martes, 11 de agosto de 2015

Despojada....

Estoy en un “tira y afloja” que resulta ser lo único constante de mi vida. De pronto sí quiero cumplir con lo que me propuse hace un buen tiempo para antes de los 30 años, los que se están acercando angustiantemente rápido. No me da ni un respiro.

Hace cuatro días tuve un golpe de inspiración y fui la orgullosa acreedora de una planta que, estaba segurísima, me acompañaría durante mucho tiempo y me diría todos los días que soy capaz de hacer hasta lo imposible. Claro que se trataba de una planta que no requiere de mucho mantenimiento, se podría decir que me la llevaba fácil, pero lo cierto es que era un ser vivo que dependería de mi memoria y de mi  cuando se nos ocurriera que, tal vez, necesitaba un poco de agua.

Hoy me di de lleno con la realidad (representada en la cada vez más insoportable compañera de trabajo) al ver que mi pequeño cactus se encontraba en un escritorio distinto al mío, quise creer que se trataba de un error, pero lo cierto es que argumentó su latrocinio diciendo que la idea había sido suya, que disponía de más espacio que yo para tenerlo y que igual estábamos todos en la misma oficina por lo que no había motivo para tanto drama.

Ante ese tipo de gente solo se puede reaccionar de manera violenta, pero como aquello no sería recomendable (por más que tu alma sienta una inmensa satisfacción) lo único que queda es encogerse de hombros en un intento de mal disimular tu indignación. Pero por dentro la ira va creciendo más y más, haciéndote recordar que ya son tres semanas sin Coca Cola, que tu equipo de fútbol perdió la punta y ya no depende de sí mismo para campeonar, que perdiste dinero intentando que la máquina de café te sirviera café, que la persona que estaba a tu lado en ese momento te dijo “ah verdad, la máquina está malograda” y que tu pequeño cactus, el cual creíste que te estaba ayudando a madurar, fue una razón más para que te dieras cuenta que estás lejos de lograrlo.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario