jueves, 27 de abril de 2017

Desubicada

A veces hay noticias que si bien tratan temas polémicos y de mi total interés, decido pasarlas por alto porque mi quinto sentido me augura malos ratos leyéndolas.

Es así que hasta ahora, a más de una semana de acontecida y siendo tema casi desaparecido del radar, no me animo a enterarme sobre la bronca entre una periodista y dos argentinos que vinieron a promocionar un libro con la cantaleta “anti ideología de género”.

Según leí, muy someramente, Patricia (que así se llama la periodista), antes de retirarse del set, hizo un amago de desabrocharse la blusa para enseñar los pechos, a modo de protesta por la diferenciación que se hace entre los pechos femeninos y masculinos por la connotación sexual que acompañan siempre a los primeros. Las mujeres somos sexualizadas, denunciaba Patty…. Nada nuevo.

Pero lejos de indignarme por el flaco favor que le hacía a la causa, lejos de tratar de defender su acto tildado de intolerante, lejos de justificarla ante los homofóbicos/misóginos de turno y lejísimos de enterarme de la postura de los argentinos, a los que se les dio tribuna en demasía, yo sólo lamentaba y sigo lamentado un hecho, tal vez, irrepetible….

¡Nunca enseñó las tetas!

Entiéndase mi aflicción, no me juzguen tan pronto. Soy una firme convencida de la igualdad de derechos para mujeres y hombres, soy muy consciente de la tremenda discriminación de la que somos víctimas por pertenecer al “sexo débil”, de los prejuicios que cargamos por nuestro modo de vestir o comportar, de las etiquetas que nos endilgan de modo automático, de ser siempre las responsables de nuestras desgracias aun existiendo un victimario. Todo eso es grave y debe cambiar.

¡Pero yo quería ver tetas!

No estoy trivializando en absoluto la justa indignación de la polémica Patty, lo que sí no supero es que por unos segundos tuvo una inspiración sublime y brutal que hubiera dejado sin piso a los argentinos y a mí, seguramente, con una nueva obsesión.

Es que soy salvajemente humana, lo siento.

lunes, 17 de abril de 2017

Recomendado por especialistas

Esta canción trasciende al tiempo y recoge adeptos de todas las edades. En mi caso, me enamoró a mis cortísimos ocho años, en los que la melodía y el tono lastimero de las voces me conmovían, inconsciente yo de los pesares que el amor provocaría en mí más adelante, al punto de llorar a lágrima viva.



Era una niña de unos 10 u 11 años cuando los acordes de piano me advertían de una tristísima historia, ya el paso del tiempo me hizo ver que aparte de triste, la historia habla de una resignación a lo que “pudo ser y no fue”, que me remite, nuevamente a la travesía personal que sí pues, volvería a vivir si se me presentara la oportunidad. De otro modo, ¿cómo saber que estamos vivos?



Soy una enamorada de las palabras, me fascinan, me embelesan, me hacen el día. Y basta una palabra para cautivarme, basta una palabra para caer rendida. Y es con una palabra que me detuve a oír esta canción, melancólica y descriptiva del amor ideal, tan ideal que no termina bien. ¿Es que todos los finales deben ser infelices?



De cajón incluyo una de Garbage, la que junta café y obsesión y donde, por supuesto, todo termina mal. Shirley, cuando hace canciones de desamor, no descuida nada y siempre te deja para el arrastre, el mismo estado en el que ella terminó al fracasar su primer matrimonio y que tan abiertamente demostró a sus fans, dándome más motivos para admirarla sin condición. Cabe anotar que como ésta, hay muchas canciones más de Garbage que no incluyo de puro celosa que soy.



Y cierro con una canción que decidí dejar de oír por un tema de salud mental. Hermosa hasta el infinito, con una voz que acaricia y lacera a la vez, que expresa incertidumbre y desconcierto por no saber lo que pasó pero que una podría intuir de tanta experiencia oída y vivida, que busca desesperadamente respuestas, pero sabe que nunca las tendrá.



¿A qué viene tan deprimente recuento? Pues a que en mi hora de procrastinación mañanera (tan necesaria para sobrevivir al día), vino a mis curiosos ojos esta noticia que cuenta con un titular llamativo que me impulsó a darle click. Beneficioso autoflagelo.

martes, 11 de abril de 2017

Aching heart

¿Algún día dejarás de importarme, de dolerme, de provocarme emociones intensas, de trastornarme, de influir en mi estado de ánimo, de habitar de manera permanente en mi alma?

En días como hoy quisiera ser totalmente impasible a tu existencia, que nada que venga de ti me afecte, que sea parte de esa gran cantidad de gente que te ve pasar sin que les provoques la más mínima reacción, indiferentes.

En días como hoy quisiera pasar de todo y seguir con mi rutina, trabajar sin distracciones de ningún tipo, caminar de regreso a casa sin pensamientos sombríos, sin cuidarme de evitar sitios referenciales que me recuerden los buenos tiempos.

Como bien dice la canción “odio quiero más que indiferencia”. Porque, en días como hoy, te odio visceralmente, odio que me afectes hasta el punto de mandar todo al carajo, odio que me impidas disfrutar de las oportunidades que se me presentan porque no dejo de pensar en ti, odio que mi entorno no entienda de esta pasión desmedida y terminen por tirar la toalla conmigo.

Sé muy bien que no soy la única persona a la que tienes en este estado calamitoso. Sé que en tu historia hay encuentros y desencuentros mucho más graves que los nuestros. Sé que lo acá escrito no alterará tu curso. Los humanos tenemos este defecto de hablarle insistentemente a la pared.

Fútbol, bendito fútbol, tal vez en una semana exactamente a esta hora, estaré escribiéndote y adorándote sin límites por darme una muestra más de tu maravilla, de tu grandeza, de tu milagroso desenlace. Pero hoy permíteme depositar toda mi frustración en ti, permíteme dudar de tu capacidad de lograr imposibles, permíteme cebarme en ese 3-0 que me hará maldecir cada dos por tres durante el resto de la temporada europea.

A pesar de ello, no cambiaría nada de lo que me has dado. Porque tu presencia colorea, en blaugrana, mi vida.



jueves, 6 de abril de 2017

Garbage's lessons (2)

Lesson two

Son muy pocas las veces en las que puedo disfrutar en compañía de dos de mis actividades favoritas que no tienen mucho arraigo en mi entorno amical: caminar y tomar cerveza. A veces es sólo caminar, a veces es sólo cerveza y otras tantas las dos cosas, pero siempre siempre es un deleite, me encanta.

Recuerdo, con poca nostalgia, que tiempo atrás creía haber encontrado a la partner ideal para estos trajines, el tiempo y sus clásicas paradas de cabeza me hicieron ver que el alejamiento fue lo más sano para personalidades algo autodestructivas como las nuestras.

La vida se pasa mejor cuando encuentras al ser compatible con el que compartes esos gustos, dándote cuenta que incluso hay más cosas de las que disfrutar y que se van descubriendo durante el tiempo compartido, abriéndote a nuevas experiencias que definitivamente enriquecen tu, hasta hace poco, inalterable rutina.

Por eso estoy contando los minutos para una nueva incursión hacia lo desconocido, con la sensación que será desconocido bueno. Mi clásica apatía ha desaparecido, para dar paso a mi oxidada curiosidad, la que había dejado en el olvido hace tiempo, pero que ha vuelto a aparecer con fuerza para recordarme que obladi oblada life goes on bra!. Nunca es tarde para darse cuenta que alguien es "especial".

Debo admitir que esta sensación es conocida, ya veremos a dónde me lleva….