lunes, 26 de noviembre de 2012

Beso Fail

¿Qué fue de Rencito?

Estaba pensando en el día que lo conocí, o mejor dicho, en la noche que lo conocí. El Directorio es un sitio que siempre me ha gustado, el ambiente es distinto a otros bares y es la música coincide bastante con lo que me gusta, cosa bastante difícil de encontrar. Guardo muy buenos recuerdos del local.

Pero en esta ocasión me tocaba recordar un 14 de marzo (me encanta mi exactitud) en el que mis amigas y yo realizamos una "salida de chicas" poco usual en nosotras ya que somos bien complicadas para coincidir en los gustos de sitios nocturnos: Delilah le entra a todo tipo de baile, lo suyo es tonear; Maja (léase Maia) no se hace paltas con nada, en su propias palabras, es "acoplable" lo cual hace bastante exasperante el pedirle una opinión concreta; Joanne es un poco más complicada y parecida a mi, no suele gustarle la música fiestera, no suele ir a discotecas y sólo baila cuando está verdaderamente ebria. Viendo todo esto, salir juntas fue todo un acontecimiento.

Finalmente llegamos al bar y nos ubicamos en el siempre cómodo y limpio piso, era un poco tarde y si pedíamos una mesa se iban a reír en nuestras caras. Pero eso no nos desanimó, aquella noche los astros se habían alineado y nos encontrábamos con el mejor de los ánimos, listas a disfrutar de una de las últimas noches de aquel terrible verano.

Perdí la razón♫ y no sé porqué♪....

No, no pusieron esa canción, pero algo así me pasó. Escuché el intro de este temón y me desquicié por completo, sin darme cuenta estaba cantando (a gritos) en la cara de un chico que, para sorpresa mía,  no se espantó, todo lo contrario. Así fue que conocí a Rencito. Las amigas, bien chéveres como siempre, se fueron a un rincón y empezaron a mandarme miradas elocuentes que tenían un único propósito, que el y yo nos besáramos pero ¡ya!....

Delilah: Es recontra evidente que quiere contigo, apúrate! no pierdas tiempo!

Maja (léase Maia): Mira, si no es contigo va a ser con otra....

Joanne: ¿Se acabó mi trago? ¿ah? ¿el pata? sí, agárratelo ¿y mi trago?

Al parecer no tenía más alternativa que besarlo, entonces puse manos a la obra.... y salí corriendo. Me entró pánico y no atiné a otra cosa que ir nuevamente con mis amigas quienes me esperaban con la mejor de las actitudes....

Delilah: ¿Pero qué estás pensando? ¡Anda regresa que lo has dejado al pobre chico solo!

Maja (léase Maia): Si no lo besas de una vez te voy a pegar, corre!!!

Joanne: Oye, antes de ir a agarrártelo me traes un chilcano, ¿ok?

Sí, regresé. Bailamos un par de canciones y conversamos un poco más. Me dijo su nombre, lo que estudiaba y otras cosas más que no escuché porque me quedé mirándole a la cara, esperando que se callara y así poder lanzarme. Me pongo a pensar en la situación y lo más probable es que todo el rato haya estado con una cara de estúpida total. Bueno, también había tomado, así que ya tenía excusa. 

Por fin Rencito se calló, era el momento cumbre, el minuto decisivo, me tocaba a mi tomar la iniciativa. ¿Qué hice? Le dije que ya era tarde (tempranísimo, las 6 de la mañana), que mis amigas me estaban esperando afuera (a que yo te bese) y que ya me tenía que ir ( a encerrarme en mi cuarto y nunca más salir). Se acercó. Mi boca estaba seca, el corazón me latía salvajemente y por mi mente pasaron imágenes absurdas que de solo recordarlas me hacen sonrojar.

Le di un beso rápido en la mejilla y huí despavorida. Ya en la calle, de solo verme, mis amigas intuyeron la situación. Hasta ahora recuerdan la agradable velada con muchas carcajadas y escarnio hacia mi.





miércoles, 19 de septiembre de 2012

235496

Falta mucho, pero he pensado en mis "resoluciones para los treinta años".

No tengo mucha determinación y para no bajarme la moral he compuesto una pequeña lista de cosas no muy complicadas. De llegar a cumplirlas, haré una fiesta a la cual no asistiré porque estaré muy cansada de tantas cosas que habré hecho.

