Muchas veces he pensado en
aquello, llegando a creer que la felicidad máxima se encuentra en esa
no-actividad. Y ayer mi dicha fue casi plena al descubrir que tanta maravilla
tiene nombre, por más acepciones siquiátricas que le den.
He encontrado en la clinofilia la
definición perfecta de felicidad, la que desarrollaría en la plaza y media de
mi cama si fuera este un mundo justo. Pero no lo es y sólo me toca idealizar o
rememorar tiempos idílicos, a veces en plaza y media, otras en king size, en
las que pasé horas de horas leyendo, comiendo, amando y, por supuesto,
durmiendo; cayendo en ese dulce aletargamiento en el que a veces te vienen
pensamientos felices o proyectos ambiciosos, los que nunca realizarás porque lo
tuyo es estar ahí, en la cama.
Evidentemente, pasarse el tiempo
acostado no es práctico, en algún momento tienes que salir, pero, ¿acaso no es
bonito fantasear sobre tu futuro en un cuadrilátero?, ya sea sola o acompañada,
con doseles, en tarima, sin cabecera, un colchón a secas, envuelta en edredones
para invierno, liberándote de las sábanas en verano, saltando para poner a
prueba los resortes, evitando dejar las piernas colgadas para que el Cuco no las
jale, improvisando carpas con las frazadas y tantas otras pequeñas actividades
que llenarán tu alma de gozo absoluto.
El mundo en el que estamos, el
que no es justo, te obliga a levantarte de la cama a padecer una vida llena de
responsabilidades absurdas y compromisos esclavizantes, haciéndote creer que el
trabajo y su remuneración monetaria (mísera en la mayoría de casos) son los
fines dominantes de nuestra existencia. Se la ha dado tanta mala fama al ocio
que cualquier momento de merecido relajo es tomado como tiempo perdido y te
señalan con el dedo.
Una muestra de ello es que una filia tan hermosa
como la clinofilia esté destinada a llenar páginas de medicina mental,
poniéndole como una de las consecuencias de la depresión y condenándola a una
etiqueta negativa en una sociedad como la nuestra, la que no necesita de mucho
para satanizar cualquier disfrute personal y a los desquiciados que estamos
dispuestos a ello.