lunes, 19 de junio de 2017

(Des)cubriendo

¿Cómo fue que supe lo que es el amor?

Mi primera experiencia pasó por todas las fases conocidas: sufrí, me esperancé, lo negué, renegué de él, lo idealicé pero nunca lo confesé, no a la persona que me provocaba más que mariposas. Lo que aleteaba dentro de mi ya tenía dimensiones de albatros, aunque igual de triste que el poema.

Qué podía saber del amor, si bordeando la base dos no había besado a nadie y mi único interés en una persona de carne y hueso fue tan absurdo que, hasta yo, con mi ignorancia de escolar alborotada, me encargué de olvidar ese absurdo que no duró más de una tarde.

Pero todo cambió de un momento a otro, contando con dieciocho años nada me preparó para la contundencia con la que fui noqueada. Ya la había escuchado cantar antes, pero aquella tarde, con su versión particular de Promises, esa canción sonó para mis oídos por primera vez con el único e involuntario propósito de hacerme perder la cordura, parte de ella al menos.

Padecí los efectos de aquel afecto, resignándome desde un inicio a la no correspondencia, puesto que encapricharme con lo contrario hubiera significado una pérdida aún mayor, lo que me sumiría en la peor de las miserias. Así de trágica era, nada diferente de lo actual.

Tuvieron que pasar sus pocos años para poder superar esa primera y frustrante experiencia, la que  no me dejó ni una puñetera enseñanza, puesto que en la segunda parte de mi historia particular, cometí todos los errores que pueden caber en un romance y más.

Procuro no desfallecer,  mantengo la esperanza de que esta descocida encuentre a su rot@.

viernes, 16 de junio de 2017

Y mira a la izquierda....

Para los casi cinco años de vida que tiene este blog, y comparándolo con estadísticas que presumo generosas en otras publicaciones, lo mío queda un tanto magro.

Pero viéndolo de otro modo, siete mil visitas es una cifra nada nadita desdeñable, un numerazo que ha elevado mi ego a niveles casi argentinos y me impulsa a seguir con mis imprudencias y tonterías, viendo además anónimos mensajes de gente que espera con ansias las siguientes publicaciones y hasta me propone temas. Me sonrojo con tanta e inesperada hinchada.

Si bien pude escribir con las mil, dos mil o tres mil visitas, celebrando mi alcance de cuatro dígitos, me reservé para los siete miles, por mi nada original inclinación hacia el 7 que tan bonito se ve en mi fecha nacimiento, en el dorsal de Harry Potter cuando juega quidditch, triplicada en las máquinas tragamonedas y siendo el cuarto número primo antes del once, detalle recién descubierto que une tres referencia numéricas en un vínculo muy apreciado.

Dicen que las fantasías son fantasías por su naturaleza irrealizable, sin embargo trato de reponerme a ello para no sucumbir en lo anodino, intentando trascender más allá de mi entorno, el cual, poco a poco y sin buscarlo, se va ampliando.

Debo procurar que la fama no se me suba a la cabeza, los sueños afiebrados no son aptos para (de)mentes frágiles.



martes, 13 de junio de 2017

Garbage's lessons (4)

Lesson four

Andamos todos crispados, muy crispados.

La culpa la tiene el introducir temas tan avanzados a nuestra limitada, pacata e intolerante sociedad, la que aún no desarrolla su lado empático y suele  tratar a las patadas a todo aquello que le perturbe o sea diferente.

Es así que tenemos en debate la mitológica “Ideología de Género”, la que según unos cuantos nostradamus, nos convertirá a todos en homosexuales, transexuales, intersexuales y demás, sin valores ni vergüenzas, pervirtiendo a nuestra inmaculada colectividad, imponiendo su doctrina (a lo secta religiosa) y pisoteando las buenas costumbres que siempre nos han caracterizado como país. Poco más que el infierno de Dante.

Y como debe ser, nuestros salvadores están en la lucha constante por poner al descubierto este lobby gay que busca introducirse sigilosamente en nuestros hogares, los enfrentan cara a cara y gritan a los cuatro vientos que #ConMisHijosNoTeMetas, #LaFamiliaEsPapáYMamá, #DiosCreóAdánYEvaNoAdánYEsteban y demás consignas/hashtag que alertan a la población y destruyen, con argumentos totalmente lógicos y debidamente fundamentados, que todo lo que difiera de su pensamiento es aberración y debemos mandarlos a la hoguera.

Pasa que ya no estamos en la Edad Media.

Pasa que ya sabemos que la Tierra es redonda.

