sábado, 30 de agosto de 2014

Hip hip

Es un poco difícil que mis amistades compartan mi gusto por la combinación cerveza/buena conversación/piqueos/música-para-escuchar-más-no-para-bailar.

Y cuando por fin creí encontrar una buena compañía para ese agradable pasatiempo, resultó que no me duró mucho porque ambas nos volvimos estúpidas. No me quedó más remedio que volverme aficionada a llegar a mi bar favorito, sentarme en la barra, pedir una cerveza grandota para mi solita y llenar el crucigrama del día.

Para despejar el cerebro, lleno de tanta mierda....




viernes, 22 de agosto de 2014

Mira por dónde....


Recuerdo muy bien el terror que sentí cuando llegó el momento de contarle a mi papá el verdadero motivo de su citación a mi colegio. Esperé al último minuto para contárselo, estábamos ya camino a la oficina de la dirección y de paporreta le solté la historia, tan de paporreta fue que me entendió mal porque recién se enteró cuando se lo dijo mi auxiliar y volteó a mirarme con expresión dolida y yo me quedé paralizada porque esperaba una reacción furibunda. Luego pensé que se estaba conteniendo porque estábamos en un lugar público y no convenía hacer escándalo “ya será en la casa”  me dije para mis adentros.

En casa fue expresión dolida más palabras de reproche, más lágrimas de mi mamá, más lágrimas de hermana mayor, más la lectura de sentencia que consistió en cero televisión y cero salidas. Sinceramente la saqué barata. Luego me puse a pensar en la sorpresiva reacción de mi papá, fue mucho más comprensivo de lo que imaginé y hasta me dio algunas palabritas de consuelo cuando mi madre me retiró la palabra por unos días, definitivamente fue más de lo que creía merecer.

Han pasado dieciséis años de aquella historia y ayer vino de golpe cuando lo oí cantar bajito una canción de Los Panchos que hablaba de la bendición de amar y ser correspondido, no podía ser más oportuno pensé…. Me acerqué a la mesa, me senté frente a él y comencé:

“Pa’, tengo un problema que comenzó hace cinco años más o menos….”

En la vida habría pensado contar algo tan personal a alguien de mi familia, mucho menos a mi papá. Ayer buscaba a alguien que pudiera escucharme sin miradas de reproche y no supe a quien acudir. Resignada fui a casa a esperar el momento de acostarme y desahogarme con la almohada, no contaba con el golpe de inspiración suicida que tuve y sentí que desde ayer por fin tengo a alguien que sacará cara por mí.




jueves, 21 de agosto de 2014

Sentido contrario

Tuve la errónea impresión que había logrado progresos significativos en el proceso de madurar y convertirme en toda una adulta con derechos y responsabilidades. Pero algo me dice que a la gente madura no le pasa que tiene un traspié y empiezan a sentir que todo está cuesta arriba…. Y es así como me siento ahora.

Me dejé llevar por el optimismo al creer que mi vida transcurría entre familia, amig@s y trabajo, que ciertas presencias traían alteraciones que eran bienvenidas a mi rutina diaria, que era capaz de dejar de lado lo negativo que hubo antes. Pero resulta que un mensaje, una llamada, pueden alterar tanto mi burbuja turbia que yo me quedo chaqueta, intentando recapitular y empezar desde cero.

Algunas cosas no deberían afectarme ya, pero siguen ahí fastidiando la tranquilidad que consigo de cuando en cuando, la emisora pareciera saberlo porque hace hincapié en esos hechos,  reiterando una y otra vez lo jodido que es todo como si yo no lo supiera. Un poco sádico el asunto….

lunes, 18 de agosto de 2014

Lo que sale....


Me encuentro aquí trabajando (sí, trabajando) mientras escucho un especial que promete: veinticuatro horas de canciones de los 90’s.

