No podría decir que 163
centímetros son los suficientes para considerarme grande, pero bastaría
compararlos con los 150 centímetros que cada una de mis hermanas tiene, para
elevar mi ego; y si trasladamos el asunto al resto de entornos, los tacos
ayudan bastante a sentirme una Gulliver del siglo 21, al menos estoy por encima
del promedio. Requisito N° 1: Alta.
Mi hermana mayor-mayor es
bastante parecida a mi madre, mi hermana mayor-menor tiene un poco de acá y
otro poco de allá, mi prima hermana sacó los rizos de mi tío y mi otra prima
hermana pasa como versión joven de mi tía; mientras, yo heredé la frente y
mirada maniática de mi buen abuelo Andrés y cierto “relieve” de la familia
paterna, sumado uno más otro, el resultado si bien no catastrófico, escapa de
los estándares tradicionales. Requisito N° 2: Fea.
Apelo a la opinión que de mí
tienen los sobrinos favoritos, al toque preciso que le imprimo a cada regalo, a
la preocupación constante que tengo por el bienestar de los que quiero, a las
miradas cargadas de cariño que les dirijo a la Buba y la Fendi y a los detalles
que sé que sólo yo puedo darle a determinadas personas. Requisito N° 3: Linda.
Tal vez es una descripción
arbitraria de mi parte, tantas cosas buenas no puedo tener, pero con admitirlo
es suficiente. Estoy lista para bailar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario