miércoles, 28 de enero de 2015

Empeño


Es un alivio saber que no estoy fuera de forma y soy capaz de leerme un libro de casi 900 páginas en un fin de semana, temía haber perdido ese interés y ser incapaz de experimentar placer con una nueva historia, nuevos personajes …. Casi una frígida.


Creo que mi idea de terapia alternativa vía El Borrador va a dejar de ser idea y convertirse en algo concreto, no quiero que un extraño escuche mis cosas y cuando quiero que una conocida lo haga pareciera que no me presta mucha atención…. Tal vez su táctica sea distraerme con otros temas o cortarme las quejas, pero bueno, lamento decir que no ha funcionado.


Ayer me dijeron que cierta actitud mía a la hora del almuerzo demostraba misantropía pura, yo me negué a eso argumentando que siempre me ha gustado hacer las cosas sola y evitar que la gente haga otras que despertaran mi lado neurótico que lo tengo bastante desarrollado. Aclaro, no es que odie a la gente, es que yo soy tan histérica que aguanto muy poco las cosas que puedan hacer a mi alrededor. No son ellos, soy yo.


Pero no puedo permanecer aislada, por lo tanto tengo que sociabilizar y eso no lo haría si detestara a todo el mundo…. Lo reconozco, que me dijeran misántropa me dejó picona y al hacer un recuento de mis actos no veo más que antipatía pura no exteriorizada. Pero mis incondicionales (casi) nunca me han fallado y soy encantadora con ell@s. Tengo una sobrina que me adora y yo muero por ella. Soy su Marceline (apodo) favorita y para mí es como una absolución a toda mi antipatía.

Tengo remedio, pero de momento me regodeo en mis vicios.

martes, 27 de enero de 2015

Trilogía de colores: Blanco



Siempre se lo relaciona con paz, pureza y todo lo bueno que hay en el mundo.


A mí me asusta mucho, desde que leí Ensayo sobre la ceguera (casi) todos mis temores a la oscuridad desaparecieron para darle un espacio al color blanco. Verte invadida por una permanente blancura genera ahogo, ansiedad y ganas de escapar…. Pero a donde vayas estará la blancura para envolverte.


Quien haya visto Cocoon y no se haya asustado al ver a esos seres sin dientes, ojos perturbadores y totalmente blancos está verdaderamente mal y yo lo postularía a próximo huésped de alguna casa siquiátrica. Punto aparte merece la guapa extraterrestre que tiene una muy muy interesante apariencia de humana que hace olvidar el espanto de las otras cosas…. Pero me estoy desviando.


Al igual que muchos otros colores, jamás vestiría de blanco, ya sé que hay un vestido en particular que muchísimas mujeres gustarían vestir y, de preferencia, una sola y especial vez en su vida…. No tengo mucho que decir al respecto, como escribí al principio, el blanco está relacionado con pureza y creo que yo no aplico mucho al asunto.

Siento un poco de antipatía porque muchas de sus acepciones positivas han sido en desmedro del color negro, casi como lo que sucede con el binomio diestro/siniestro. Sí, el color blanco tiene muchos lados oscuros y poco a poco los iré descubriendo.


lunes, 26 de enero de 2015

Trilogía de colores: Rojo


En rojo los números duran más.

Me gusta, pero no para vestirlo o calzarlo, simplemente me gusta. Me gusta como suena, me gusta cómo se escribe, me gusta lo que me hace recordar, me gusta porque es fuerte.

El rojo es un color que tiene una historia particular conmigo en libros, carros, luces y flores. Despierta mi ingenio.

Rodea los días de mi semana, identifica mis días favoritos (feriados y domingos).

Me alerta de mis errores ortográficos y también de los horrores.

Un color de alarmas definitivamente. Y que mi subconsciente hace parpadear constantemente.



miércoles, 21 de enero de 2015

Trilogía de colores: Azul


A veces el cielo, a veces el mar.

Desde que tengo uso de razón me ha encantado el color azul, así mi madre se haya esforzado en vestirme de rosado, amarillo u otros colores terribles, yo siempre me sentí más cómoda con el azul, lo veo y me tranquiliza.

Sé que hay gente que se dedica a analizar la personalidad de los demás en base a su letra, su nombre o su color favorito. No sé qué podría decir de mí, ¿Qué me deprimo con facilidad? ¿Qué me gusta el fútbol? ¿Qué no soporto los cambios? ¿Qué tengo imán para los problemas? ¿Qué soy bastante condescendiente? Finalmente todas son conjeturas, porque ya podría decir todo eso y que además me encantan los amaneceres y los postres dulces, que soy muy optimista y no deseo más que la paz mundial. Tonterías.