Tocar la guitarra que tengo botada en algún rincón de mi casa. En mi defensa puedo decir que me la regalaron con cierto defecto de fábrica que hace imposible su  afinación, que el profesor al que fui por un par de clases era la apatía en persona, que soy zurda y me complico un poco con la ubicación de las cuerdas y que mi pánico escénico es tan grande que me muero de vergüenza cuando toco algo, así sea yo la única presente.

Aprender todo sobre la auto-complacencia y practicarla con regularidad. Si soy incapaz de verme al espejo, pues el asunto del I touch myself me resulta todavía más complicado que lo que se considera normal; ya he recibido consejos bien intencionados e incluso se ofrecieron para unas clases en vivo, pero nada de eso ha funcionado. El problema no está en saber lo que hay que hacer si no en convencerme de que con eso las necesidades básicas estarán cubiertas. Sirve, pero no es lo mismo.

Caminar con tacos y no morir (o caer vergonzosamente) en el intento. Me gusta la libertad que ofrecen las zapatillas, si ocurre un desastre mundial tipo Día de la independencia o Armageddon lo mejor es que tenga puestas unas buenas Hi-Tec que me procuren una huida rápida y sin sobresaltos. Pero los tacos tienen un siniestro ascendiente en la mayoría de mujeres (y algunos hombres) que sin importar el dolor que puedan padecer sus pies, los usan de manera inmisericorde y cuanto más altos, mejor. Lo reconozco, me siento excluida, entonces debo entrar en el club del martirio cuanto antes y ser parte del colectivo más incomprendido del mundo. Incomprendida, pero regia al fin y al cabo.

Criar una planta y que ésta viva para contarlo. Porque no es nada fácil lograrlo, mudos testigos de mis fracasos son las macetas y ollas viejas que hay en mi casa, todas llenas de tierra seca que alguna vez tuvieron de huésped a una plantita verde y alegre. Dicen que hay que hacerles la conversa, contarles de tu día (si estuvo feo, mejor invéntate algo bacán, no vayas a deprimirla), cantarles un poco y hacerle cariñitos. Tarea titánica. De pronto se me ocurre que las plantas de plástico tan feas no son.

Sacar brevete. No soy muy exigente, no es necesario adquirir un carro, ya me alquilaré uno por ahí. Pasa que mi DNI se ve tan solo en la billetera que mejor lo acompaño con un documento más. Y, claro está, para cumplir con el cliché de salir a manejar y pelearme con todos los choferes y peatones imprudentes que abundan en Lima. Sano entretenimiento.






lunes, 10 de septiembre de 2012

It's all right

Tenía doce años, el cable se pagaba en dólares, en un recibo rosado, se llamaba "Cable Mágico" y MTV (canal 43) era un verdadero canal de música con la conducción de Ruth Infarinato y otros más que se dedicaban a presentar los mejores vídeos de la historia (obvio, son de mi época). Ahora es una verdadera pena ver en lo que se ha convertido: una interminable e insufrible programación de realitys que sólo demuestran el deterioro y degeneración de esta generación. Caray! ya estoy hablando como vieja....

Pero yo quería hablar de otra cosa. Tenía doce años y un día, viendo MTV, descubrí un video que me mantuvo hipnotizada de principio a fin, desde ese momento sabía que era el inicio de una larga relación entre GARBAGE  y yo, supe que iban a gustarme todas las canciones, las letras las encontraría acertadas y, sobre todo, la cantante, la divina Shirley Manson me iba a tener prendada toda mi vida. No, no es una declaración amorosa, es una declaración de adoración.

Faltando poco más de un mes para verla en vivo no puedo evitar recordar aquellas épocas con una sensación de incredulidad, pues vivía desconsolada pensando en lo imposible que era una visita del grupo por acá, me conformaba con escuchar sus canciones, con uno que otro golpe de suerte para ver sus videos por televisión o esperar media hora para descargarlos por la web (es que eran años sin youtube). Pero llegó el año 2005 y una conversación casi sonsa hizo que apareciera una micra de esperanza: mi buen amigo Angie, en un intento de animarme, me dijo que no desfalleciera, que los cambios que se estaban presentando en cuanto a visitas de artistas eran alentadores y pronosticaba una pronta aparición de GARBAGE y ante eso yo le respondí que lo más probable es que Shirley no estuviera ni enterada de la existencia del Perú, ante lo cual mi buen amigo Angie me dijo: Claro que conoce el Perú!. Y me contó la historia del Oso Paddington.

