miércoles, 25 de julio de 2012

Pequeñas iras

UNO Voy a comprar, paso por una vereda infestada de ambulantes: frutas, verduras, pollos, pescado y artículos de "segunda mano" (robados, claro está). Todo junto en un espacio público de alta circulación, la mayoría de personas está acostumbrada a ellos, les compran además con ese bendito cuento de "es que está más cerca que el mercado....". O sea, al carajo el orden, la limpieza, el ornato y no sé que mas. Un suplicio total mi tránsito por esa vereda ancha. ¿Mi mayor anhelo? ¿Mi fantasía? Siempre que ando por ahí, se me viene a la mente un pasaje de la vida de Cristo que me llamó mucho la atención desde la primera vez que lo leí, aquel donde agarra a chicotazos a unos mercaderes que hacían negocio en el templo. Dos tipos de justicia en un solo acto: la divina y la hecha con mano propia. Me atrae más la segunda.

DOS Sólo para mencionar una de las tantas que me provoca el tema del transporte público. Subo al carro y  busco un asiento, dispuesta a tener un viaje tranquilo (¡Ja!) pero inevitablemente algo lo perturba y en esta ocasión es el conocido "pashaje, pashajeee". Obvio, hay que pagar, entonces ¿cuál es el problema? el detestable interrogatorio: ¿cuántos? (estoy en un asiento para dos personas, sola) una ¿dónde? (¡¡¡a ti que te importaaaa!!!) a la Arequipa ¿qué parte? (por la csm....) San Isidro ¿dónde subió? (¿acabo de subir y no lo recuerda?) en Caquetá. Por fin se acabaron las preguntas, me da mi vuelto y me entrega el boleto, roto casi por la mitad. Al parecer es un sistema empleado por todos los cobradores cuando les pagan menos de lo que ellos creen que debe ser.

TRES Mi deporte favorito es el fútbol, por eso ya pronto me diagnosticarán algún mal hepático. Parafraseando a la primera dama ¿tan difícil es jugar bien? Ciertamente no todos tienen el talento, pero fallar en cosas tan elementales como parar una pelota, no dar pase al jugador rival o correr ¡correr nada más! para que la pelota no salga de la cancha y así evitar un lateral que malgasta el tiempo es realmente enervante. Todas las transmisiones de los partidos de mis equipos (porque sigo a más de uno) vienen acompañados de mi mejor colección de "malas palabras" que escandalizarían hasta al más bocasucia. Ya ni hablar de los árbitros y menos de los sabios comentaristas de televisión.

CUATRO Probablemente el más soft de la lista. Entro a la cocina y veo los servicios sucios, ni modo, hay que lavarlos, empiezo a remangarme para empezar con la labor y la voz de mi mamá viene de alguna parte de la casa para decirme: ponte a lavar los servicios ahora. Y solo atino a decir en mi mente ¡Ya lo iba a hacer!




miércoles, 11 de julio de 2012

Café Marciano

El café estimula, el café relaja, el café desinhibe, el café desbarata. En resumen, el café es lo máximo. Debo aclarar que lo dicho línea arriba es todo lo que este líquido provoca, pero en mi. Mucha razón tenía mi madre cuando me decía (por cierto, siempre he querido utilizar esa frase pero nunca tuve ocasión) que no tomara café. Claro, eso de cuando era niña y obvio, para atajar un peligro latente: ya de nacimiento nomás, era yo una niña bastante inquieta y medio loca.

Pero crecí, y si bien ya no soy tan inquieta, sigo siendo medio loca. El café sin embargo ha sabido mostrarme un lado lúcido que no me conocía, me pone a pensar y pensar me hace llegar a conclusiones que suelo compartir durante algunas conversaciones.

Han sido, si no me equivoco, tres martes consecutivos en los que he podido juntar estos dos elementos: café y conversación. La compañía era  agradable y hablé bastante, cosa rara puesto que soy más de observar y escuchar, por eso el café (en mi caso) debe ser casi siempre en solitario. No me malinterpreten, estas conversaciones fueron muy interesantes y me sirvieron para sacar algunas conclusiones importantes, pero nada me garantiza que imperará la ecuanimidad. Así que, si no quiero convertirme en una chica descontrolada que anda soltando sandeces, debo moderarme.


