viernes, 4 de marzo de 2022

Un gorila, un tigre, un tronco y un caballo

Ya no recuerdo cuándo es que empecé con esta mala rutina del sueño interrumpido, el despertarme en mitad de la noche y quedarme en vela, el terminar la jornada agotadísima y que eso no sea garantía para un sueño largo, profundo y reposado, el refugiarme en la lectura digital esperando que la somnolencia venga a mi fatigado cuerpo. Nada funciona, no hay meditación que me rescate, mis ojos abiertos y mi mente dispersa hacen de las suyas y no se rinden hasta no ver los primeros destellos del amanecer.

Claro que lamento las consecuencias, no es normal estar en tu escritorio tratando de concentrarte en redactar una respuesta al jefe de cierta oficina de recursos humanos mientras tus ojos se resisten a fijar la vista y tu cerebro se niega a obedecer tu voluntad de cumplir con el trabajo encomendado. Y si a eso le sumamos mi más reciente propósito de vida de reducir el consumo de Coca Cola, no hay manera de salir airosa.

Otra consecuencia de ello es olvidar por completo los sueños que adornan mi fase REM. A pesar de tener la seguridad de haberlos tenido, no hay modo que su recuerdo venga a mi tiempo consciente.

Hasta ayer.

Y visto lo recordado, habría agradecido un olvido más.

Va a ser difícil que borre de mi mente el recuerdo de un gorila matando de la peor manera a un tigre para casi inmediatamente después tropezar y terminar empalado en un tronco seco de por ahí y en plena agonía mortal parir un caballo. Felizmente desperté antes de ver el alumbramiento en su totalidad, pero digamos que una cabeza de caballo asomando por donde nunca debería asomar, es suficiente para un trauma de regular duración.

Pasado el susto, consulté a mi amiga sicóloga sobre el por qué mi cerebro procesó un escenario tan perturbador como ese. Ella se limitó a responder “estás estresada boluda, pasáte la manito o sobate con alguien, te urge.”. Pasando por alto su marcado acento de Punta del Este (que me encanta), me di cuenta que equivocada no estaba en lo del estrés ni en lo de urgir, pero eso significa que tal vez deberé acostumbrarme a estos sueños.

Pues no hay mandala que me quite el estrés ni cuerpo que me alivie la urgencia.

Sí, el sueño vino con canción de fondo....