sábado, 7 de noviembre de 2020

No existe "poner la mente en blanco"....

¿Cuál es mi relevancia en el mundo? ¿Tengo alguna? ¿Seré como el aleteo de la mariposa que provoca huracanes a distancia?

Sé que dejaré huella en alguien, parte de mi entorno, cuando me toque no estar, pero me gustaría muchísimo saber el nivel de impacto de mi ausencia.

Sin venir a cuento, más allá de los minutos que me separan de un nuevo año en mi vida, en los últimos días me obsesioné más de lo acostumbrado a lo que viene después de ese acto irreversible y definitivo que es la muerte.

Partiendo de mi teoría de la energía que pasa de cuerpo a cuerpo, tal vez en este momento esté viviendo mi sétima vida y no me entero, puesto que la memoria sólo perdura lo que el inquilino físico aguante.

Tal vez tenga alguna lápida o nicho con los restos de lo que alguna vez fui.

¿Será mi energía infinita?

Nunca tendré la certeza de lo distinta que habría sido mi vida y la de las personas en mi mundo de no haber acontecido esta pandemia que cada vez nos deforma más.

Esperaba los 35 desde los 30. Hoy sólo quiero que pase pronto.

El encierro impuesto, la distancia tirana.

No es natural.

Digo mientras en mi mente grito, al mismo y pasmoso bajo volumen.



sábado, 26 de septiembre de 2020

Step one

Una tiene que agradecer que, aun con todo el drama que nos rodea, aun con el acecho constante de la fatalidad, todavía tenemos ánimo e inventiva, imaginación y fantasías, anhelos constantes que nos dan esperanzas y ganas de seguir con este asunto de vivir y soñar, de permitirse creer que hay algo parecido a la felicidad que nos está esperando. Sólo tenemos que ser pacientes o, como parece ser en mi caso, abrir los ojos.

Y estaba en esas de abrir los ojos, en ese momento específico por estar sin lentes y tener que prestar doble atención a lo que me rodeaba mientras caminaba por la calle, cuando fui consciente, con consciencia tardía eso sí, de aquella oportunidad descartada, de mi negativa a entregarme a nuevas experiencias, de no darme ni dar oportunidad a aquello que venía proponiéndose de forma esporádica pero vehemente, de espantar, a veces con tino y otras con poca consideración, toda tentativa de relación.

No voy a decir que tanto rechazo fuera gratuito, puesto que hasta hace poco más de un año yo estaba sumida en una enfermiza obsesión que acaparó una importante etapa de mi vida, pero así como me consumió, me liberé de la misma en un periodo considerablemente corto que, después de la acostumbrada etapa de “duelo“, me trajo nuevas perspectivas, todas alejadas de lo romántico, creyéndome ya negada para esos trajines.

Divago.

Caminaba, con ojos bien abiertos, pero distraída igual en pequeños pensamientos irrelevantes que día a día hacen su paso fugaz por mi mente, hasta que el shuffle trajo a mis oídos una canción bastante conocida y reproducida, pero que en ese momento, en ese entorno, en ese ánimo concreto, se proyectó a imágenes futuras (o no) que me generaron tal estado de emoción y añoranza que me hicieron replantear lo que quiero para mí, lo que necesito, lo que merezco.

¿Qué tocaba hacer?

Después de tan inesperada epifanía, pasado el sofocón (sí, sofocón), aplacé el debate interno hasta el momento en el que me encontrara en un entorno más amigable. Así que esperé al final de la jornada para pensar y darle vueltas a esa idea, a esa locura que poco a poco empezaba a tomar forma, dándome cuenta de lo que dejé pasar, de no haber valorado en su real dimensión aquella posibilidad, de cerrarme de plano a todo lo que saliera de esa obsesión que me dominaba por completo. Me vi por primera vez ajena a toda carga tóxica y vislumbré cómo sería una vida comprometida y entregada a un sentimiento, a una relación, sin carga ni culpa, un vínculo sano y, sobre todo, correspondido y entregado, tal y como siempre ideé.

Y llegó la tan temida ilusión.

Definitivamente no pudo llegar en un peor momento, donde la distancia física se torna obligatoria y donde mi radio de acción se ve limitado a una insulsa conversación vía WhatsApp. Me niego a ello y espero, espero y espero, casi como él lo estuvo haciendo durante tanto tiempo, para poder iniciar un contacto más directo, para poder exponer mis sentimientos y explicarlos, para que se entiendan y se perciban verdaderos y no producto de una idea pasajera.... Rogar a todos los cielos que se abran y me den esa oportunidad.