Pasa que ahora tanto los rayos, truenos, centellas y demás cataclismos tienen su explicación en la ciencia y no en un dios castigador.

El miedo a lo desconocido genera intolerancia, odio y confusión. Basta que alguna autoridad deslice una iniciativa inclusiva, basta que la palabra “género” sea pronunciada en voz alta, para que los paladines de la decencia y valores morales salgan al frente y, cuales Panzers, ataquen sin piedad a los intentos por volvernos una sociedad desarrollada y humana. Humana.

¿Qué podríamos decirles a los chicos en formación? ¿Qué podríamos hacer con aquellos cuya naturaleza es calificada como anormal? ¿Cómo explicarles que el odio hacia ellos es totalmente gratuito e injustificado y que deben sobreponerse a ello sin desfallecer? ¿Cuántos más, que por sucumbir al rechazo y abuso, decidirán terminar con su vida? ¿Por qué debemos ceder ante los fundamentalistas que se amparan en una arbitraria mayoría para limitar los derechos de la (declarada) minoría?

Son preguntas que parecieran dejarnos sin esperanzas de un buen porvenir. Por suerte, existen personas con amplia tribuna que, en sus distintos espacios, transmiten mensajes de tolerancia, revolución y amor.

Por eso los adoro, admiro y amo.



sábado, 3 de junio de 2017

Día (de) C

Pese a ser mi día y a considerar que las horas de sueño mientras más sean, mejor, me despierto a las siete de la mañana. Quiero aprovechar el tiempo al máximo.

Culminado el ritual de preparación (duchada, vestida y peinada), cojo mis llaves, mi celular, los audífonos y me preparo para la aventura. Me dirijo a la estación de transporte público, espero un bus con asiento y voy directo (con varias escalas) a la última parada, he aprovechado ese tiempo para dormir, lo que me ayuda a superar el hecho de haberme levantado temprano. Un último trasbordo para dirigirme, ahora sí, a mi primer destino.

Empiezo con el desayuno, el cual consiste en unos imperialistas y huachafos hotcakes, acompañados con un café cargadísimo y caliente al que no le pondré azúcar…. No hay pierde. Si el estómago y el ánimo son los adecuados, me pediré un segundo café y huevos revueltos, cebo garantizado.

Aliviada de mi primera urgencia, salgo del restaurante con rumbo al malecón que hay cerca, pasando por un puesto de periódicos, me compro al decano del día y ya frente al mar, comienzo con la lectura al detalle, suplementos incluidos. Culminada la lectura, la cual estuvo interrumpida con unas cuantas revisadas al celular y sus aplicaciones esclavizadoras, decido que debo estirar un poquito las piernas, iniciando una caminata sin rumbo.

Pasando ya el mediodía, habiendo digerido por completo el desayuno, me provoca una cerveza helada, enrumbando a mi bar favorito, donde me atienden con algo de demora porque están con harta gente, algo poco usual por la hora pero que tiene explicación en el partido de mierda que empezarán a transmitir en minutos. Como hoy no me interesa en absoluto el fútbol, termino mi cerveza y salgo de ahí.

Es hora de almuerzo, pero el evento deportivo domina en casi todos los televisores de los restaurantes, mi única opción sería un local que vende comida árabe, pero mi paladar no olvida y sé que la carne de cordero súper condimentada no es lo mío, entonces decido volver a casa, dejando para más tarde lo que ya sería un almuerzo-cena.

Ya en casa, bordeando las quince horas, me provoca encerrarme en mi cuarto, bajo las persianas y me quedo dormida casi al instante. No olvido lo que hay más tarde, mi cuerpo me alertará a tiempo. Así sucede, despertando con un leve dolor de cabeza a las diecinueve horas, me desesperezo y después de una lavada de cara (mi cuerpo no aguantaría dos duchas en pleno junio), pasada furiosa de delineador en los ojos, vuelvo a partir.

Esta vez rumbo a un centro cultural que exhibirá una película francesa del año 1995, largamente esperada, ya que estoy en la búsqueda constante de proyecciones que muestren la calidad de una nueva obsesión: Isabelle Huppert. Como era de esperarse, salgo de la sala bastante satisfecha de lo visto, Chabela nunca decepciona.

Mi día está acabando, por eso me propongo tomar unas copas para cerrar con broche de oro este evento, mi bolsillo está atracador y me dirijo al bar especialista en chilcanos, bebiendo con la libertad de saber que no manejo vehículo alguno, que mañana es domingo y puedo levantarme tarde. Es tal la tranquilidad y satisfacción del momento que resulta casi obsceno.

Pero me lo permito, es mi día.