viernes, 8 de mayo de 2015

Lomo grueso

Me dirigía a una librería del Fondo de Cultura Económica buscando la última edición de Summerhill, mientras mis audífonos reproducían O zittre nicht, mein lieber Sohn. Me detuve un momento en la entrada y me di cuenta de lo peculiar de la escena…. ¿qué pasó conmigo?


Qué feliz era cuando iba por mi cuenta al Centro de Lima a gastarme mis míseras monedas en libros piratas y de segunda, siguiendo el consejo de mi padre al revisar que estén todas las hojas, cuidando que no haya una polilla invasora, cerciorándome que ninguna marca del dueño anterior esté presente y evitar remordimientos. Me emociono cuando recuerdo el día que salí de Quilca con una edición pirata de Harry Potter y la Orden del Fénix, leyéndome 100 páginas de tirón mientras cruzaba la Plaza San Martín, no podía con las ganas de saber más y más; claro que recibí varios bocinazos de conductores impacientes, pero nada me importó…. Algo parecido me sucedió con mi Lolita de segunda mano, pasta dura además, que me hizo llorar de angustia tumbada en el mueble de mi sala y que me duró un par de horas porque ya la había avanzado mientras regresaba a casa…. Narraciones Extraordinarias, Lo bello y lo triste, Las flores del mal, Ensayo sobre la ceguera y otros tantos más fui adquiriendo siempre al margen de lo que se considera legal o aceptado por la entidad tributaria chupasangre de rigor. Qué feliz era.


Comencé a trabajar y a recibir la remuneración respectiva, lo que trajo algo parecido a la conciencia, ya no me sentía tan bien al comprar libros piratas, estando el mundo editorial en plena crisis, fue así que con el dolor de mi corazón y de mi bolsillo, empecé a comprar sólo libros originales…. ¿Qué significó ese cambio? Pues que mis compras literarias disminuyeron ostensiblemente y me tuve que conformar con lo que encontrara en internet (si tenía suerte), las ferias de libros (cada vez menos baratas) y las ofertas que sacaban muy de vez en cuando las librerías.

Si bien el panorama se muestra medio desalentador, me animo al pensar que situaciones como la que mencioné al principio hacen la diferencia y mi idilio con los libros continuará por mucho tiempo…. Como cuando pagué más de la cuenta por un libro de cuentos, sólo porque era traducción de Cortázar y prólogo de Vargas Llosa.