Soy egoísta porque espero su disponibilidad.

Soy realista porque una negativa, una duda o un veremos son respuestas esperables.


¿La canción del antes y después? Sólo habrá un modo de saberlo.

Dando el primer paso.

martes, 1 de septiembre de 2020

Garbage's Lessons (9)

Lesson nine

Fantasear está bien, te llena la mente de imágenes que hacen zapatear tu corazón en el buen sentido, te transportan a momentos no vividos pero que pueden volverse reales si sabes mover las fichas que el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan, te pone delante. El optimismo estúpido.

Porque mi fantasía, aquella que se alojó en mi cabeza mientras andaba con Chloe transitando las salvajes pistas de la ciudad, pensando en todo menos en el auto que estaba a punto de cerrarme el paso, esa fantasía vendría a ser LA fantasía, una que pensé enterrada y superada, pero que sólo me ha traído miseria, angustia, desesperanza y, como si no fuera suficiente, ilusión. Todo para hacer de mi día a día algo más caótico, aún con esta calma siniestra, cortesía pandémica.

Y esta fantasía me hizo, por cortos y alucinantes segundos, la mujer más feliz del mundo, pintándome una historia de amor perfecta, con esta persona a mi lado, confesándome sus sentimientos por largo tiempo negados y dispuesta a vivir el resto de su vida conmigo, tomándonos de la mano y mostrando al mundo lo que es la felicidad plena. No podría recrearlo con nadie más.

Pasa que esta fantasía tiene rotulada la palabra IMPOSIBLE por todas partes, lo supe siempre y a pesar de eso mi cerebro traicionero la desarrolló a su antojo, trayéndome las ideas más descabelladas en los momentos más inesperados e inoportunos.

Es por eso que, desoyendo al sentido común y la prudencia, cierro los ojos mientras pienso: "parece (sólo parece) que no puedo hacerte mía...."



domingo, 16 de agosto de 2020

Compañero

Empecé en este trabajo hace siete años, sin tener idea de lo que haría ni cómo lo haría, simplemente por el impulso de la necesidad de no perder más mi tiempo.

Poco a poco fui entendiendo no sólo del mecanismo y funcionamiento de la oficina, sino que además pude tomar mayor consciencia de la precariedad laboral aún en instituciones públicas que, en un mundo ideal e irreal, deberían ser el ejemplo en cuanto a derechos y reivindicaciones para los trabajadores, siendo todo lo contrario, no sólo por el nivel de precarización sino por la corrupción imperante.

Ya sé que lo dicho suena más a panfleto sindicalista que a post de Blogger, pero es una realidad que muchos desconocen o, lo que es peor, les es indiferente. Felizmente hay personas que dedican su tiempo, su vida, a luchar contra estas injusticias, perdiendo muchas batallas y ganando otras pocas, pero siempre manteniendo la convicción de estar en el lado correcto y siguiendo adelante.

Hoy me ha tocado despedir, desde mi corazón y a la distancia, a una de estas personas, la primera, y espero que la única, muerte de alguien cercano en medio de esta locura que nos ha tocado vivir y padecer. Siento el golpe, duele, aterra, desconcierta y angustia.

Y pienso en todas las contiendas inconclusas que el compañero no pudo ver resueltas, rememoro todas aquellas jornadas compartidas en donde demostró su compromiso y lealtad y se me viene a la mente el primer recuerdo que tengo de él, dirigiéndose a un grupo de trabajadores a quienes les explicaba la importancia de seguir adelante con la lucha sindical, de no permitir los abusos de sus superiores jerárquicos y, sobre todo, de no callar, de denunciar y exponer estas situaciones. Espero que en alguno de ellos ese mensaje haya calado.

No se me ocurre ningún homenaje que le haga justicia, ni consuelo para sus deudos. Por el momento me quedaré con mi pena.

lunes, 20 de julio de 2020

De fans, fandoms y fanfics....

