lunes, 30 de marzo de 2015

No hay ovejas para contar....

Si la falta de sueño fuera una cuestión de conciencia sucia, el 90% de la población mundial padecería de insomnio.

Puede ser medianoche, dos de la mañana, tres y quince de la mañana, cinco y doce de la mañana; puede ser un suspiro de mi perra, el salto de un gato techero, el rechinar de una puerta, las cañerías funcionando; puede ser lo que me espera al día siguiente, el dolor de cuello casi crónico, la canción que se me pegó en el día, puede ser el calor, puede ser el frío…. Y, claro está, la conciencia.


La verdad es que siempre he tenido el sueño ligero y hasta un olor me puede despertar, sufro para encontrar la postura que me hará dormir durante toda la noche, doy miles de vueltas hasta terminar con la sábana enroscada a mi cuello y ni la música clásica me garantiza el relajo total de mi mente y la respectiva somnolencia. Trato de recordar si siempre fue así, pero mi memoria se ha ido de vacaciones indefinidas y no hay quien me pueda guiar. Mi mamá sólo recuerda mis dormidas de bebe y cuenta que la posición en la que me dejaba dormida era la misma que encontraba cuando me despertaba, mi papá asegura que he dormido totalmente boca abajo y que no presentaba ni un solo problema para respirar, mis hermanas se han quejado diciendo que hago mucha bulla cuando hablo dormida. No hay consenso.


Y luego están las veces que he dormido fuera de casa, claro que si es la noche entera, se deberá más que nada a una borrachera épica de las que ya no tengo, reuniones familiares que abundan y ahí termina la lista. Son noches con los ojos bien abiertos, donde siento que el absoluto silencio hace tal presión que me reventará los tímpanos. En mi cuarto, con una ventana permanentemente abierta, oigo pasar a los carros y la conversación de la esquina, ya estoy acostumbrada a la bulla.

No puedo continuar así, me pierdo de mucho por no poder dormir. Me pierdo de hacer posible lo imposible, así sea en sueños.




sábado, 21 de marzo de 2015

Llueve y ya está mojado....

Tu vida puede estar pasando por momentos angustiantes, tensos y llenos de incertidumbre.... 

Pero no hay nada mejor que la lluvia de verano para que te des el lujo de relajarte por unos minutos y dejar que el agua corra por tu rostro. Así la gente te mire raro. Así la vida no te la haga fácil.




martes, 17 de marzo de 2015

Bebita

Esta es una historia triste, es la historia de Bebita.


Bebita era una linda perra juguetona y traviesa como muchos cachorros, fue la gran adquisición de una familia cuyo único objetivo era tener un perro de raza; no sopesaron las responsabilidades que conllevaban el agregar un miembro más a su hogar, simplemente querían un perro y cuanto más caro, mejor.



Pasaron las semanas y la nueva familia de Bebita se fue dando cuenta que tener un perro no es tan fácil y bonito como lo pintan, que requería muchos cuidados, necesitaba a alguien que pudiera educarla sobre lo que podía y no debía hacer, que la sacaran a ciertas horas del día a hacer sus necesidades, no entendían que los destrozos de Bebita se debían a que era una cachorra muy activa y necesitaba descargar su energía. Nadie tenía tiempo para ella. Bebita fue pronto declarada intratable y la familia buscó desembarazarse de ella.



Llegó la noticia a oídos de un miembro de mi familia, el cual decidió acoger a Bebita porque le pareció (otra vez) una perra muy linda y muy de raza. Fue así como Bebita llegó a su segunda y definitiva familia, con muchos abrazos y besitos de parte de sus nuevos “hermanos” y “papás”; pasó el tiempo y, si bien Bebita seguía destruyendo cosas, esta nueva familia era más tolerante y le dedicaban algo más de tiempo. Sin embargo llegó un día en que todo cambió para Bebita y fue cayendo en un espiral de abuso, maltrato y desinterés final que resultó fatal para ella.