Ayer tuve uno de mis sueños recurrentes, ella reprochándome y yo disculpándome. Al principio yo coincidía en el desarrollo de los mismos, en verdad me había portado muy, muy mal e hice cosas estúpidas y dañinas; pero he ido cambiando un poco y, para bien o para mal, ya no tengo esa compulsión de asumir absolutamente todo lo malo, de hacerme responsable de los desvaríos de los demás…. Me equivoqué y lo admití mil veces ante ella, pero parece que no ha sido suficiente.

Mil disculpas dadas y ninguna recibida, de pronto invadida por una furia contenida me doy cuenta que nunca fue capaz de reconocer su error/traición, a estas alturas no sirve hablar de quién se equivocó más y quién menos, ambas fuimos responsables del curso de los hechos y no podremos avanzar (obviamente cada una por su lado) sin reconocerlo conscientemente. Tal vez ella ya lo hizo y simplemente se le “olvidó” mencionármelo.

Ahora que la distancia se ha impuesto voluntariamente, puedo ver la magnitud de mis acciones, sin agregados ni omisiones, darme cuenta del daño que hice y me hicieron, dejando el drama (que hubo en exceso) y esperando librarme de esa carga. Miro mi historial y me doy cuenta que la inexperiencia jugó en mi contra, involucrándome en cosas que estaban fuera de mi alcance, jamás me puse en primer lugar cuando eso debió ser prioritario, creyendo con profundo idealismo que los sentimientos eran más importantes que todo y pasando por encima de otr@s sin importarme las consecuencias.

Todo esto me pinta como una maldita egoísta, pero no fue tanto así. Fui muy estúpida, muy confiada y muy inocente, me traicioné al dejar de lado el enorme valor que le daba a la amistad y para poder superarlo, debo perdonarme y perdonar. Me equivoqué y nada de lo que haga cambiará ese hecho, entonces digo “hasta aquí nomás”….

Esto debe ser más que simple casualidad, estaba pensando en que no recuerdo su número y viene de pronto a escribírmelo en un mensaje más que confuso, creo que quiero pecar de imprudente y soltar todo esto para, por fin, liberarme. Dice que si queda algún buen recuerdo, cerremos este tema, no podría estar más de acuerdo…. El problema vendría a ser que ya no creo estar en la capacidad de almacenar buenos recuerdos en mi mente. No de nosotras.

martes, 12 de agosto de 2014

Cuando llora mi teclado


Si pensaba que releer correos antiguos iba a mejorar mi estado de ánimo, pues estaba muy equivocada.

A menudo hago una crítica encendida contra las personas que escriben sus cosas en las redes sociales sin el más mínimo respeto por la ortografía y demás vainas: parecieran no conocer las mayúsculas, les causa una flojera infinita escribir las palabras con todas sus letras, encuentran útil los signos de puntuación pero sólo para hacer emoticones, deciden que la “s” pasó de moda y la reemplazan con la “z”, todo esto de manera intencional puesto que no creo que no sepan que la manera correcta de preguntar algo es ¿por qué? y no xq?, pq? ni mucho menos x ke? .

Me han dicho que el medio por el que escriben permite ese lenguaje “informal” por decirlo de algún modo, que no están redactando una carta y que nadie va a ponerles nota, ya…. ¡PUES A MI ME MOLESTA! Siento que se me va cerrando el ojo izquierdo cada vez que veo esas cosas. Pero ayer casi me provocó una apoplejía cuando lo vi en correos que yo misma había elaborado.

Pues sí, digamos que el internet se apareció por acá de manera masiva a finales de los noventa e inicio del dos mil, transición entre base 1 y base 2 para mí. En 1999 descubrí la maravilla de la conversación directa en tiempo real, o sea, el chat y como la cosa no era con una sola persona, tenía que escribir al toque, las ventanitas se abrían una tras otra y no me daba abasto, a la mala tuve que aprender a abreviar arbitrariamente las palabras y a omitir algunas normas con el fin de poder mantener las 25 conversaciones sin problemas. Hasta acordé un encuentro con uno de los desconocidos que me conversaban, pero esa es otra historia que aún me sigue provocando ardores de vergüenza.

