Vuelvo malamente a la teoría, ya que la
práctica, como antes, como siempre, me está siendo esquiva. Ya sea por mi
naturaleza introvertida, ya sea por el confinamiento, ya sea por la obligada
distancia que debemos mantener hasta no tener la cada vez más utópica inmunidad
rebaño.
Meses atrás escribía sobre una epifanía, una
que duró lo que demoré en deslumbrarme por una aparición inesperada que, intuí
correctamente, compartía mis gustos “recientemente” asumidos. Y así como vino, la
epifanía se fue, dejando al candidato a compartir mi vida, una vez más, fuera
de concurso, con la diferencia que esta vez se ahorró un rechazo de mi parte,
puesto que la aparición inesperada se hizo presente antes de siquiera retomar
contacto, siendo ahora un feliz ignorante de lo que estuve a punto de hacer(le).
¿Y qué pasó con la aparición inesperada? Lo usual,
como es en mi vida.
Nada.
Nada porque el trabajo siempre es un entorno complicado,
nada porque su posición subordinada a mí me hacía sentir una aprovechadora de
mierda, nada porque las voces de mi consciencia (así como la de Helena) me
hablaron de ética y demás tonterías, nada porque poco a poco fui descubriendo
detalles de su personalidad que hacían latir la vena de mi frente, nada porque en
más de una ocasión la he visto acompañada, aunque después (sin yo pedirle
explicación de ningún tipo) venga a decirme que es una amiga. Nada de nada.
Lo cual no ha evitado, malaya mi suerte, que el
contacto continuo me haga replantearme muchas cosas y fantasee de más con
situaciones cotidianas que mi mala mente se encarga de transformar en guiones
dignos del fanfic más subido de tono.
Hace unos días pude cenar-tomar-conversar con
Jesusa después de mucho tiempo, quedando un registro fotográfico que subí
inmediatamente al Twitter y que por las reacciones y comentarios hechos por mis
contactos (siendo que a la mayoría los conozco sólo a través de esa red social)
resultaba muy romántico todo, lo cual generó que me pusiera nostálgica. Y sí,
viendo la foto al detalle, el ambiente daba lugar a suponer que estábamos en la
celebración de algún aniversario o cosa por el estilo.
La experiencia vivida sólo me ha servido para
acelerar la aparición de canas. De empuje, decisión y arrojo, nada.
En mente dispersa, escrito disperso.
 |
| La postal "romántica" |