Resulta que al ser de raza, Bebita fue objeto de muchos comentarios de parte de los allegados a su nueva familia, tanto así que el nuevo “papá” de Bebita fue fácilmente convencido de que podía sacar provecho de su mascota si la apareaba con otro perro de su raza y vendía sus cachorros a un precio bastante interesante. De la noche a la mañana, Bebita dejó de ser un miembro de la familia y pasó a convertirse en un ingreso económico más. Utilizada.



Las noches en la cama de sus “hermanos” pasaron al olvido, en cambio pasaba gran parte del día encerrada en un corral improvisado que construyeron para ella, lugar bastante estrecho en el cual crió a sus cinco primeros cachorros…. Luego vinieron cuatro, después cinco y, por último, una camada final de tres cachorros, todos nacidos por cesárea ya que Bebita no tenía la fuerza suficiente para ayudar a sus cachorros a salir por su cuenta. Cuatro operaciones a las cuales fue sometida Bebita en aras del nuevo negocio de su ex papá, ahora dueño.



Todo eso para un animal que apenas llegaba a los seis años, todo eso para un animal que inició su vida en medio de mimos y engreimientos, que tuvo la mala suerte de hartar a su primera e irresponsable familia, que no pudo hacer nada para no nacer “de raza” y así evitar que su segunda familia la explotara.



Bebita terminó sus días en un corral pequeño y maloliente sin haber visto la luz natural en mucho tiempo, rodeada de mugre y con compañeras de celda que cayeron en las manos del criador de perros en el cual se había convertido su ex papá. Nunca más hubo palabras de cariño, no volvieron a acariciarla detrás de la oreja. Su trágico final (tal vez esperado con ansias de parte de Bebita) llegó un día en el cual, como ya era costumbre, le lanzaron un par de pescuezos de pollo crudo para que se alimente. Bebita se lanzó sobre ellos desesperada, pues sabía que esa iba a ser su única ración en todo el día, con el resultado de un atascamiento en su garganta que poco a poco fue dejándola sin oxígeno en sus pulmones; al estar encerrada, su dueño no se dio cuenta de su estado y no pudo auxiliarla a tiempo. Bebita fue encontrada muerta dos días después, rodeada de sus miserias y unos cuantos pescuezos descompuestos que nunca fueron olfateados por ella.



Me hubiera gustado decir que la historia de Bebita sirvió de escarmiento para que el responsable de ella se diera cuenta del daño que le causó, que desistiera del negocio y le diera calidad de vida a las 14 perras restantes que tenía repartidas en sus improvisados corrales, que recordara como fueron los inicios de Bebita en su familia, como llegaron a tratarla con cariño, como la convirtieron en una hija más. Pero no fue así.



También me hubiera gustado decir que no fui una muda testigo de todo lo que le pasó a Bebita, me hubiera gustado decir que al ver semejante abuso, defendí la integridad de Bebita e hice esfuerzos por evitar su sufrimiento. En lugar de eso, fui una cómplice más al no decirle al dueño de Bebita que dejara de utilizarla como mercadería. Nunca me atreví.


La historia de Bebita es una realidad que se repite constantemente y pareciera no tener fin. Admito con mucha vergüenza que soy incapaz de entrar en acción y hacer lo posible por cambiar esta realidad. Sirva lo escrito para que llegue a los ojos de alguien mejor que yo y pueda hacer la diferencia.

jueves, 12 de marzo de 2015

Delirios a mano


Las palabras permiten que algunos iluminados escriban maravillas, esas maravillas llegan a los demás mortales y somos un poco partícipes de la genialidad de estos iluminados, algunos advenedizos incluso empezamos a escribir, tal vez aspirando a inmortalizarnos como los iluminados hace tiempo están, tratando que de nuestras mentes salgan las maravillas, que seamos los nuevos iluminados y el ciclo continúe por los siglos de los siglos.

Pero como en todo, alguno de estos advenedizos no se conformarán con intentar escribir maravillas y, con una corriente facilidad, se mandarán con ficciones insulsas que estimulan poco o nada a la imaginación, que salen una tras otra con la única finalidad de volverse best sellers, una que otra adaptación al cine y el posterior olvido del cual NUNCA saldrán. Veo que el asunto de publicar sagas literarias se está volviendo moneda corriente.