Durante buena parte de mi 2019, la rutina post trabajo consistía llegar a casa, ponerme el piyama y conectarme al YouTube en busca de mis escenas favoritas de OITNB y Gentleman Jack, series a las que llegué gracias a mi estrenada curiosidad por temáticas lésbicas, todo ello a raíz de asumir con todas sus letras mi condición de bisexual, como queriendo equilibrar la balanza de referentes románticos, hasta ese momento repleto de heteronormatividad.

Y entre resumen y resumen, los cuales consistían únicamente en escenas amorosas, el algoritmo de YouTube me iba sugiriendo diferentes historias sobre parejas femeninas, las que según mi estado de ánimo iba revisando y/o descartando, sin que ninguna terminara de engancharme del todo.... Hasta que llegó #Maitino.

El primer video que abrí trataba, como no, del primer beso entre Maite y Camino, protagonistas de la historia, un beso casi robado y, tiempo después lo supe, largamente esperado por l@s fans que siguieron esta relación desde sus tímidos inicios como profesora (Maite) y alumna (Camino). Sin embargo, lo que vi no lo percibí con el ideal romántico que se suele esperar de estas escenas, por el contrario, me llamó la atención (no positivamente) la diferencia de edad que veía entre las mujeres y luego la cara de desquiciada que le quedó a Camino después de la llamada de atención de Maite por tomar la iniciativa del beso"¿te has vuelto loca?", acompañada de un asentimiento que, francamente, me incomodó un poco.

A pesar de esa supuesta mala impresión, días después volví a ver la escena y otra más y otra más y otra más.... De pronto me vi perdida en su historia, tal vez típica y rebuscada si se tratara de una trama hetero, pero que al ser de dos mujeres, a inicios del S. XX, le daba ese toque de drama y desesperanza que se augura de un entorno complicado como el que describo. No puedo evitarlo,  ya sea por mi realidad o por la ficción, lo mío es sufrir.

Sin buscarlo, me convertí en una maitiner más, me integré a ese fandom cada vez más activo y, gracias al Twitter, conocí personas de diferentes sitios que compartían, al igual que yo, el hinchaje por Maitino (la fusión de los nombres de nuestras heroínas). Sufrí, me emocioné, hiperventilé y tantas cosas más con cada diálogo, cada intercambio de mirada, cada gesto cómplice de Aria e Ylenia, par de actrices que han llevado mi fanatismo a niveles sólo equiparables con Shirley Manson.

Ya sea por la mezcla de dulzura y atrevimiento de Aria o por la mirada intensa y sonrisa única de Ylenia, ambas me tiene cautivada y entregada al 100% con cada aparición suya en cuanta red social exista. No hay modo que me las saque de la cabeza y, si bien es cierto que en mis preferencias Ylenia tiene una ligerísima ventaja, juntas me han dado momentos de autosatisfacción únicos.

Y como cuando me entrego a algo, lo hago "en cuerpo y alma", mis tiempos de ocio los divido entre el material de YouTube, los hashtags de Twitter, las publicaciones de Instagram y la enviciante novedad del Wattpad, descubrimiento maravilloso que me ha puesto por delante los fanfics más diversos que la historia Maitino pudiera haber inspirado, ya sea partiendo de la idea original con unas reversiones o cambios sustanciales en el desarrollo de la trama o con escenarios totalmente distintos que mantiene buena parte de la esencia de los personajes, entregándome horas de lecturas y relecturas que disfruto por completo, casi que siento envidia de lo que la buena imaginación puede lograr. Pero escojo un capítulo cualquiera, de un fanfic Maitino cualquiera, y se me pasa.

Esta es casi una declaración de amor a la ficción, la misma que esconde no tan bien la necesidad que tengo de una historia real, que me cruce con una Maite, con una Camino, que ponga mi vida patas arriba e ilumine mi mundo con su presencia.

jueves, 2 de julio de 2020

Nuestro día

Un ejercicio de memoria.

Hace unos años escribí sobre cómo sería mi día favorito, mi día (de) C, empezando la jornada desde muy temprano y con la única compañía de mis voces internas. Hace poco más de un año, sin buscarlo, pude recrearlo, esta vez, acompañada....

La mañana de aquel domingo no prometía mucho, desperté lo más tarde que pude y una vez confirmado el encuentro, que sólo iba a durar un par de horas, me encaminé hacia el punto acordado. Mientras aceleraba el paso tuve un arranque de inspiración y optimismo y se me ocurrió proponer un desayuno tardío, todo con tal de alargar al máximo su compañía. Es así como, una vez realizado el encargo inicial, pretexto del encuentro, mi propuesta fue alegremente aceptada y, sin darme cuenta, empecé mi día C acompañada de A.