La fuerza de la atracción, no lo sé…. Mis tres equipos de fútbol favoritos tienen al azul entre sus colores, el jean es una prenda bastante útil y de predominante azul, los carros con ese color tienen más estilo. Pero como todo, tiene su contraparte, y es que jamás podría mirarle a los ojos a alguien que los tenga azules, imagen más perturbadora no podría haber.

Pero gana siempre el azul, forma parte de mis sueños, de mis anhelos y de mis fantasías, con presencia permanente durante toda mi vida.

Las declaraciones de amor suelen ser así, atolondradas. Amo al azul.



lunes, 19 de enero de 2015

Ansiedad de verano

Estoy cansada.

No quiero resignación.

No quiero rendición.

Quiero lluvia de verano.


viernes, 16 de enero de 2015

Neologismos Arbitrarios IV

Mientras cruzamos la frontera imaginaria de cordura/locura, dejamos de lado los pendientes que harían un poco más ordenada nuestra vida, pero como hemos nacido para vivir en el caos, los seguimos omitiendo en aras de la procrastinación.

También nos damos cuenta que las cosas ya no las disfrutamos como antes, en muchos casos mientras realizamos las actividades antes placenteras, ahora prescindibles. Pero seguimos haciéndolas por temor a dejar de ser lo que somos. Me niego a pensar o siquiera permitir que mi mente sugiera que el desgano es una cosa propia de la edad.

Acepto que los riesgos ya no se asumen como antes (muchos de ellos eran realmente estúpidos) pero seguimos metiéndonos en cosas complejas y no tiene nada de malo querer ser precavidos, es algo que me vengo diciendo desde hace un tiempo para calmar un poco a mi lado salvaje.

Hasta que me crucé con esta palabra…. La anhedonia podría resumir perfectamente mi estado actual: hay posibilidad de oír a una banda en vivo el sábado por la noche y lo único que pienso es si tendré tiempo de dormir antes porque de lo contrario nada ni nadie me sacará de mi casa. Rehuir de las conversaciones de a dos, manifestando fastidio cuando viene alguien a contarme sus penas habiendo sido yo la orgullosa portadora de la confianza de much@s. Pasar por la librería y no quedarme media hora revisando las novedades o los clásicos de siempre. La reproducción aleatoria que me hace pasar veinte canciones seguidas hasta encontrar una aceptable, con la consecuencia de amargarme y decidir estar en silencio.

Escrito irregular, escapándome un poco del formato autoimpuesto. Se supone que en la variedad está el gusto, aunque ya no lo sienta así.

jueves, 15 de enero de 2015

Mi color favorito es el azul....


Una serie de situaciones acontecidas en un mes caótico…. Es para dejarte con el alma inquieta y la cabeza desordenada.

Tenía una pasión medio oculta, medio prohibida. Medio oculta porque sólo la conocen cuatro personas, cinco si la contamos a ella, seis si me contamos a mí, medio prohibida porque sólo una persona no se escandalizaba con el tema (eso da un porcentaje por debajo de la media, pero dejémoslo ahí). Creía que era una pasión muerta, pero hoy me desperté de un sueño bastante perturbador que daba rienda suelta a esa pasión.

Es muy raro, puesto que hace bastante tiempo decidí no verla con los ojos de la lujuria, hace unos meses decidí darle su verdadera dimensión y, a partir de eso, sacarla de mi mente. Cosa imposible esto último, pero al menos tratar de no pensarla o soñarla como hoy. Sé que será cosa de tiempo, procuraré no darle más vueltas (aparte que dándole vuelta no puedo hacer mucho) y pasará.

Luego está el otro sueño, soy persona de incontables errores, no sé si tendrán remedio, no sé si el daño será resarcido, no sé si las heridas sanarán, no sé si llegaré a ser feliz…. Pero eso al subconsciente le importa un carajo, trabaja a mil llevándome a cometer locuras que se disfrutan pero que terminan complicándome porque la vida no se configuró para aceptarlas, porque nunca hubo un momento de sosiego, porque no bastó decir “sí, quiero”, porque el “no puedo” ganaba casi siempre. Y que me ponga así de melancólica por un simple sueño.

Un simple sueño que reflejaba lo constante que era la inconstancia de mi historia, que al momento era increíblemente perfecta, pero luego venían las jodas de siempre, inevitable sentir la tristeza, la necesidad de la presencia, la imposibilidad de tenerla…. Un sueño que se da cada cierto tiempo, pero que hoy tuvo más realismo que veces anteriores.

