domingo, 18 de octubre de 2015

Queer

Mi lista de vicios: 
  • Primerísimo lugar para la Coca Cola en sus tres estados: sólido, líquido y gaseoso. 
  • Comida chatarra y una de las frases que más repito en mi día a día: todas las cremas, menos ají.
  • Los libros con el pedido que siempre hago y casi nunca obtengo: ¿nada menos señor? 
  • La música y su arbitrariedad: voy de der hölle rache kocht in meinem herzen a hoy voy a verte, voy a sentirte, voy a dejarte huellas en la intimidad sin el menor sonrojo.
  • El café y su versatilidad: frappé para el invierno y humeante en el verano.
  • Novísimo Candy Crush con la voz en off que me acalora, mientras exclama: Tasty! Delicious!
  • Porque lo laboral, tarde o temprano, te engancha: redactar las apelaciones mientras mi álter ego suelta sus carcajadas malignas.
  • Escribir, no necesita mayor explicación: para que me quieran más.
  • Soñar despierta y dormir pensando: porque la locura no es gratuita.
  • Discutir de política con hermana y papá: amenizamos los desayunos domingueros con sano intercambio de ideas (no nos derramamos el café caliente porque desperdiciarlo es pecado).
  • Garbage: Shirley Manson. 
Claro que tengo muchos más, pero la falta de práctica y el total desconocimiento sobre la política de Blogger al momento de censurar contenidos me hacen retroceder.

Feo síndrome de abstinencia.

lunes, 5 de octubre de 2015

AFyL

No podría decir que 163 centímetros son los suficientes para considerarme grande, pero bastaría compararlos con los 150 centímetros que cada una de mis hermanas tiene, para elevar mi ego; y si trasladamos el asunto al resto de entornos, los tacos ayudan bastante a sentirme una Gulliver del siglo 21, al menos estoy por encima del promedio. Requisito N° 1: Alta.

Mi hermana mayor-mayor es bastante parecida a mi madre, mi hermana mayor-menor tiene un poco de acá y otro poco de allá, mi prima hermana sacó los rizos de mi tío y mi otra prima hermana pasa como versión joven de mi tía; mientras, yo heredé la frente y mirada maniática de mi buen abuelo Andrés y cierto “relieve” de la familia paterna, sumado uno más otro, el resultado si bien no catastrófico, escapa de los estándares tradicionales. Requisito N° 2: Fea.

Apelo a la opinión que de mí tienen los sobrinos favoritos, al toque preciso que le imprimo a cada regalo, a la preocupación constante que tengo por el bienestar de los que quiero, a las miradas cargadas de cariño que les dirijo a la Buba y la Fendi y a los detalles que sé que sólo yo puedo darle a determinadas personas. Requisito N° 3: Linda.

Tal vez es una descripción arbitraria de mi parte, tantas cosas buenas no puedo tener, pero con admitirlo es suficiente. Estoy lista para bailar.