Volviendo a los martes, las conversaciones se basaron en mí (¡ye!) y mi afición extrema por complicar las cosas al extremo. Con mucha paciencia y bastante empatía por parte de mi interlocutora, pude desatar muchos nudos mentales y emocionales que tenía hasta esos días, una terapia gratis (porque sólo me costó lo que cuestan tres capuchinos) que me permitió aclarar mi atolondrada cabeza, tarea monumental que muy pocos se atreven asumir. No quiero dármelas de persona complicada, eso está muy de moda, pero de que tengo mis cosas, las tengo. Mi amiga supo entenderme a la perfección y no fue necesario recurrir al diván para lograrlo.

Y llegado el momento de la reflexión les invito a disfrutar del café, tiene muchos beneficios para la salud que no los enumero ahora por pura flojera. Pero lo más importante es buscar un ambiente adecuado que maximice las buenas sensaciones que este líquido provoca.

lunes, 2 de julio de 2012

Buscaminas

La mañana estuvo tranquila, hasta medio buena porque tuve una de esas conversaciones que siempre te levantan la moral. No porque me lanzaran flores, sólo fue una prueba de la confianza que todavía me tienen algunas personas, buenas amistades.

Por la tarde ya tuve que cumplir con la pesada obligación del trabajo, sin embargo el optimismo me acompañaba todavía, tonta yo que no avisoraba lo que iba a venir.... Lista para salir, llave a la puerta y hacia el paradero. Y en esas andaba cuando veo al ÚNICO carro que me llevaba a mi destino, como ya estaba con la hora justa tuve que correr larguísimas dos cuadras para poder alcanzarlo, lo logré, con náuseas y unos cuantos desgarros musculares conseguí subir, Estaba exultante, eufórica, definitivamente ese era mi día.

Como costumbre, siempre busco sentarme al fondo y pegada a la ventana, acentuando en todo mi tendencia a la soledad. El carro estaba casi vacío así que no tuve problemas, ubiqué un espacio libre en esos asientos para dos personas y Amy, junto con sus lágrimas que se secan solas, me acompañaron. Tranquila, casi contenta, casi nada podía turbar mi estado contemplativo, tampoco es que la vista en esa parte de Lima fuera un encanto total, pero le he encontrado el gusto.

En esas andaba cuando el carro empezó a llenarse, ni modo, así es el transporte público, qué se le hace. Pero lo que no esperaba era verme convertida en una mina a punto de estallar porque un clic-divino-superior lo dispuso así....



Los que me conocen saben de mi intolerancia a muchas situaciones, pero tres en particular me desesperan hasta hacerme sudar frío. Y sí, esas tres me acorralaron en una macabra recreación de ese jueguito clásico que nunca pude dominar. En este orden: un señor sentado delante mio comiendo unos nutritivos plátanos de la isla (los naranjitas que comen también los bebes) que, una vez terminados, no encontró mejor solución al problema de las cáscaras que botarlas por la ventana sin el menor empacho, de eso ya se encargaría quien deba de encargarse; a su lado una joven madre de familia con una niña encantadora que de arranque estuvo demostrando lo saludables que eran sus pulmones, ante esto, la joven madre de familia no tuvo mejor idea que demostrarnos a todos en el carro que ella también poseía unos pulmones bien fuertes incluso para opacar a su pequeña, el resultado fue que ni la presencia de la gran Amy  en mi mp3 pudo con aquel concierto de estridentes voces; y a mi lado derecho una señora cargada de  cinco mil paquetes que, en un alegre y constante balanceo, amenazaban con caerme todos encima, cabe anotar que esta señora también se alimentaba con la siempre rica mandarina, aunque tuvo el mal gusto de guardar la cáscara en una bolsa que llevaba.

En resumen, dos personas comiendo dos de las más olorosas frutas en un ambiente cerrado y cargado, una madre con su niña con la mejor de las actitudes y yo, sudando frío, con el ojo izquierdo latiéndome a mil y con más de la mitad de camino por recorrer. No, no exploté, estuve quieta y muda en mi asiento esperando llegar a mi destino, mirando afanosamente hacia la ventana buscando un escape inexistente a mi angustiante situación. Y llegué.

¿Cuál fue mi recompensa? El trabajo que, como todo buen trabajo, está libre de estrés y siempre lleno de armonía y felicidad. Ahora viene una sonrisa sarcástica y algo amarga.