No hay bajón, todo está bien, todo está muy bien.
¡Cómo no estarlo después de haber visto a la diosa de carne
y hueso que es Shirley Manson! ¡Cómo no sentirme en la gloria al haber tenido
un contacto visual directo por milésimas de segundo! ¡Cómo no tocar el cielo
mientras la oía hablándonos a todos sus incondicionales! ¡Cómo dejar de sonreír
cuando ella se entregó por completo durante sesenta minutos!
Claro, “sólo” sesenta minutos pero que condensaron lo mejor
de la banda y compensaron con creces los años de espera que much@s tuvimos que padecer.
Y digo padecer porque Garbage genera sentimientos tan fuertes y viscerales que
se reflejan en nuestra forma de ser, en nuestro día a día e incluso en nuestros
cuerpos. Y que la banda misma refleja en sus canciones de amor/desamor, rebelión
y aceptación de uno mismo.
Siento algo de celos al ser consciente que no soy la única
con esta fascinación/obsesión, ya que he presenciado, desconcertada, arrebatos
provocados por la banda en polémicas desatadas entre fans por lo que una
creería que es un comentario inocente. “Intensidad” como diría cierto DT.
Hoy se cumple un mes del espectáculo de mi vida y me pasa lo
mismo que cuando intento rememorar mi “primera vez”. No recuerdo hechos,
gestos, comentarios…. Todo se resumen a lo que sentí, que eso lo recuerdo muy
bien: mi piel vuelve a escarapelarse, mi respiración se acelera, mis ojos se
iluminan, el corazón pareciera salirse de su sitio y toda yo anhelo
transportarme en el tiempo.
Hace un mes, la vida, la tan vilipendiada vida, me demostró que los sueños sí
pueden hacerse realidad. Y que puedo ser feliz.