Sí, admito que fue algo desesperado, es más, dudo que alguien con la infancia que tuvo Shirley viva encantado con los cuentos para niños pero me aferré a esa idea para no perder la esperanza. Ahora que su llegada es inminente me pregunto si el osito tuvo algo que ver. Tonterías que se le ocurren a una cuando anda con el optimismo a tope. Solo me falta decir que mañana le ganamos a Argentina por goleada....




miércoles, 15 de agosto de 2012

Exigiendo una explicación

Tienes sexo con un conocido y no lo vuelves a ver pasados unos 6 meses. Solo para enterarte que, días después de su encuentro horizontal, el conocido decidió volverse pastor evangelista.

¿Qué conclusión se puede sacar de esta situación? Pues muchas y la gran mayoría poco felices. Esto le pasó a mi amiga María con su conocido llamado José (sí, les cambié los nombres), conocido mio también y todo sucedió en el ambiente menos indicado para estas cosas: el trabajo. Tal vez ahora toca describir a estas personas, relatar grosso modo el curso de su historia en común y luego ver si se llega a algo favorable para ambos.

María es una chica algo protestona y tiende a renegar cuando no hacen las cosas como a ella le da la gana, y lo digo de esta manera para que se entienda mejor, a María poco le importa si un método es mejor que otro siempre y cuando se termine utilizando el suyo. Siempre dice que entre estudio y trabajo le queda muy poco tiempo para otras cosas y cuando se le pregunta por alguna pareja responde con cierto desdén: No estoy para esas huevadas.... O sea, lo suyo es el choque y fuga siempre y cuando no le quite mucho de su valioso tiempo.
Pero bueno, María también tiene su lado positivo: es muy responsable...Y menciono sólo una cualidad porque es más divertido mostrar lo malo.

José me cae mal, es tacaño, criticón, su look, que trata de ser original, es una mezcla de skater con emo y que termina resultando una mala copia de Howard Wolowitz. Y tenía la maldita manía de cambiar la configuración de mi mp3, sólo para demostrar que sabía hacerlo. Algo que fácilmente pudo entrar en mi lista anterior de no ser porque ya no lo veo más y no tengo que soportar su presencia.
¿Su lado positivo? Algo se me ocurrirá.

Pero el resultado de las cosas nunca termina siendo el esperado, al captar las maliciosas intenciones de José para con María y ¡peor! al notar con horror que esas intenciones resultaron halagadoras para María, Javiera (otra amiga con nombre cambiado) y yo le empezamos a enumerar los múltiples inconvenientes que ocasionan el involucrarse con gente del trabajo, luego los múltiples inconvenientes que ocasionan los "choque y fuga", después los múltiples inconvenientes que ocasionan el involucrarse con alguien menor que una (sí, José era menor) y por último los millones de inconvenientes que ocasiona alguien como José. Nada de eso sirvió.

Un día de diciembre (el último) sucedió lo inevitable. Javiera, María y yo salíamos del trabajo y de pronto se apareció José, como Javiera y yo ya sabíamos lo inútil que iba a resultar cualquier intento de librarnos de su presencia, decidimos hacer una retirada estratégica para dejarlos solos, con la esperanza que María pudiera reaccionar, cambiar de idea y largar a José con una patada en el estómago. Demasiado optimismo....

Sucedió lo inevitable, revolcón. Lo supimos Javiera y yo en cuanto vimos a María, días después de la resaca findeañera, con esa expresión inconfundible en la cara, expresión que es una mezcla de arrepentimiento, culpabilidad y un toque sutil de "mierda, la cagué". Sí pues, la cagó. Pero en esos momentos no llegamos a vislumbrar las consecuencias que tal acto traería. Como dije líneas arribas, María no supo más de José, él había renunciado ese mismo día y no se le apareció hasta hace unas semanas vía el siempre oportunísimo Facebook.

María no sabe a qué se debió ese cambio repentino en la vida de José, le preocupa que mucho haya tenido que ver con su particular despedida de fin de año o que se trate de una especie de advertencia divina. Lo peor de todo esto ha sido tener que recibir las bendiciones diarias de este nuevo pastor que parece tener como misión encausar la pobre alma de María hacia la salvación eterna y darle la paz interna que tanto necesita.

