al grupo de advenedizos que publican sagas mediocres. Y sin ningún rastro de vergüenza admito que lo único que envidio de ellos es la billetera que empieza a engordar conforme publican más libros. Claro que sí.