Claro, el chat no es un correo que te da tiempo de pensar lo que quieres decir y acomodarlo para que te quede bonito, escribes lo que te salga y ya. Pero como dije líneas arriba, casi me da un ataque al releer los correos escritos a mis cortos e inconscientes veintidós años. No sólo no utilizaba las mayúsculas, no me interesaban los signos de apertura de exclamación o interrogación, abusaba de los puntos suspensivos, los párrafos estaban ausentes por lo que todo salía en un solo paquete y me zurraba en las tildes porque daba por sentado que me iban a entender. ¡Ay! Eso sí, jamás sucumbí al terrorífico reemplazo de la “s” por la “z”, ese atentado al idioma es relativamente nuevo y mayormente atribuido a la horda amixer que pulula por ahí.

Y si así estuve por cómo escribía, peor estuve por lo que escribía. Casi me cuesta creer que sea yo misma, hasta me he planteado atribuirlo a un ente externo que me dominó por esa época, lo cual me permitiría mirar todo desde fuera y sentir vergüenza ajena por esa muchachita loca. Pero no debo engañarme, esto se soluciona con unos cuantos cabezazos a la pared, cinco cervezas, una margarita y el soundtrack de Kill Bill Vol. 2.

Good night moon, I want the sun….





Ahora sí.

sábado, 9 de agosto de 2014

Ficción

Mi versión de ficción, ficción convencional además.

Centro de la ciudad, cualquier ciudad.

Estación cálida, últimos días de verano o esplendor de primavera.

Música en mis oídos, de preferencia noventera.

Zapatillas cómodas, pantalón jean, polo azul de manga corta, cabello suelto.

Manos en los bolsillos, mirando a todos lados sin ver nada, cantando bajito, sensación de paz.

De momento el rumbo es desconocido, sólo una determinación de pasarla bien.

Vuelta a la esquina y veo a la primera persona que me ha quitado varias horas de sueño.

¿Me acerco? ¿Le paso la voz? ¿Paso por su lado como si nada?

Decido lo segundo.

Antes de abrir la boca, aparece la segunda persona que me ha quitado varias horas de sueño.

¿Me acerco? ¿Le paso la voz? ¿Paso por su lado como si nada? ¿Ignoro a la primera persona?

Decido ninguna de las anteriores.

Doy media vuelta, con la esperanza de no haber sido vista.

Y escucho mi nombre pronunciado por dos voces.

Giro sin saber muy bien a quien mirar.

Da igual porque no me miran, acaban de percatarse de sus presencias.

Roche, palta, papelón, trágame tierra y demás estupideces se vienen a mi cabeza.

Entonces atino a responder con una sonrisa, miro a izquierda, luego a derecha y siempre con la sonrisa.

Nadie me mira, nadie me devuelve la sonrisa, eso no debe ser bueno.

No estoy para aguantar niñerías, me voy.

A lo lejos escucho gruñidos, epítetos bastante subidos de tono y luego golpes.

A la mierda, me digo, y sigo avanzando.

Alguien me coge el hombro, extrañando mi spray de pimienta me doy vuelta y es él.

Por fin alguien me sonríe.

jueves, 7 de agosto de 2014

In


Cuando dije que el dique se rompió, fue en serio. He estado más llorona que de costumbre, lo cual ya es decir bastante. La culpa de todo lo tienen los cambios que se van dando alrededor y, muy a mi pesar, en mi.

Digo que tengo una vida aburrida pero, haciendo un rápido recuento, me doy cuenta que la mayoría de post hablan de mi, algunos de gente importante para mí y tres de palabras nuevas para mí. Cero política, cero deporte, cero actualidad, todo es sobre mí…. Claro, me digo, es mi blog y puedo publicar lo que me dé la gana pero tampoco quiero perder la capacidad de opinar y escribir sobre lo que pasa más allá de mi burbuja turbia. Y sin embargo creo que lo escrito hasta interesante resulta, es el ego.