El desayuno a deshoras me trajo una de esas alegrías inesperadas y que quedarán impresas en mi memoria afectiva por lo que me queda de vida, lo sé. Su detalle, tan personal y dedicado, me conmovió a niveles que aún hoy no supero, arrancándome suspiros cada vez que me sirvo un café en la oficina. La conversación no la tengo tan clara, pero sí recuerdo la fluidez, la comodidad, la confianza que primaron en todo momento, como si no tuviéramos un pasado común y turbio, ejemplificando como nunca eso de "vivir el presente y aprovecharlo al máximo". Y vaya que lo disfrutamos y aprovechamos.

La tarde continuó con nosotras recorriendo las calles de la ciudad, mi actividad favorita (caminar) en mi locación favorita (el centro) y con el plus de su compañía, la que me dio esperanzas de hacer realidad uno de mis mayores delirios. Poco a poco la conversación devino en el tema complicado, porque nuestra naturaleza errática siempre sale a relucir, y el ambiente se fue enrareciendo hasta el punto de proponer terminar del todo con el encuentro y, también, con el contacto. A veces me entran estos arrebatos extremos, donde todo es blanco o negro para mi.

A manera de despedida, porque siempre tuvimos ese raro gusto de alargar la agonía, almorzamos en una trattoria, descubrimiento mío, en el que el vino fue protagonista, lo cual trajo como obvia consecuencia una tercera, pero no última, parada en un bar atestado que transmitía esa noche el episodio final de una serie de la cual ambas éramos fans. Entonces llegaron las lágrimas y el sabor amargo del adiós obligado pero necesario, tanto en la ficción como en nuestra complicada realidad.

Como dije al inicio, no esperaba recrear mi rutina favorita con ella, no tuve mayor expectativa que la de un par de horas compartidas, que finalmente fueron más de doce, las que tuvieron su fin en un doloroso intercambio de frustraciones y consuelo mutuo.

La historia, ahora sí, terminó.

sábado, 16 de mayo de 2020

Confusión

Si eres el primero de todos, olvídalo.

Y, por favor, vete a la mierda.

viernes, 15 de mayo de 2020

viernes, 8 de mayo de 2020

Garbage's Lessons (8)

Lesson eight

A veces queremos dejarnos llevar por eso que nos causa placer. Un placer momentáneo, fugaz, dosificado de una forma tan perversa y tan fuera de tu control que no hace más que aumentar la necesidad de aquello que lo provoca. ¿Y qué es "aquello"? Puede variar desde lo inerte (libros) hasta lo orgánico (cuerpos), sea cual sea el origen, la búsqueda de ese placer nos puede llevar por caminos tortuosos, pero igual consideraremos que todo lo vale con tal de sentir ese vértigo inconfundible, clara señal de rozar el paraíso con la punta de tus dedos.

He pasado por muchas cosas muy intensas como para poder afirmar que vas a llegar al punto de arriesgar todo lo que le da estabilidad a tu vida con tal de conseguir un poco más de esa presencia, de disfrutar su contacto, donde poco van a importar los estragos en tu salud (mental y física) porque el deseo de poseer y ser dueña de sus momentos y pensamientos te llevarán a cometer imprudencias y locuras, contenta además.

Son en noches plenilunadas como esta, en las que no podrás sacar de tu mente y anhelos a esa droga con nombre y forma humana, tan terrenal e inalcanzable, que desearías no habértela cruzado en tu vida, pero cuya ausencia en la misma le habría quitado la certeza de haberla vivido en realidad. Son en noches de luna llena como esta en la que sabes que no habrá desintoxicación y que la abstinencia de su presencia física se compensará en tu imaginación.

Y no hay ni habrá nadie como Shirley, nadie como Garbage, para desatar a los demonios internos que habitan en mí....

