No sé si me rendí o resigné a la orfandad sentimental, si perdí la ilusión o asumí que la soledad era lo que más combinaba conmigo, que el historial turbio me había vencido sin siquiera presentar lucha... el asunto es que dejé que pasaran los días mientras me movía por el mundo sin nadie a mi lado izquierdo.
Así transitaba por el camino de la
intrascendencia sin enterarme que alguien venía observándome desde la
distancia, viendo en mi aquello que le generaba interés, apreciando eso que
tengo llamado personalidad y que al parecer le encanta, conociéndome en la
interna de un grupo maravilloso que supo acogerme y al que me pude acoplar de
una forma que jamás habría imaginado de un colectivo tan diverso.
No tenía idea de lo que se me avecinaba, cuando
una noche, en la complicidad que nos da su oscuridad y relativa calma, sin
venir a cuento y sin mayores intenciones, le pedí que escuchara una canción que
estaban pasando por la radio. Para mi buena estrella, no la conocía, así que
pudo sentir la emoción de la primera vez (de la que ya escribí un tiempo atrás)
de mi mano y así compartir un nuevo gusto más a los otros que poco a poco
fuimos descubriendo.
Tengo que reconocer que tiempo atrás vi una
oportunidad lejana, que la ilusión de “algo más” fue fugaz, pequeñita, casi
imperceptible, que me iba auto convenciendo que las coincidencias que descubríamos
no eran más que para afianzar la bonita amistad que ya teníamos; sin sospechar
que en su interior iba creciendo un sentimiento incontrolable que le llevó a
confesarme algo que yo estuve sospechando en días previos pero que igual me
negaba a creer. Escribo esto y mi corazón vuelve al ritmo acelerado que tenía
aquella noche, otra vez de noche, cuando dijo todo lo que llevaba dentro y que
ya no podía ignorar. Y le correspondí, por supuesto que lo hice, no podía ser
de otro modo.
De su mano he descubierto una emoción que creía
conocida pero que ahora me doy cuenta que no tiene absolutamente nada que ver
con la historia pasada, que es posible ilusionarse sin la preocupación por cómo
se hará para que funcione, que cuando hay verdadera confianza, la apertura
fluye de una forma tan natural que no necesitas aclaraciones ni topes porque ya
lo saben sin decírselo y, sobre todo y más importante, te das cuenta que lo
mereces, mereces que te quieran con todo lo sano, intenso y bonito que se pueda
dar. Eres capaz de interesar y más a otra persona por cómo eres sin traicionar
tu esencia y sin causar daño, de entregarle tus miedos e inseguridades sabiendo
que del otro lado encontrarás lo mismo y que se embarcarán a un aprendizaje
mutuo, desde la inexperiencia y la falta de costumbre, para quererse bien.
Me tendrá que perdonar la intensidad, pero no
puedo evitarlo...
Me encanta su voz, su risa, sus susurros, su
adorable sonrojo, su cancherismo al momento de refutarme algo, su ternura, su
buen gusto para la música, el fútbol, la cerveza y para elegir pareja. Es
decir, yo.
Te quiero, boluda.
Y sí, se animó.