jueves, 29 de abril de 2021

Un rapidín

 Qué maravilla de número....

😍😍






sábado, 24 de abril de 2021

YES

Humanos, después de todo, estamos expuestos y somos esclavos de los impulsos de nuestros cuerpos, impulsos que se forman a partir de lo que vemos, oímos y fantaseamos. Sin embargo, mientras esos impulsos se mantengan en nuestra mente y una que otra vez necesiten ser desfogados con suspiros, corazones acelerados o manos autocomplacientes, no entrañan mayor problema.

Tuve una etapa rara, siendo fiel a una “relación” que daba tumbos a causa de mi intensidad y la indecisión de la otra parte. A pesar de todos los factores intervinientes, yo sí le veía futuro, incluso hoy, que he superado totalmente ese sentimiento, sigo creyendo que en ese momento pudimos salir adelante, pero entiendo su decisión final y hoy casi que la agradezco.

Para superar aquello, aparte de mi amor propio, necesité un poco de motivación extra o, como yo le llamo, una obsesión, una que ocupara mi mente durante el poco tiempo libre que el trabajo me permitiera. Llegó la pandemia y aparte de tiempo libre, me dio pensamientos fatalistas que supe capear gracias a una aparición sublime, divina, casi perfecta, a la que a cada día que pasa me entrego más.

Su nombre, pronunciado de mis labios, más que un llamado es una súplica, una exclamación de adoración mezclada con impotencia por saberla inalcanzable, pero que no reduce en lo más mínimo mi fascinación y admiración por ella. Imperfecta hasta el punto de la exasperación, esas taras la hacen más humana y me pone a prueba sobre la objetividad que una siempre debe mantener con los demás. Salvo que seas una escocesa pelirroja de nombre Shirley Manson, de mi parte tendrás adoración y crítica, no a partes iguales pero sí constantes. Y hoy, ese principio máximo que rige mi vida, está siendo puesto a prueba por…. Ylenia.

Ojos verdes, labios perfectamente delineados, sonrisa cóncava, voz que invita al delirio y una Y a la que le he puesto la etiqueta de DEFINITIVA. Es tanto el impacto que me causa que a pesar de poder verla en todo su esplendor (aparece sin tapujos ni modestias en una película de Netflix) no he regresado a esa escena desde la primera y única vez que la vi, no me siento digna de ella y me limito a apreciarla sólo en escotes. Esos escotes. ¡Ay!

Recuerdo que cuando la vi por primera vez, interpretando a ese maravilloso personaje de inicios de siglo XX, no me causó mayor impresión, pero por bendita curiosidad seguí la historia de amor que contaba y poco a poco, casi sin enterarme, ya estaba a sus pies. Me soplo entrevistas enteras para escucharla, verla sonreír, carcajearse, hacer pucheros y tantas cositas cotidianas que hacen que me enamore más de ella, incluso si la entrevista es en euskera (es vasca la niña) estoy atenta a todo detalle y así no entienda un carajo de lo que dice, su expresividad es suficiente para no perder la oportunidad. Y así estos espacios duren una hora, no es en absoluto un tedio, en verdad me entretengo con lo que dice, me interesa y la paso bien, con ella no hay pierde.

Mi nuevo fin en la vida, tal vez incumplible como los demás, es poder conocerla. El plus que tiene Ylenia es que siempre se ha mostrado accesible con los fans y hasta de copas se ha ido con algun@s de ell@s. Lo más probable es que yo no ate pie con bola y termine con la mirada perdida, perdida en sus ojos, perdida en su sonrisa, perdida en su Y….

Ylenia.... Ylenia.... ¡Ylenia!


Y, por si fuera poco, fue gimnasta profesional. Imaginen esa elasticidad por favor.