You come on like a drug
I just can't get enough
I'm like an addict coming at you for a little more....



jueves, 30 de abril de 2020

Datos que pronto olvidaré

"Mientras mas tiempo pases con la persona que te gusta, mas atractiva se volverá para ti"

Por eso debo alejarme.

jueves, 9 de abril de 2020

Intromisión

Veo su sonrisa en fotos y sonrío también, confiando en que ese gesto risueño y contento se repita cada vez con más frecuencia. Con la necesidad imperante de ocupar mi tiempo y pensamientos en cosas ajenas a su existencia y en la falta que siento que me hace, me pongo a pensar en mí y mis proyectos una vez termine esta cuarentena, una que está siendo aprovechada por algun@s para purificarse de aquello que les traía cargas y por otros para regodearnos en las angustias que ya cargábamos antes de. Quiero creer que también piensa en mí, anhelo contradictorio y algo nocivo.

Desearía volver a los tiempos libres, donde bastaba rodearme de un poco de naturaleza, ausente ahora para abrirle paso al cemento, y sentirme plena. Tiempos en los que un libro, mi cuaderno, mi lápiz, y una taza de café de ese pequeño sitio descubierto y ahora desaparecido, eran el escenario perfecto para escribir, a mano, las pequeñas frustraciones que tenía mi vida en aquel entonces. No necesitaba más que una visita a aquella calle del centro, famosa por sus libros de segunda, un paraíso para los lectores empedernidos, para excederme sin reparos en la adquisición de pequeños tesoros.

No me arrepiento de nada. En aquella época fui feliz y no lo sabía.

Bastó que apareciera un elemento perturbador para alborotar mi existencia y todo lo que en algún momento fui, desapareció esa persona simple y tranquila para darle paso a mi versión más autodestructiva, de la que me estoy desprendiendo de a pocos, empezando una seguidilla de errores y horrores que me hicieron considerar el sacrificar todo por una idea desquiciada y sin futuro. Nada que agradecer y mucho para aprender. Estuve a punto de perder, pero todavía no gano.

Quisiera borrar algunos recuerdos de aquella etapa, ya que si bien me trajo de esos cambios que una necesita en su vida, todos tenían consigo una carga de culpa de la que nunca podré desprenderme y que servirán de recordatorio permanente sobre lo que no debió pasar, sobre mi debilidad, idiotez e ingenuidad. Muchas primeras veces tendrán la huella indeleble de mi error y tengo que aprender a convivir con ello, obtuve el perdón de quienes lastimé, pero me falta perdonarme yo.

Lo que soy ahora ni yo lo tengo claro, reconozco mis afectos y anhelos, pero sé que no me llevará a buen puerto insistir en ellos, los proyectos no pasan de ser meros esbozos y siento que ya no tengo más cuerda para darle a esto de existir y ambicionar a la vez. Si me hablan de imposibles, me encantaría volver a la simplicidad de mis veintidós años con la experiencia de mis treinta y cuatro, un viaje en el tiempo que me aseguraría un desenlace distinto en la historia con esa persona por la cual empece a escribir este relato desordenado.

Desordenado e imprudente.



jueves, 26 de marzo de 2020

Reservados todos los derechos.

Voy a probar con el teatro.

La trama se basa exclusivamente en un diálogo de a dos, Ella y LC, protagonistas de una historia que se dividirá en tres partes, con una conclusión poco feliz para sus protagonistas pero que podría dejarles lecciones positivas para el futuro. Todavía no lo decido.

PRIMER ACTO

Escena: Después de leer un mensaje de Ella pidiéndole conversar, LC, visiblemente alterada, decide llamarla por teléfono.

LC.- (Habla de manera atropellada) Hola, que tal, a mí también me gustaría hablar, pero el teléfono es un medio no aparente para esta situación, si gustas, podemos conversar pero frente a frente, a ver si así ya terminamos de una buena vez con este problema. Pon fecha, hora y lugar.

Ella.- Qué bueno que estés más que dispuesta en acabar esta situación, sabes que no es bueno para nadie seguir así.

LC.- Pero de una vez.

Ella.- Sabes que ahora vivo lejos. Hoy estoy más que dispuesta. ¿Puedes por la noche?

LC.- A ver, vamos a ser lo más pragmáticas posible. Fijemos un punto medio.

Ella.- ¿Te parece a las 7 en Mega?

LC.- No me gusta el ambiente de Mega, pero bueno....

Ella.- Lo sé, es muy agobiante, pero pediste un punto medio.

LC.- Ok, hoy a las 7.

Ella.- ¿Serás sincera conmigo? Porque debes de reconocer que nunca fuiste sincera.

LC.- Ok, empezamos mal.

Ella.- Quiero que me des tu palabra y me digas que serás 100% sincera.

