jueves, 25 de mayo de 2017

Momentos para aprovechar

Camino por la calle, con la garúa dándome directo a la cara, no siento frío, no siento calor, cierro los ojos, camino y aspiro fuerte, fuerte.

Claro, alguien diría que hacer eso en una de las avenidas más transitadas (y medio peligrosa) de la ciudad es una invitación a la fatalidad, pero cuando andas en plan despreocupado y dejan de importarte algunas cosas, la buena estrella te acompaña.

La buena estrella debe haber encontrado algo distinto en mi aquella mañana, puesto que decidió seguir conmigo un rato más, esta vez mientras disfrutada de un cafecito en medio de las aburridas diligencias que me tocaba realizar: aprovechando el silencio de la recepción en cierto edificio gubernamental, se me ocurre ponerme los audífonos y esperar lo que me depare el shuffle, a riesgo de espantar a la buena estrella. Pero el astro puede con todo y me suelta la mejor versión de Not my idea, coronando así un momento particular y ridículamente feliz.

Continuando con el día, me dirigí al último destino de la mañana, el más pesado de todos, esperando un resultado poco favorable a mi causa.... Pero nada, la buena estrella se quedó a mi lado mientras era la orgullosa receptora de unas escrituras que ocuparon un año entero de trámites, subsanaciones, plazos vencidos y tantas cosas desmotivadoras más que, al rememorarlas mientras firmaba los cargos con mano temblorosa, me emocioné al punto de olvidar mi número de identificación personal, nada que una risa estúpida/nerviosa no pueda campear.

Viendo el desarrollo del día, me dije que no estaba demás tentar un poco al destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan, animándome a entrar a una casita de apuestas. ¿El resultado? Pude salir de aquel lugar con el pasaje de regreso, no me quejo.

La buena estrella sigue conmigo.


Así de linda es....

lunes, 22 de mayo de 2017

Con el café al lado

¿Qué talento especial tiene la gente feliz? Yo sé lo que es, pero no puedo aplicarlo, está en contra de mi naturaleza.

Le doy mucho valor al tiempo, pero en el sentido equivocado. En lugar de disfrutar el momento, me angustio pensando en que pronto se acabará, saco cuentas, me programo y nunca puedo relajarme por completo y aprovechar el más mínimo detalle. El tiempo se termina, es hora de despedirse y es ahí que caigo en cuenta de mi error. Ni para la foto.

El único sitio donde no sucede eso es en el trabajo, donde el tiempo transcurre espantosamente lento y son contadas las ocasiones en que el día se me pasa volando, tal desconcierto me genera que salgo de la oficina a paso de Gene Kelly bailando bajo la lluvia.

La gente feliz no tiene ese problema, la gente feliz pasa por la vida exasperando a los demás miserables que no podemos entenderlos y envidiamos su felicidad, la gente feliz es consciente de muy pocas cosas y esa abstracción es la que los libera de las preocupaciones mínimas.

Todo esto me pintaría como una persona racional y a los felices como, prácticamente, locos. Pasa todo lo contrario, puesto que a sabiendas de lo que necesito y lo que debo hacer, opto por ignorarlo y ser yo la de las locuras que me generan satisfacciones momentáneas que se acaban al rato. Como perder media mañana escribiendo esto, garantizándome un sobretiempo en la oficina que no será remunerado.

¡Chin!

jueves, 18 de mayo de 2017

jueves, 11 de mayo de 2017

Garbage's lessons (3)

Lesson three

Dicen que nadie se conoce mejor que uno mismo, pero, en mi caso, estoy casi segura que fácil hay una o dos personas que me conocen y hasta predicen mis siguientes pasos con mayor precisión que yo.

Excepto para el sexo.

Acá se da una extraña definición de “vasta experiencia limitada”, puesto que practicar sexo lo he practicado y bastante; por tanto, adquirí experiencia del acto. La limitación viene a presentarse por la cantidad de participantes con los que he compartido faenas horizontales: dos. Y como para darle algo más de realce al asunto, son personas de ambos géneros, uno más que otra, sí, pero cuenta igual, vivimos en democracia.

