Voy a retroceder en el tiempo....
Voy a viajar a ese febrero del 2010, habiendo pasado por uno de esos golpes que te dejan sin aliento, recuperándome, ahora lo sé, de algo irrecuperable y dándole vueltas a una decisión que se veía intrascendente pero que finalmente me dio momentos para la posteridad, donde confirmé que, después de todo, iba a volver a sonreír.
Me encaminé junto con Helena, ignorante ella de mi particular infierno interno, al concierto de The Cranberries, súper difundidos por estos lares durante los noventas y que venían por primera vez a deleitarnos con la potencia de su música y la mágica voz de Dolores, aquella que te hacía dudar de que esa personita, frágil a la vista, pudiera convertirse en un monstruo en el escenario.
Una vez inmersa en el ambiente festivo, haciendo cola para ingresar, olvidé poco a poco mis miserias personales y me preparé física, mental y anímicamente para una experiencia totalmente novedosa, maravillosa e inolvidable, donde derramé lágrimas de felicidad pura, después de tantas otras de corazón roto, donde grité a rabiar canciones poderosas que en ese momento, y durante un tiempo, parcharon mi alma vacía, donde protegí mi privilegiada posición a punta de codazos y uno que otro empujón, reemplazando momentáneamente el dolor físico por el anímico.
A pesar de los sentimientos contradictorios, agradecí mucho la oportunidad de disfrutar a Dolores, su performance me dejó boquiabierta y salí de ese concierto extasiada y casi en las nubes, compartiendo experiencias con extraños igual de alucinados que yo, que entraron siendo unos y salieron siendo otros. Una hora y algo más bastaron para convencerme que fui testigo privilegiado de algo único e irrepetible. Tuve la oportunidad de verlos por segunda vez, pero pasé de ella, sumida en el cansancio que significó hacerle la guardia a mi banda favorita de siempre, Garbage, y con la sensación de que no vería lo que vi en aquel lejano febrero del 2010.
Lo lógico sería que me arrepienta de aquello, la tragedia hoy acontecida debiera llamarme severamente la atención por haber desperdiciado esta oportunidad; sin embargo, después de las lágrimas derramadas, siento que la historia entre Dolores O'Riordan y yo tuvo un inicio y final inmejorable. Mi corazón se volvió a romper, mi corazón sabrá salir de esta.