Se piensa que tanto la vida como
la muerte son irreversibles, cuando lo evidente y lo real es que sólo la muerte
es irreversible, no deja lugar a duda ni reclamo, es la vencedora eterna…. La
vida se evita por tu voluntad, por la voluntad de otros, por lo que podrían
llamarse “agentes externos”, por efectos colaterales y por el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna
o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan.
Cuando alguien cercano se va, me
pasa que no soy totalmente consciente de la realidad, claro que estoy triste,
claro que derramo lágrimas, claro que necesito consuelo, pero algo hay que no
termino de convencerme sobre la nueva ausencia…. No es la típica escena en la
que esperas que esa persona entre por la puerta y haga lo que tenía
acostumbrado hacer, no.
¿Cuándo me hago a la idea? Yo
funciono así: tengo un recuerdo muy íntimo y rebuscado con cada una de las
personas que conforman mi entorno cercano, una situación sucedida a través de
los años, pero que no forma parte de mi lado consciente, hasta que algún@ de
ell@s muere. Es ahí que mi cerebro trae al presente ese recuerdo escondido y,
de golpe, asumo que nunca más volveré a tener a esa persona a mi lado, así su
presencia haya sido intermitente o constante. Es un momento devastador, es un
dolor inubicable, es el vacío que no te deja.
Esta vez pasaron cinco días para
que mi consciencia sea total: fue ayer mientras trataba de dormir que recordé
la escena final de una película reproducida en VHS y la risa lejana de aquel
que ya no está, demostrando que le había gustado. Un simple signo de conformidad,
una cosa de lo más común y que se ve casi todo los días, lo que forma parte de
tu cotidianidad….Y eso fue lo que tendré para siempre conmigo, lo que me unirá
a él hasta que sea mi turno.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario