Desearía perder lo que ya dejó de ser “pancita” y ahora
impide verme los pies.
Desearía tocar la guitarra y acompañar mis silencios con
melodías improvisadas.
Desearía saber bailar, perderme en la música y olvidarme del
entorno juzgador.
Desearía no depender tanto de la tecnología y volver a la
inocencia pre-smart.
Desearía fuerza de voluntad para terminar lo empezado y no
abandonarlo a medio camino.
Desearía que el fútbol me traiga siempre satisfacciones,
nunca tragos amargos.
Desearía que las réplicas fulminantes se me ocurran en el
momento oportuno y no cuando la discusión ya terminó en insatisfactorio empate.
Desearía ir a un meet
& greet de mi banda favorita y contemplar de cerca a la diosa Manson.
Desearía adquirir una férula para aminorar el bruxismo y no
amanecer adolorida.
Desearía que la Coca Cola no hubiera cambiado su
presentación de 500 ml. a 400 ml. y sin bajar el precio.
Desearía que el clima se pudiera manejar a voluntad, sin que
invierno signifique depresión y verano alegría.
Desearía que no existiera la versión infantil de Sheldon
Cooper, descuidando la ya diferente, pero aun entretenida, TBBT.
Desearía que otras manos desataran nudos y desabrocharan
botones, es muy aburrido desvestirse sola.
Desearía que la gente entienda que imponer creencias
religiosas equivale a irse al infierno.
Desearía no demorarme cinco minutos para animarme a abrir la
llave de la ducha, así no llegaría tarde al trabajo.
Desearía, por una noche, convertirme en una nueva versión del
vengador anónimo y encargarme de una veintena de personas sin las que el mundo
estaría definitivamente mejor.
Desearía que mis compañer@s de cuatro patas fueran eternos.
Desearía que nunca me falte el café.
Desearía definirme en una palabra.