martes, 1 de diciembre de 2015

Lo que hay....

Si no me terminaba de creer la edad que tengo, entonces el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan se apareció para sacarme de mi burbuja turbia….

Opción más que tentadora la de independizarse, casi imposible de rechazar, ya que se dispone de un espacio propio que te convierte en ama y señora de tu diminuto universo sin tener que rendirle cuentas a nadie…. A nadie excepto al señor del alquiler, al correo que te llega mes a mes avisándote que te emocionaste un pelín con la tarjeta de crédito, al cajero del restaurante que ya sabe lo que pedirás de almuerzo con solo mirar el almanaque, a tu madre que a pesar de no verte todos los días te sigue prestando la lavadora, a la señorita que te llama al celular recordándote la deuda. Pero claro, llegar a casa a la hora que te dé la gana sin oír un solo reclamo, no tiene precio.

Y como si eso no fuera suficiente, está el lado académico que a estas alturas te ha hecho plantear seriamente traficar con tu cuerpo para agenciarte un ingreso extra…. Puesto que la vida no te regala nada (mucho menos un MBA o un PHD) tienes que ver la manera de equilibrar la balanza entre la vida que (según tú) te mereces y la vida que en realidad llevas, tratando que el resultado sea mínimamente satisfactorio y, como no lo es, de pronto te saltan las dudas de siempre, pensando en la poca utilidad de tu carrera y la corrupción que amenaza con devorarse poco a poco a tus idealistas principios.

Luego están las compras semanales. Las mismas que te hacen buscar cuanto descuento sea posible, leyendo la letra chiquita de las promociones y elaborando una hoja de ruta que te indicará el supermercado a atacar, mientras la nostalgia vuelve en forma de la alacena de la casa  de tus padres, la misma que siempre estaba llena de menestras, conservas, uno que otro cerealito, galletitas de soda y demás antojitos…. Mi realidad está graficada en sopas instantáneas y cancerígenas, lo único que soy capaz de hacer por mí cuando el dinero, malgastado en comida chatarra, se acaba.

Pero no todo pinta mal, soporto los embates con entereza y hoy no sucumbí ante la tentación de comprarme un tinte de cabello en oferta. Luciré las canas, que ya están apareciendo, con naturalidad…. O me las seguiré arrancando por las noches.

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