Me he ido obsesionando con el descontrol, de pronto quiero que pasen cosas intensas y desbocadas que me hagan delirar: bien con la comida, alguna actividad extrema (como el origami), renunciar a mi trabajo y perderme en la selva alta, actuar por puro instinto dejando el cerebro en un rincón…. Cosas nada propias de mí, excepto eso del cerebro que para las imprudencias siempre anda ausente. Creo que he sido poseída por una de las personalidades múltiples que me acompañan desde los 17 años. Ya me jodí.




martes, 5 de agosto de 2014

Happy, happy, happy ♫

Veamos….

Esta locura empezó hace año y medio aproximadamente, cuando Delilah y yo le pedíamos a Maja que sea precavida y tenga a mano su pasaporte y unos tres mil dólares en efectivo para que ante cualquier eventualidad, se venga pitando a nuestro país. Lo recuerdo clarísimo, estaba debatiéndome entre el miedo y la emoción al saber que una de mis mejores amigas había tomado la importante y jodidísima decisión de casarse. Y desde ahí, el dique se abrió.
Cierto es que temía todas las responsabilidades que se le suelen atribuir a las damas de honor en las películas, pero Maja se encargó de ABSOLUTAMENTE todo y eso contribuyó a que el estrés entre Delilah, Joanne y yo sea menor…. Menor a un 250% porque cierto es, también, que a pesar de no asumir responsabilidades más que para nuestra indumentaria y “producción” pasamos las de Caín para poder presentarnos a EL evento de un modo decoroso y (de ser posible, ya que se supone que nadie debe opacar a la novia) dejar con la boca abierta a unos cuantos.
Oh, para llegar a eso tuvimos que pasar por muchas cosas por el simple gusto de complicarnos. Pero como este es mi blog, sólo detallaré mi tortuosa y finalmente gratificante experiencia.
Para empezar, estaba el hecho que Maja se iba a casar dejándome sola y desamparada (*), luego estaba el hecho de aceptar que para asumir el encargo de ser una de sus damas de honor debía llevar vestido, o sea enseñar las piernas, o sea el horror. Luego estaba el asunto del maquillaje, o sea aceptar que un sádico venga con sus brochitas de sombras a repasarlas malamente sobre mis párpados, que me aplaste las pestañas con un aparato calco del espéculo, que me ahogue con su base polvorienta y tantas otras cosas más que no rememoro porque luego empieza el dolor de cabeza. Y claro, depilación de ceja con cera…. De milagro no salí con media cara desollada.
¿Quién iba a decir que hacerse un vestido a la medida iba a ser tan jodidamente complicado? Cuando las damas nos decidimos a ir a la modista recomendada por la novia, faltaba algo menos de un año para EL evento, acordamos el color y eso fue todo. La segunda reunión fue pactada mes y medio antes de EL evento y dio paso a una serie de días de prueba, medidas cambiantes, modelos indefinidos y una permanente sensación de estrés que me acompañó hasta el último domingo.
Sin tener en cuenta que la semana previa a EL evento ¿mi gato? decidió dibujar caracteres chinos en mis pantorrillas lo que me obligó a usar unas pantis color piel que disimularan la tasajeada inconclusa, subí dos tallas y el cierre simplemente no cedía y vino la desagradable visita mensual que me iba a tener llena de analgésicos. Una verdadera vaina.
Pero finalmente nada de eso importó al ver a Maja feliz como nunca la había visto, verla tan feliz me hizo olvidar que estaba con vestido, maquillada y con el cabello tieso, olvidé el dolor de cabeza que me acompañó desde que abrí los ojos aquel día, olvidé los zapatos taco doce con plataforma y, por último, olvidé la sensación de egoísmo nunca admitido que me invadió cuando me enteré que Maja se iba a casar. Ella estaba (está) feliz y yo también.


*Nota Mental: Dejar de lado la autocompasión.