Me dirigía a una librería del
Fondo de Cultura Económica buscando la última edición de Summerhill, mientras mis audífonos reproducían O zittre nicht, mein lieber Sohn. Me
detuve un momento en la entrada y me di cuenta de lo peculiar de la escena….
¿qué pasó conmigo?
Qué feliz era cuando iba por mi
cuenta al Centro de Lima a gastarme mis míseras monedas en libros piratas y de
segunda, siguiendo el consejo de mi padre al revisar que estén todas las hojas,
cuidando que no haya una polilla invasora, cerciorándome que ninguna marca del
dueño anterior esté presente y evitar remordimientos. Me emociono cuando
recuerdo el día que salí de Quilca con una edición pirata de Harry Potter y la Orden del Fénix,
leyéndome 100 páginas de tirón mientras cruzaba la Plaza San Martín, no podía
con las ganas de saber más y más; claro que recibí varios bocinazos de conductores impacientes, pero nada me importó…. Algo parecido me sucedió con mi
Lolita de segunda mano, pasta dura
además, que me hizo llorar de angustia tumbada en el mueble de mi sala y que me
duró un par de horas porque ya la había avanzado mientras regresaba a casa…. Narraciones Extraordinarias, Lo bello y lo triste, Las flores del mal, Ensayo sobre la ceguera y
otros tantos más fui adquiriendo siempre al margen de lo que se considera legal
o aceptado por la entidad tributaria chupasangre de rigor. Qué feliz era.
Comencé a trabajar y a recibir la
remuneración respectiva, lo que trajo algo parecido a la conciencia, ya no me
sentía tan bien al comprar libros piratas, estando el mundo editorial en plena
crisis, fue así que con el dolor de mi corazón y de mi bolsillo, empecé a
comprar sólo libros originales…. ¿Qué significó ese cambio? Pues que mis
compras literarias disminuyeron ostensiblemente y me tuve que conformar con lo
que encontrara en internet (si tenía suerte), las ferias de libros (cada vez
menos baratas) y las ofertas que sacaban muy de vez en cuando las librerías.
Si bien el panorama se muestra medio desalentador,
me animo al pensar que situaciones como la que mencioné al principio hacen la
diferencia y mi idilio con los libros continuará por mucho tiempo…. Como cuando
pagué más de la cuenta por un libro de cuentos, sólo porque era traducción de
Cortázar y prólogo de Vargas Llosa.
