Creo
que no me había pasado antes, pero en estos días me he identificado con la
heroína del libro de turno: casi que su historia la vivo yo, sus pensamientos
los mismos que pasan por mi mente, sus gestos los que se dibujan en mi rostro,
sus complejos los padezco y su tendencia a la perdición la mía. Mía. Claro que
se pueden trazar las diferencias, que son muchas también, pero la esencia de lo
que es y hace (o se deja hacer) es lo que me mantiene unida a ella, es lo que
nos hace una.
Si
su historia ha valido para un libro y la mía no, es básicamente porque hay
alguien que sabe/quiere contarla, porque el entorno que la rodea es otro y
porque, cuando se trata de comparar ficción y realidad, siempre me ganará la
ficción. Sería incapaz de ventilar mi historia hasta ese punto y eso sin tener
en cuenta que mi fantasía no dará para que alguna editorial se interese en
publicarla.
Pero
vayamos a otro punto en común y es el asunto de los “pretendientes” que andan
tras nosotras. En el caso de la ficción, son cinco los acechadores y en mi caso
podríamos hablar de tres y por ahí que cuatro si sumamos a un acosador de lo
más desagradable pero, por suerte, inofensivo. En la ficción sólo hay ojos para
uno de ellos y es fácil entender porqué, en la realidad también sólo hay ojos
para uno y es difícil entender porqué; aunque las cosas van cambiando poco a
poco y puede terminar en que sea otro el
que gane el partido por un contundente walk
over, habrá que ver.
Luego
está la pasión por la lectura. Mientras la ficción se decide por la literatura
clásica inglesa, yo ando suspirando, renegando, enfermándome y trasnochando por
la latinoamericana y algo de la contemporánea y ambas con la ilusión de
dedicarse al mundo editorial. Ella cumplió su sueño, yo no estoy segura de
conseguirlo. Una vez más, gana la ficción.
Puede
que la ficción impulse a la gente a hacer realidad sus ambiciones, yo creo que
la ficción lo que hace es llenar de frustración a los que intentan emularla sin
éxito o buscan inspirarse en ella. Leer no me da sueños de grandeza, tengo bien
clarito que lo que leo (salvo que se trate de una biografía) salió de la mente
de otro mortal con las mismas ansias de gloria y reconocimiento que yo, pero
mientras ese mortal busca la aprobación de miles o millones, yo me conformo con
que me lea un extraño de Polonia, Ucrania o Indonesia.
Tal
vez tenga más acosadores y no estoy enterada.
Y como para terminar la lista, también hay más gente en su interior.