Como diría Pedro Suárez-Vértiz, esta lección ya no es para mi (ni para María), díganle adiós si hay que hacerlo, y si es alguien como José, háganlo pronto.







miércoles, 25 de julio de 2012

Pequeñas iras

UNO Voy a comprar, paso por una vereda infestada de ambulantes: frutas, verduras, pollos, pescado y artículos de "segunda mano" (robados, claro está). Todo junto en un espacio público de alta circulación, la mayoría de personas está acostumbrada a ellos, les compran además con ese bendito cuento de "es que está más cerca que el mercado....". O sea, al carajo el orden, la limpieza, el ornato y no sé que mas. Un suplicio total mi tránsito por esa vereda ancha. ¿Mi mayor anhelo? ¿Mi fantasía? Siempre que ando por ahí, se me viene a la mente un pasaje de la vida de Cristo que me llamó mucho la atención desde la primera vez que lo leí, aquel donde agarra a chicotazos a unos mercaderes que hacían negocio en el templo. Dos tipos de justicia en un solo acto: la divina y la hecha con mano propia. Me atrae más la segunda.

DOS Sólo para mencionar una de las tantas que me provoca el tema del transporte público. Subo al carro y  busco un asiento, dispuesta a tener un viaje tranquilo (¡Ja!) pero inevitablemente algo lo perturba y en esta ocasión es el conocido "pashaje, pashajeee". Obvio, hay que pagar, entonces ¿cuál es el problema? el detestable interrogatorio: ¿cuántos? (estoy en un asiento para dos personas, sola) una ¿dónde? (¡¡¡a ti que te importaaaa!!!) a la Arequipa ¿qué parte? (por la csm....) San Isidro ¿dónde subió? (¿acabo de subir y no lo recuerda?) en Caquetá. Por fin se acabaron las preguntas, me da mi vuelto y me entrega el boleto, roto casi por la mitad. Al parecer es un sistema empleado por todos los cobradores cuando les pagan menos de lo que ellos creen que debe ser.

TRES Mi deporte favorito es el fútbol, por eso ya pronto me diagnosticarán algún mal hepático. Parafraseando a la primera dama ¿tan difícil es jugar bien? Ciertamente no todos tienen el talento, pero fallar en cosas tan elementales como parar una pelota, no dar pase al jugador rival o correr ¡correr nada más! para que la pelota no salga de la cancha y así evitar un lateral que malgasta el tiempo es realmente enervante. Todas las transmisiones de los partidos de mis equipos (porque sigo a más de uno) vienen acompañados de mi mejor colección de "malas palabras" que escandalizarían hasta al más bocasucia. Ya ni hablar de los árbitros y menos de los sabios comentaristas de televisión.

CUATRO Probablemente el más soft de la lista. Entro a la cocina y veo los servicios sucios, ni modo, hay que lavarlos, empiezo a remangarme para empezar con la labor y la voz de mi mamá viene de alguna parte de la casa para decirme: ponte a lavar los servicios ahora. Y solo atino a decir en mi mente ¡Ya lo iba a hacer!




miércoles, 11 de julio de 2012

Café Marciano

El café estimula, el café relaja, el café desinhibe, el café desbarata. En resumen, el café es lo máximo. Debo aclarar que lo dicho línea arriba es todo lo que este líquido provoca, pero en mi. Mucha razón tenía mi madre cuando me decía (por cierto, siempre he querido utilizar esa frase pero nunca tuve ocasión) que no tomara café. Claro, eso de cuando era niña y obvio, para atajar un peligro latente: ya de nacimiento nomás, era yo una niña bastante inquieta y medio loca.

Pero crecí, y si bien ya no soy tan inquieta, sigo siendo medio loca. El café sin embargo ha sabido mostrarme un lado lúcido que no me conocía, me pone a pensar y pensar me hace llegar a conclusiones que suelo compartir durante algunas conversaciones.

Han sido, si no me equivoco, tres martes consecutivos en los que he podido juntar estos dos elementos: café y conversación. La compañía era  agradable y hablé bastante, cosa rara puesto que soy más de observar y escuchar, por eso el café (en mi caso) debe ser casi siempre en solitario. No me malinterpreten, estas conversaciones fueron muy interesantes y me sirvieron para sacar algunas conclusiones importantes, pero nada me garantiza que imperará la ecuanimidad. Así que, si no quiero convertirme en una chica descontrolada que anda soltando sandeces, debo moderarme.


