lunes, 5 de octubre de 2015

AFyL

No podría decir que 163 centímetros son los suficientes para considerarme grande, pero bastaría compararlos con los 150 centímetros que cada una de mis hermanas tiene, para elevar mi ego; y si trasladamos el asunto al resto de entornos, los tacos ayudan bastante a sentirme una Gulliver del siglo 21, al menos estoy por encima del promedio. Requisito N° 1: Alta.

Mi hermana mayor-mayor es bastante parecida a mi madre, mi hermana mayor-menor tiene un poco de acá y otro poco de allá, mi prima hermana sacó los rizos de mi tío y mi otra prima hermana pasa como versión joven de mi tía; mientras, yo heredé la frente y mirada maniática de mi buen abuelo Andrés y cierto “relieve” de la familia paterna, sumado uno más otro, el resultado si bien no catastrófico, escapa de los estándares tradicionales. Requisito N° 2: Fea.

Apelo a la opinión que de mí tienen los sobrinos favoritos, al toque preciso que le imprimo a cada regalo, a la preocupación constante que tengo por el bienestar de los que quiero, a las miradas cargadas de cariño que les dirijo a la Buba y la Fendi y a los detalles que sé que sólo yo puedo darle a determinadas personas. Requisito N° 3: Linda.

Tal vez es una descripción arbitraria de mi parte, tantas cosas buenas no puedo tener, pero con admitirlo es suficiente. Estoy lista para bailar.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario