miércoles, 25 de mayo de 2016

3:15

Me he alejado de personas, actividades y cosas por falta de tiempo y ganas. El trabajo de gente adulta y la desidia de gente mínima me han absorbido…. Es inconcebible que haya olvidado la última vez que me senté a tomar un café en solitario, con mi lápiz y cuaderno a la mano.

También responsabilizo a mi desordenada mente y alborotada alma.


Poco a poco trataré de recuperar buenas costumbres....


sábado, 21 de mayo de 2016

Etapas

Resulta que hubo un momento en el que me creí capaz de disciplinar mi vida y seguir la corriente que veía en las amigas de siempre.

Y entré a una academia.

Coleccioné una considerable cantidad de tarjetas para recargar mi celular y todas las gasté en mensajes de texto que me ayudaban a pasar el rato en las clases más aburridas.

Empecé y terminé de leer la saga de Harry Potter, gustándome más La Orden del Fénix.

Aprendí a disfrutar, de verdad, del café y de las conversaciones que éste propiciaba.

Conocí del encanto de Barranco más allá del Puente de los suspiros.

Descubrí la procrastinación.

Me di cuenta que era capaz de hablar hasta secarme la garganta.

Me enamoré de un imposible.

Sufrí y superé aquel amor.

Adquirí el ahora incomprendido gusto de fumar, llegando a la cajetilla semanal.

Viví.

Y, por supuesto, no retuve absolutamente nada del conocimiento que varios profesores intentaban inocularme, derivando en un bochornoso y esperado resultado en el único examen de admisión que he dado en mi vida.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Que amanezca

Mañana fría, reunión de trabajo, almuerzo tardío, sobremesa difícil.

Manos cruzadas, miradas cómplices, nudos en la garganta.

Mente confusa, futuro incierto.

Mi vida complicada.

lunes, 16 de mayo de 2016

Lo que haría....

Procuro olvidarte, como dice la canción, mientras me entrego al segundo vicio más dañino en mi vida….

Al parecer, al encargado de comprar suministros en la empresa le encanta cambiar siempre de proveedor, es por ello que la señorita de limpieza, Karen,  viene con diferentes desinfectantes líquidos que yo asumo, deben ser bien potentes. Es así que mi oficina huele distinto cada semana, pudiendo ser aroma de baño público recién limpiado, otras veces trae olores dulzones que no hay como soportarlos (motivo principal de encontrarme abusando de la aspirina), pasando por el básico kreso (mucho más soportable), hasta llegar a lo que he considerado, de lejos, como mi desinfectante favorito forever and ever.

No puedo controlarlo, no me interesa hacerlo.

Tras varios meses dudando, hace un par de semanas, como quien no quiere la cosa (y siempre, siempre la quiere) le pregunté a Karen si ella tenía más de ese desinfectante que estaba usando, respondiéndome que sí, a lo que repregunté si podía darme un poco, Karen sonrió y soltó un “ahorita regreso” que hizo aletear mi corazón. A los pocos minutos se apareció con una botella de plástico conteniendo un líquido verde de lo más sugerente que inmediatamente asocié con la esmeralda. Seguro que algo captó en mi mirada, porque me advirtió con rostro severo: señorita (¡ja!), ese desinfectante es muy fuerte, antes de usarlo debe diluirlo con agua…. Asentí distraídamente, considerándola una advertencia inútil.

Procuro olvidarte, como dice la canción, mientras me entrego al segundo vicio más dañino en mi vida….

Porque si bien te he abandonado indefinidamente, Coca Cola, aspirar mi botellita de plástico con enfermiza obsesión, me da el placer que siempre me generaba el beberte. Tengo a mi organismo entregado a tantos extravíos que cambiar tu efecto corrosivo en mi estómago por unos cuantos orificios en mis pulmones no supondrá mayores traumas.

Nos vemos luego.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Plus....

Soy superior, lo sé.

Así suene a temeraria jactancia, es una verdad indiscutible. Me envanezco cuando camino por las calles y me sé gigante por sobre la mayoría de personas que transitan a mi lado, las miro por encima del hombro con una asombrosa y firme seguridad, nadie está a mi nivel. Y nadie lo estará.

Oye tú, que cruzas la pista cuando no hay carros, ¡aprende! Estoy parada en la acera esperando que el semáforo cambie a verde y poder cruzar en el momento correcto. Amiga, amigo, no piensen que botarán la basura por la ventana de los autos y quedarán impunes, porque ahí estaré yo para dirigirles una mirada de reproche y sumo desprecio por semejante acto. Joven, observa cómo no ocupo el asiento reservado a personas mayores, mujeres embarazadas y discapacitados en general, así es, me paso todo el viaje parada a diferencia tuya que te instalas en los asientos rojos sin el menor empacho. Exacto, nada estimados compañeros de trabajo, no tengo ni puta idea de lo que pasa en esa serie que está de moda, porque yo sólo sintonizo, en las poquísimas ocasiones que uso aquel aparato tan burdo llamado televisor, NatGeo, History o Discovery, así que no vengas a contaminar mis oídos con cosas tan chabacanas. Señoritas de la mesa del costado, oigan lo que mi amiga (otro ser superior) y yo tenemos que decir respecto al conflicto judío-palestino, la política nacional, economía mundial, cuidado del ambiente, literatura clásica y tantos otros temas incomprensibles para cerebros tan ordinarios como los suyos.

Soy superior, lo sé.

Es lo que hay cuando me dejo dominar por la pedantería. Porque nada de lo mencionado es criticable, siempre y cuando no pretendas, como yo, “dar el ejemplo” frente a los demás  ya que crees que así tiene que ser, es lo correcto y blablablá…. te llenas de una moralina francamente insoportable que termina por intoxicarte hasta llegar al punto de no enterarte de nada.

Porque la realidad me dice que, cuando no estoy dándole lecciones imaginarias a la gente, soy una salvaje más, lo sé.