lunes, 22 de junio de 2015

¡Mamita!


Los que me conocen saben a la perfección que mi nivel de tolerancia hacia los menores de 14 años es de un 0.25% ¿Y quiénes representan ese ínfimo porcentaje? Los mocosos que integran mi familia (solo los que conozco) y l@s hij@s de las amigas de casi toda la vida. Y mi presencia en sus vidas es bien espaciada…. Contentos ambos lados.

Pero prácticamente de la nada me ha entrado la curiosidad por saber cómo cambiaría mi vida si fuera madre, si fuera la flamante propietaria (es que claro, sería absolutamente mí@) de un mocoso o mocosa de regordetes y rosados mofletes, con cabello negro y ojos marrones, con rollitos a lo largo de su pequeño cuerpo como si de un Shar Pei se tratara, vamos, adorable en todo sentido, adorable mientras duerme, adorable cuando sonríe, adorable mientras se alimenta, adorable cuando intenta hablar…. Adorable menos cuando llora, mucho menos cuando hay que cambiarle el pañal y ya ni hablemos de cuando crece, camine y destroce las cosas, haga berrinches gratuitos en público, no quiera ir al colegio, no arregle su desorden, no obedezca una orden y tantísimas situaciones más que veo en la gente que tiene hijos y que me hacen cerrar el ojo izquierdo de puro nerviosismo.

Hay también la mala costumbre de creer que un hijo deberá hacerse cargo de los padres cuando estos ya no puedan hacerlo por su cuenta. Pues bien, si llego a tener descendencia, los libro de toda responsabilidad futura hacia mí o su progenitor (si es que hubiese) al momento de nuestra vejez, les doy luz verde para que nos depositen en un asilo, siempre y cuando no sea uno deprimente, aunque tal vez esté tan ida para ese entonces que ni me enteraré. De todos modos, lo escrito acá es casi casi un compromiso con los hipotéticos. Mándenme de paseo y ya.

Las versiones idílicas quedan de lado cuando es una la que tiene que vivir las experiencias desconocidas.



martes, 16 de junio de 2015

Para ti....

Y ya recuerdo porqué me siento triste.

Jamás olvidaré cuando la vida abandonó sus ojos, para convertir ese marrón brillante en un abismal color negro que ya nunca cambió, jamás me perdonaré la pasividad que iba mano a mano con mi desesperación, jamás....

Es una historia que evidencia el rasgo más determinante de mi personalidad, no actuar es mi marca registrada y sólo depende de mi cambiarla. Así me gane la desidia a veces, no permitiré que las cosas lleguen a ser irreversibles para lamentarme el resto de mi vida. Se lo debo.



martes, 9 de junio de 2015

In....

Veo las infinitas barbaridades de las que son capaces algunos seres humanos y me lleno de desánimo, frustración, desesperación y una ganas inmensas de querer ser lo que no soy ni seré.

¡Qué ganas tremendas de ser omnipotente y darles un poco de mi justicia a infelices que abundan y que hacen noticia por las atrocidades que cometen!

¡Qué ganas de devolverles a estos miserables el trato salvaje que le dan a seres indefensos!

Intolerable compartir oxígeno con miserables que merecen ser torturados a perpetuidad.

lunes, 1 de junio de 2015

Existiendo

Se piensa que tanto la vida como la muerte son irreversibles, cuando lo evidente y lo real es que sólo la muerte es irreversible, no deja lugar a duda ni reclamo, es la vencedora eterna…. La vida se evita por tu voluntad, por la voluntad de otros, por lo que podrían llamarse “agentes externos”, por efectos colaterales y por el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan.

Cuando alguien cercano se va, me pasa que no soy totalmente consciente de la realidad, claro que estoy triste, claro que derramo lágrimas, claro que necesito consuelo, pero algo hay que no termino de convencerme sobre la nueva ausencia…. No es la típica escena en la que esperas que esa persona entre por la puerta y haga lo que tenía acostumbrado hacer, no.

¿Cuándo me hago a la idea? Yo funciono así: tengo un recuerdo muy íntimo y rebuscado con cada una de las personas que conforman mi entorno cercano, una situación sucedida a través de los años, pero que no forma parte de mi lado consciente, hasta que algún@ de ell@s muere. Es ahí que mi cerebro trae al presente ese recuerdo escondido y, de golpe, asumo que nunca más volveré a tener a esa persona a mi lado, así su presencia haya sido intermitente o constante. Es un momento devastador, es un dolor inubicable, es el vacío que no te deja.

Esta vez pasaron cinco días para que mi consciencia sea total: fue ayer mientras trataba de dormir que recordé la escena final de una película reproducida en VHS y la risa lejana de aquel que ya no está, demostrando que le había gustado. Un simple signo de conformidad, una cosa de lo más común y que se ve casi todo los días, lo que forma parte de tu cotidianidad….Y eso fue lo que tendré para siempre conmigo, lo que me unirá a él hasta que sea mi turno.