Volviendo a los martes, las conversaciones se basaron en mí (¡ye!) y mi afición extrema por complicar las cosas al extremo. Con mucha paciencia y bastante empatía por parte de mi interlocutora, pude desatar muchos nudos mentales y emocionales que tenía hasta esos días, una terapia gratis (porque sólo me costó lo que cuestan tres capuchinos) que me permitió aclarar mi atolondrada cabeza, tarea monumental que muy pocos se atreven asumir. No quiero dármelas de persona complicada, eso está muy de moda, pero de que tengo mis cosas, las tengo. Mi amiga supo entenderme a la perfección y no fue necesario recurrir al diván para lograrlo.

Y llegado el momento de la reflexión les invito a disfrutar del café, tiene muchos beneficios para la salud que no los enumero ahora por pura flojera. Pero lo más importante es buscar un ambiente adecuado que maximice las buenas sensaciones que este líquido provoca.

lunes, 2 de julio de 2012

Buscaminas

La mañana estuvo tranquila, hasta medio buena porque tuve una de esas conversaciones que siempre te levantan la moral. No porque me lanzaran flores, sólo fue una prueba de la confianza que todavía me tienen algunas personas, buenas amistades.

Por la tarde ya tuve que cumplir con la pesada obligación del trabajo, sin embargo el optimismo me acompañaba todavía, tonta yo que no avisoraba lo que iba a venir.... Lista para salir, llave a la puerta y hacia el paradero. Y en esas andaba cuando veo al ÚNICO carro que me llevaba a mi destino, como ya estaba con la hora justa tuve que correr larguísimas dos cuadras para poder alcanzarlo, lo logré, con náuseas y unos cuantos desgarros musculares conseguí subir, Estaba exultante, eufórica, definitivamente ese era mi día.

Como costumbre, siempre busco sentarme al fondo y pegada a la ventana, acentuando en todo mi tendencia a la soledad. El carro estaba casi vacío así que no tuve problemas, ubiqué un espacio libre en esos asientos para dos personas y Amy, junto con sus lágrimas que se secan solas, me acompañaron. Tranquila, casi contenta, casi nada podía turbar mi estado contemplativo, tampoco es que la vista en esa parte de Lima fuera un encanto total, pero le he encontrado el gusto.

En esas andaba cuando el carro empezó a llenarse, ni modo, así es el transporte público, qué se le hace. Pero lo que no esperaba era verme convertida en una mina a punto de estallar porque un clic-divino-superior lo dispuso así....



Los que me conocen saben de mi intolerancia a muchas situaciones, pero tres en particular me desesperan hasta hacerme sudar frío. Y sí, esas tres me acorralaron en una macabra recreación de ese jueguito clásico que nunca pude dominar. En este orden: un señor sentado delante mio comiendo unos nutritivos plátanos de la isla (los naranjitas que comen también los bebes) que, una vez terminados, no encontró mejor solución al problema de las cáscaras que botarlas por la ventana sin el menor empacho, de eso ya se encargaría quien deba de encargarse; a su lado una joven madre de familia con una niña encantadora que de arranque estuvo demostrando lo saludables que eran sus pulmones, ante esto, la joven madre de familia no tuvo mejor idea que demostrarnos a todos en el carro que ella también poseía unos pulmones bien fuertes incluso para opacar a su pequeña, el resultado fue que ni la presencia de la gran Amy  en mi mp3 pudo con aquel concierto de estridentes voces; y a mi lado derecho una señora cargada de  cinco mil paquetes que, en un alegre y constante balanceo, amenazaban con caerme todos encima, cabe anotar que esta señora también se alimentaba con la siempre rica mandarina, aunque tuvo el mal gusto de guardar la cáscara en una bolsa que llevaba.

En resumen, dos personas comiendo dos de las más olorosas frutas en un ambiente cerrado y cargado, una madre con su niña con la mejor de las actitudes y yo, sudando frío, con el ojo izquierdo latiéndome a mil y con más de la mitad de camino por recorrer. No, no exploté, estuve quieta y muda en mi asiento esperando llegar a mi destino, mirando afanosamente hacia la ventana buscando un escape inexistente a mi angustiante situación. Y llegué.

¿Cuál fue mi recompensa? El trabajo que, como todo buen trabajo, está libre de estrés y siempre lleno de armonía y felicidad. Ahora viene una sonrisa sarcástica y algo amarga.