LC.- En realidad no tengo que darte ni prometerte nada, no te confundas.

Ella.- Quiero que todo lo que se diga sea la verdad. El fin de esta conversación, al menos de mi parte, es que dejemos de lastimarnos…

LC.- El mío es tener un poco de paz.

Ella.- … que las cosas se aclaren y se tome decisiones a base de...

LC.- Ok, tómalo como mejor te acomode.

Ella.- Es por eso que quiero hablar contigo, entendí que no eres la única responsable de esto.

LC.- Cosas más y menos, ya hablaremos de eso más tarde.

Ella.- Ok.

LC corta la llamada, ve la hora, inhala fuertemente y decide dormir un poco.

Acá tocaría describir el encuentro, lo que se dijo, lo que se hizo y la abrupta despedida, pero después de haber tomado dos cervezas, no cuento con el apoyo cerebral necesario. Por lo pronto ya puedo decir que LC me cae mal.

Veré el modo de explicar, siempre a través de los diálogos, la historia previa entre Ella y LC y cómo, a lo largo de la misma, los papeles parecieran invertirse para generar exasperación y empatía a niveles similares.

Yo tengo la última palabra.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Nuevos lazos

Mientras me desenvuelvo en mi cómoda rutina, pienso en las pocas, casi nulas, oportunidades que le doy a la vida para que me sorprenda con algo, camino por el mismo sendero y vivo tranquila sabiendo que mañana, pasado y pasado, seguiré envuelta en mi cotidianidad. Me gusta lo conocido.

Es por eso que ahora me encuentro casi sin reacción al verme envuelta en una situación inesperada que nunca vi venir y de la cual responsabilizo enteramente a mi mala cabeza que nunca ha servido para alejarme de los problemas.

Y el problema, ahora, se llama Maite.

Maite es joven (algo que, a mis treinta y cuatro, ya puedo decir de un tercero), alegre, decidida, efusiva, casi sin malicia y linda. Muy linda. Y le apasiona, casi con la misma intensidad que yo, el fútbol. Y su carcajada con cada cosa estúpida que digo me hace sentir gigante. Y su alegría, casi permanente, en lugar de molestarme o producirme envidia, me contagia y me activa. Podría ser mi amiga, una muy buena amiga.

Pero ahora es cuando entra a tallar mi naturaleza complicada y ya puedo un día cancelarle una salida con la excusa más absurda para al otro día proponerle una salida bajo cualquier pretexto. Actitudes todas dominadas por el miedo a lo desconocido, así lo desconocido tenga la pinta increíble de Maite. Y Maite casi siempre se encuentra con la mejor disposición, haciendo que su encanto me haga olvidar mi prudencia (o cobardía) y le dé rienda suelta a mi imaginación que, para estas cosas, es bastante fértil.

No sé leer entre líneas y tampoco capto las señales, actúo por puro instinto y ese instinto me dice ahora que debo mostrarme un poco más “receptiva” ante Maite, tal vez tomar una iniciativa que nunca he tenido, por ahí que sugerir actividades distintas que se desarrollen en ambientes menos convulsos que un estadio de fútbol. Soñar despierta produce una satisfacción única que había olvidado que podía sentir.

Creo que, después de tanto tiempo entre las tinieblas, merezco vivir una experiencia ajena a agentes nocivos que durante años me hicieron creer que era lo normal sufrir, desvelarse y aceptar de todo con tal de mantener lo que, en buena cuenta, no me hacía feliz. Cualquiera diría que después de tanto trastorno, debería aplicarme un año sabático de relaciones, enamoramientos e ilusiones…. Pero soy ansiosa y se me da por querer vivir ya ¡ya! lo conocido pero en su versión sana.

A pesar de ello, no me ciego ante la más que probable posibilidad que todo esto quede en nada, sé que no sufriré ante una falta de respuesta positiva y previendo eso, como lo he sabido desde que inicié el post, sé que la historia con Maite quedará en una bonita y especial amistad.

Necesitaba este ejercicio de lo absurdo, estando los últimos meses sumergida en problemas que rebasaron mi capacidad de tolerancia y gestión, problemas de los que pude salir medio airosa y muy magullada y que me aleccionaron más de la cuenta en este asunto de madurar y tal. A veces preferiría vivir en la maravillosa ignorancia.


viernes, 10 de enero de 2020