martes, 18 de junio de 2019

Semana de finales

Las primeras propagandas de la nueva serie de Warner Channel (allá por el 2007) me hicieron renegar un poquito por esa onda geek, por aquel entonces incipiente, que se hacía evidente al mencionar Leonard la botella de shampoo con la forma de Darth Vader y la opinión que su nueva vecina, Penny, pudiera tener de él a causa de ello.
No recuerdo cómo ni por qué, a pesar de esa primera impresión, empecé a ver The Big Bang Theory y volverme una fan más de las impertinencias de Sheldon, las inseguridades de Leonard y la natural, evidente y encantadora "torpeza" de Penny, mi personaje favorito. Vi la final de forma adelantada, salteándome prácticamente las últimas tres temporadas, de las que sólo tengo una vaga idea pero que igual me sirvió para acomodar el contexto de los tres últimos capítulos, sumados al flashback que sirvió como introducción al capítulo final.... Nostalgia y algo de lágrimas recordando épocas menos complicadas, libre de responsabilidades, donde era más fácil escapar de la realidad que enfrentarla.

En los días previos, fui testigo (casi en primera fila) de uno de los finales más esperados y de resultado más decepcionante de la historia de la televisión mundial: Game of Thrones.
Un par de meses antes, Patricia me convocó a unas metódicas maratones sabatinas de cinco horas, en las que nos poníamos frenéticamente al día en una serie que, mientras tuvo el apoyo de su fuente original, los libros de George R. R. Martin, fue de gran calidad tanto en adaptación como en un casting casi inmejorable. Para el primer sábado era ya una fan acérrima, para el segundo sábado estaba preparada para sostener (acaloradas) discusiones sobre por qué tal personaje hizo eso y no lo otro, mientras que entre semana buscaba información o teorías que apoyaran mi postura. Finalmente llegó el estreno de la temporada final, cada capítulo más "polémico" que el anterior y que a pesar de ello seguía generando un sinfín de emociones durante las seis cortísimas semanas que duró, aunque claro, muchos dirían que al ser la más floja de todas, estuvo bien que la tortura durase poco. Pero no fue en absoluto así, puesto que luego de la puteada con la que terminábamos todos los episodios (excepto aquel del memorable not today), seguíamos con los intensos debates respecto a quién terminaría sentado en el fundido trono de hierro. El último capítulo, otro en el que arranqué y terminé bañada en lágrimas sin querer aceptar el cruel sino de Daenerys y Drogon, lo vi sin Patricia, pequeña traición que espero sea perdonada algún día, pero que estuvo justificada con el último final que relato en este post.

Y es el final de una historia de la que más me ha costado despedirme pero cuya continuidad era insostenible, ya que si bien en algún momento pareció posible la renovación de una temporada, nos dimos cuenta que este giro de tuerca, por más inédito que resultara, a la larga sólo iba a traer decepciones. Cuando veo la enormidad de tal decisión, cuando me permito un respiro para asimilarlo, cuando caigo en cuenta que no hay marcha atrás.... la voz que me hace el dictado se hace cada vez más baja y poco a poco voy quedándome en el silencio absoluto. Se podría decir que el destino fue cruel y se ensañó al darnos una pequeña esperanza, pero los errores cometidos no pudieron superarse y, humanos al fin y al cabo, el rencor terminó dominando la escena.
Duele más de lo que una podría imaginar, más aún si se tiene en cuenta que el receso entre la penúltima y última temporada duró años, años de incertidumbre donde no podía evitar acordarme de cuando en cuando de su existencia. Algunos podrían ver en el desarrollo de la sesión final algo muy forzado, pero yo, que lo viví y sentí en carne propia, puedo acreditar con total seguridad y objetividad que fue honesto, verdadero y natural, pero que, tal cual lo dijo ella en nuestra ultima conversación: Duró lo que tenía que durar.