Hasta antes de empezar, cargaba, como much@s, el complejo aquel de que el sexo es sucio, un mal necesario para la reproducción humana y que sólo debería practicarse dentro del matrimonio. Una vez reprimidas, a medias, aquellas taras, quedaba el tema de los otros peligros que acarreaba el sexo si no se practicaba con responsabilidad: infecciones, embarazos y experiencias traumáticas que me alejaran definitivamente de las lides por temor a repetirlas. Habiendo investigado y teorizado bastante sobre lo que podía y no debía hacer, se podía decir que estaba lista para aventurarme, pero aún quedaba un pequeño detalle al aire. No había con quién.

Si bien, desde que empecé a pensar en sexo, tuve muchas ganas de experimentar, tenía mi lado romántico-conservador que me decía que sólo debía ser con alguien especial y no como deporte, actividad favorita de vari@s que, supongo yo, lo hacen por un tema de andar en la búsqueda constante del colaborador eficaz. Transcurrían los años, las amigas ganaban terreno y el “alguien especial” no se asomaba ni de chiste, así que empecé a plantearme la posibilidad de declararme frígida o mandarme con el primer incauto que apareciera y que me animara siquiera un poquito a darle curso. Y sucedió el milagro.

Definitivamente me considero afortunada, en parte, por mi historia particular. He oído, a veces con pena, otras con horror, historias nada felices sobre las primeras veces de la gente, las mismas que resultaban nada placenteras y que replanteaban muchas cosas en las personas involucradas. Claro que también hay las historias divertidas con gente que decidió no darle relevancia al asunto y que con el paso del tiempo fueron aprendiendo y disfrutando del sexo como debe ser.

En mi caso sumaron varios factores, los meses de antelación con el potencial candidato me fueron convenciendo que aquel era el “alguien especial”, su experiencia previa me auguraba buen trato y, por si fuera poco, me encontraba irremediable y culposamente enamorada, no había mucho (nada) que pensar. Fue ahí donde acumulé experiencia tanto por frecuencia como por variedad de repertorio, raramente nos imponíamos límites y llegamos a estrenarnos mutuamente con varias cositas.

Viví la solución de la revolución, como dice mi adorada Shirley….

True love is like gold
There's not enough to go around
But then there's god and doesn't god love everyone?
Give me a choice
Give me a chance to turn the key and find my voice
Sex is not the enemy



jueves, 4 de mayo de 2017

Oldie but goldie

He iniciado un “proyecto”, con socia y todo.

Soy muy nostálgica y añoro todo lo que en algún momento me hizo feliz o me hizo pasar buenos momentos. No desecho ningún recuerdo, todos los voy almacenando, listos para aparecer en el momento menos pensado (y más inoportuno, en algunos casos) y darme un golpecito de añoranza por lo vivido en tiempos más fáciles.

Es así que tengo mi radio web, la que está todavía en versión primitiva, ya que por algo se empieza, pero que me ha llenado de buenas vibras, me mantiene en la búsqueda casi constante de canciones olvidadas que fueron grandes éxitos en su momento y semana tras semana gana nuevos seguidores, gente extraña de todos lados que tiene afinidad con la música que dominó durante las dos últimas décadas (1990-2010). Las últimas que han valido la pena.

Debo decir que no es tarea fácil, la cantidad de alcohol consumida durante esos años, básicamente en mis veintes, ha destruido neuronas importantes y llevado a un lejano rincón de mi mente las canciones que instantáneamente me transportaban a mañanas soleadas sin ninguna obligación por delante, a jingles radiales que una tarareaba inconscientemente, a inocentes momentos de tensión cuando grababa en casete la canción que me gustaba, rogando que el DJ de turno no la malograra metiendo su voz al final.

La distribución de la música ha sufrido cambios considerables en los últimos tiempos, de pronto ya no es tan rentable la venta de discos, los álbumes se descargan directamente, la piratería cibernética hace su agosto y muchos de los artistas generan ganancias a través de sus conciertos. Todo pinta mal, igual que la calidad de lo ofrecido, puesto que no tengo artista o banda aparecidos en los últimos diez años que me encandile como los de antes.

A estas alturas, ya soy una ferviente creyente del “todo tiempo pasado fue mejor”.