martes, 26 de septiembre de 2017

Si de deseos se tratara....

Desearía perder lo que ya dejó de ser “pancita” y ahora impide verme los pies.
Desearía tocar la guitarra y acompañar mis silencios con melodías improvisadas.
Desearía saber bailar, perderme en la música y olvidarme del entorno juzgador.
Desearía no depender tanto de la tecnología y volver a la inocencia pre-smart.
Desearía fuerza de voluntad para terminar lo empezado y no abandonarlo a medio camino.
Desearía que el fútbol me traiga siempre satisfacciones, nunca tragos amargos.
Desearía que las réplicas fulminantes se me ocurran en el momento oportuno y no cuando la discusión ya terminó en insatisfactorio empate.
Desearía ir a un meet & greet de mi banda favorita y contemplar de cerca a la diosa Manson.
Desearía adquirir una férula para aminorar el bruxismo y no amanecer adolorida.
Desearía que la Coca Cola no hubiera cambiado su presentación de 500 ml. a 400 ml. y sin bajar el precio.
Desearía que el clima se pudiera manejar a voluntad, sin que invierno signifique depresión y verano alegría.
Desearía que no existiera la versión infantil de Sheldon Cooper, descuidando la ya diferente, pero aun entretenida, TBBT.
Desearía que otras manos desataran nudos y desabrocharan botones, es muy aburrido desvestirse sola.
Desearía que la gente entienda que imponer creencias religiosas equivale a irse al infierno.
Desearía no demorarme cinco minutos para animarme a abrir la llave de la ducha, así no llegaría tarde al trabajo.
Desearía, por una noche, convertirme en una nueva versión del vengador anónimo y encargarme de una veintena de personas sin las que el mundo estaría definitivamente mejor.
Desearía que mis compañer@s de cuatro patas fueran eternos.
Desearía que nunca me falte el café.

Desearía definirme en una palabra.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Garbage's Lessons (5)

Lesson five

Fue una de esas decisiones apresuradas que se toman de cuando en cuando, con resultados diversos que no suelen influir al momento de verte envuelta en otro impulso igual de alocado.

En muchas oportunidades he manifestado indiferencia y a veces hasta rechazo a viajar. Movilizarme de una ciudad a otra por ocio o trabajo no es de mi agrado y no necesito de buenas o malas experiencias para saber que esa actividad no es para mí. Sin embargo, cierto lamentable suceso me “obligó” a tomar acciones rápidas e iniciar una travesía que no debía durar más de día y medio, pero que se prolongó hasta los cuatro más angustiosos, tristes y solitarios días de mi última década de vida.

Partí rumbo al sur por la noche, con el corazón encogido y con la expectativa de acompañar a una de las personas más importantes de mi vida en uno de sus momentos más difíciles. No hubo preparación, mi equipaje consistía en una Coca Cola helada y unas galletas que no toqué hasta después de 20 horas, más por un tema de querer librarme del bulto que por hambre. Mi poco conocimiento sobre climas más mi apuro, hizo que la vestimenta cubriera lo básico para sobrevivir a una temperatura promedio en el invierno limeño.

Ya instalada en el asiento 23, al lado de la ventana, empecé a hacer un recuento del alborotado día que tuve, la incómoda conversación con el jefe para explicarle el permiso que solicitaba, la angustia de movilizarme en el tránsito capitalino (primero en auto, luego a pie), la alistada en tiempo récord, las miradas contrariadas de Buba, Fendi, Michi y Engendrito que no entendían que no les diera su vueltita y me fuera sin más, la amena conversación que tuve con el taxista que me llevó al terminal y la despedida con mi madre y tía que hicieron todo el asunto muy ceremonioso y algo dramático.

Lo que menos esperaba de este viaje era una lección. La obviedad del asunto, siendo la muerte de esos absolutos que no dan lugar a réplica, me había preparado para entender que tenemos un tiempo limitado y debemos aprovecharlo al máximo; pero este viaje me llevó más allá de lo geográfico y me hizo reflexionar sobre lo que estaba haciendo conmigo y mi tiempo en este mundo, la huella que dejaría si me fuera mañana, los logros obtenidos, la felicidad experimentada, las abundantes frustraciones, los eternos pendientes, los clásicos imposibles…. ¡Hay tanto por hacer!

So you're not gonna crack, no you're never gonna crack


A que no se ve linda con colitas, gorra y mandándote a la mierda en el 02:38 :)