Como much@s, he tenido y tengo sueños de grandeza, todos en el ámbito literario, ser reconocida mundialmente como una (no tan) joven promesa que se va abriendo campo y haciendo un nombre de grata recordación para todos los críticos, más adelante como la que dejó de ser la (no tan) joven promesa para convertirse en una deslumbrante realidad y finalmente pasar al selecto grupo de iluminados y que todo lo que salga de mi cerebro sea maravilla pura. Nunca aspiré al Nobel porque soy una firme convencida que ese tipo de reconocimientos relajan un poco a los iluminados, haciéndoles creer que suficientes maravillas han salido de sus mentes…. Es lo que diré, en son de broma, en mi discurso de aceptación del Nobel de Literatura.

Sin orden en mis ideas, regreso nuevamente al grupo de advenedizos que publican sagas mediocres. Y sin ningún rastro de vergüenza admito que lo único que envidio de ellos es la billetera que empieza a engordar conforme publican más libros. Claro que sí.

lunes, 9 de marzo de 2015

Blondie

Estuve en piloto automático un mes entero, no había manera de aceptar los hechos.

Te fuiste hace dos años y sigo escuchando tus pasitos, tu incansable rascado en el piso, tu llanto al enredarte con tus rizos orejeros, detalles que te hacían única e irreemplazable. Es un hecho, pueden llegar nuevas, puedo pasarme media hora correteando con las actuales, pueden hacer mil y un piruetas y gracias y yo reírme con ellas, pero jamás habrá otra como tú: mi pequeña y adorable Blondie.

He llegado a esta conclusión porque a dos años de tu partida no me he sentido la misma, me falta algo y estoy segura que sólo lo recuperaría contigo y como es imposible que regreses, lo único que puedo hacer es disfrutar el tiempo con las que están. Espero que lo tengas bien claro, si me ves riendo con ellas o hablándoles como bebés no es porque no me hagas falta, sabes que lo único que nos queda es seguir adelante, eso no significa que alguna esté en la capacidad de compararse contigo, sabes también que vendrán más, que en algún momento se irán y estaré muy triste, pero nada igualará la sensación de vacío que me quedó contigo.

No escribo esto para reclamarte o hacerte sentir mal, he mejorado muchas cosas y ya podemos hablar de cambios positivos, pero jamás te sacaré de mi corazón. Sé que cuando llegue el momento me esperarás, saltaremos juntas y me reventarás los tímpanos con tus inconfundibles aullidos, yo estaré más que feliz de volver a verte.




jueves, 5 de marzo de 2015

La soga

Nunca imaginé salir de aquella sala de cine, donde se proyectaba una película para adultos, más irritada con la gente que cuando me ha tocado acompañar a l@s sobrin@s a ver alguna película infantil.

Oír las risitas estúpidas de unas veinteañeras insulsas a mi izquierda y a mi derecha, los comentarios cursis de una pareja que se pierde de mucho y necesita de la ficción para sazonar su relación, todo eso pudo conmigo y me pasé el 80% de la película renegando ante la inevitable imbecilidad de la gente. Que no soy perfecta ni mucho menos, pero estoy segura que no hago más allá de ocupar un espacio (propiedad inherente de cualquier materia) y respirar para que los demás se enteren de que alguien anda por ahí.

No espero que el mundo entienda como quiero que me trate, pero las cosas que yo considero elementales no tienen mucha variación y es por eso que NO SOPORTO cuando algo sale de lo establecido por mí. Si ves en la pantalla que el chico besa la entrepierna de la chica, NO TE RÍAS…. Si ves en la pantalla un primer plano del trasero del chico, NO DIGAS “OHHHHHH”…. Si ves en la pantalla cómo el chico le da nalgadas a la chica, NO CELEBRES COMO SI LAS NALGADAS TE LAS ESTUVIERAN DANDO A TI.

He pensado regresar al cine para poder ver la maldita película con algo más de tranquilidad, asistiendo a la primera función programada, esa en la que entras y sales con el mismo sol, sólo así podré terminar con el sueño recurrente en el que vierto ácido sobre la cara de los asistentes con mi regadera jardinera.