Ni la Y me sacará de mi pequeña agonía.



miércoles, 14 de enero de 2015

Sin respiro

Recordando tu expresión, vuelvo a desear esas noches de calor, llenas de ansiedad. Sofocado por el sueño y la presión, busco un cuerpo para amar, la distancia va perdiendo su espesor, pronta entrega por favor.... ♫ 




Y a suspirar....

lunes, 12 de enero de 2015

Abstinencia....

Mi personalidad tiene muchas contradicciones. Paso de ser una furibunda peatona que reacciona ante un evidente abuso de algún conductor a una timorata hija que no le quiere decir a sus papás que jaló un curso (actualmente es la timorata asistente que no le quiere decir a su jefe que olvidó hacer las declaraciones tributarias desde octubre). Valiente/cobarde es una contradicción que saltea temerariamente la frontera entre cordura y locura.

Sin embargo me estoy desviando un poco hacia lo segundo, con la consecuencia rara de los remordimientos.

Había cambiado el semáforo hace 10 segundos ya, sin embargo el conductor hizo caso omiso de la luz roja que le indicaba “oe, frena” y la cruzó. Yo, aprovechando que el carro andaba con todas sus ventanas abiertas, le solté un sonoro “¡HIJO DE PUTA!” que ni siquiera liberó en un 5% la impotencia y rabia que sentí ante semejante abuso. El carro siguió su camino y terminé de cruzar la pista, o eso creía: cuando llegué a la acera me percaté que el carro había casi frenado, supuse que en un intento de responder mi airado reclamo, finalmente decidió continuar su camino y aceleró la marcha…. Lo hubiera considerado un triunfo moral de no haber sido porque en aquel momento me percaté que en los asientos traseros viajaban dos niñas y una señora mayor que llegaron a mirarme con expresión de desconcierto. Lo que he asumido hace unos 10 años como conciencia, me indicó que a lo mejor se trataban de las hijas y madre, respectivamente, del irresponsable chofer; traté de convencerme que era una lección para el conductor puesto que así lo pensaría mejor antes de saltarse una luz roja, sin embargo me quedó la sensación de haber sido excesiva e innecesariamente brusca al expresarme, que los acompañantes no tenían culpa y salieron con las orejas enrojecidas.

La calma y mesura me abandonaron cuando a mi jefe se le ocurrió responsabilizarme de un documento que él mismo aprobó y firmó, simplemente no quise asumir culpas ajenas y  ante tanto maleteo de su parte, haciendo hincapié en mi supuesta negligencia, exploté y le dije que yo no estaba loca para mandarme con un escrito por mi cuenta, que él tampoco puede librarse de la responsabilidad porque lo leyó antes de firmarlo, que no iba admitir siquiera que dijera que era un error compartido porque nada de lo que decía el maldito documento salió de mi cabeza y por último lo que se decía ahí no era tan grave y mi jefe estaba armando un drama por las puras, yo me había limitado a ordenar sus ideas y adecentarlo para que pueda ser presentado…. Finalmente el asunto quedó ahí, días más tarde supimos que nuestro escrito no tuvo consecuencias negativas, que tanta aprehensión fue en vano y que salimos, como yo había vaticinado, bien parados del tema. Situaciones parecidas (pero nunca tan intensas como la primera) han seguido, pero ya me queda la sensación de que fui demasiado vehemente al defenderme, que tener la razón no es suficiente cuando hay que enfrentarse al jefe, que nunca se debe perder la compostura. En fin, esa supuesta conciencia me ha suplicado que me tranquilice, que sólo conseguí un triunfo pírrico que me desgastó emocionalmente, que ni habiéndole soltado un “se lo dije” a mi jefe hubiera mejorado mi ánimo.

He tenido varias situaciones de extrema ofuscación y ya me está preocupando un poco, no puedo seguir en plan rabioso porque no faltará el momento en el que me cruce con alguien más violento y pague las consecuencias con un abuso mayor al que haya despertado mi lado iracundo, necesito (necesidad vital) sosegarme, necesito ver las cosas con una perspectiva menos arisca, rodearme de cachorros y muchos peluches de vaca.

¿Cuál sería el origen de mi repentina violencia? Aparte de lo que me indique el sicólogo que todavía no visito, yo he encontrado una coincidencia entre mis episodios sicóticos y la decisión de dejar la Coca Cola hace ya casi dos meses. La falta de cafeína, azúcar y algún otro químico nocivo que hacen tan exquisito a mi corrosivo favorito me están pasando factura. Sin embargo mi panza, mi falta de aguante al correr y los siete kilos de más que indican la balanza tomaron la decisión por mí, abandonando así a la Coca Cola y otras chatarras de las que me confieso adicta. Sí pues, vivir sano hace daño.