Lesson one
Si habláramos de personas intachables, ¿podríamos mencionar
a una?
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sucumbido a
lo socialmente reprobable, si se ha superado y olvidado, igual esa “mancha” nos
acompañará el resto de la vida, peor aún si ha sido de conocimiento público,
puesto que no faltará alguien, generalmente malintencionado, que nos lo haga
recordar de tanto en tanto.
Esto abarca a la población mundial, NADIE se salva de ello y
los que logran mantener oculto su más oscuro secreto, viven atormentados por el
momento del desenlace final. Suele pasar que ese desenlace llega más temprano
que tarde y, pasado un tiempo prudencial, todo pareciera superarse.
Siempre nos hacemos un autoexamen, más o menos honesto,
sobre lo que está bien y mal en nuestra vida, reconocemos nuestros fallos y
tenemos medianamente claro lo que debemos hacer para ir por el camino correcto.
De pronto y sin venir a cuento, viene un tercero a darte muestras de altitud
moral y hacerte saber que jamás saldrás adelante.
La reacción de uno ante ello siempre dependerá de la persona
aleccionadora, la que en la mayoría de casos tiene una coraza de político única
que le impide ver la incoherencia entre su discurso y su estilo de vida. Para
eso, necesitas estilo.
¿Qué hacer? Personalmente, mi primera reacción siempre será
la de no responder, que la persona en cuestión lo tome como asentimiento o
cobardía, es su rollo. Pero luego entra a tallar mi lado malicioso, que sí lo
tengo, empezando a elucubrar mil y un fantasías que casi nunca realizaré, permitiendo
a mi mente regodearse en ellas, poco a poco me voy calmando.
Pretender dar el ejemplo en algo, puede resultar un arma de
doble filo, no digo que no se aconseje o recomiende, pero si no diferencias el
consejo indulgente de la moralina manifiesta, puedes terminar expuesto en tus
propias miserias.
Todos tenemos nuestro dirty little secret….

