lunes, 21 de octubre de 2013

Ascendiente

Cuando la luna está como esta noche, insoportablemente bonita, ¿cómo no escribir sobre ella?
Hace unos días leí a un señor que era meteorólogo o siquiatra, no recuerdo bien porque estaba apurada y leí al tirón su artículo. Decía que no era tan descabellado pensar que los plenilunios influían en el estado de ánimo de las personas y es ahí cuando empezó a dar una explicación más o menos coherente pero en cierto tono festivo, como para dar a entender que era una posibilidad remota, que él tampoco se la creía y así evitar algún papelón cuando saliera el aguafiestas de siempre a hacer mierda sus algo románticas suposiciones.
 
 
En circunstancias "normales" sería imposible que yo citara a alguien sin recordar quién es y dónde me enteré de sus enunciados, me obsesionaría al punto de desordenar todo el archivo periodístico de mi casa (que no es poco) con tal de encontrar la fuente de aquella cosa que me llamó la atención, a mitad de camino me detendría para pensar que tal vez no lo leí en un periódico y lo hice en una revista, entonces me pondría a ojear una a una las revistas para encontrar el artículo en cuestión, puede que encuentre algo que me distraiga y me ponga a leer.... Suele pasar que reaccione y piense "tal vez fue en internet" y ya me verán chequeando el historial, sé que lo he leído hace poco tiempo, la semana pasada, pero igual buscaré desde el mes anterior. Como dije, en circunstancias "normales"....
 
 
Hoy seré flexible en ese punto y simplemente lo mencionaré sin ponerme afanosa (u obsesiva), tal vez sí es cierto que los plenilunios influyen en las personas y no solo en el estado de ánimo, por ahí que su efecto en mi sería el ponerme un poquitín cuerda, pero no sé si esto que escribo es cuerdo o impulsivo, eso sin mencionar los constantes suspiros que no me esfuerzo en reprimir, imagino que eso ya es una exclusividad de mi locura que se esfuerza en aparecer siempre.


Otrosí adjunto: Si bien la luna del principio no está llena, me emociona verla tan cerquita de La Reina de La Noche. Mi última obsesión.

martes, 15 de octubre de 2013

Sigo sin saber.... Seguiré sin saber

Hay cosas que no puedo controlar, que me parecen desesperantes, cosas que me mantienen en permanente angustia y no hay manera de sacármelas de la cabeza.
Hace tres días que está ahí, no sé que hacer para desaparecerla, no la quiero descubrir, luego cuando intento descubrirla no hay nada, regreso al inicio y sigue ahí.... Está jugando conmigo y no puedo impedírselo.
Lo único que puedo hacer es rogar que algún milagro electrónico desaparezca tan desagradable presencia.





Y hoy se fue....




Igual seguiré sin saber.

viernes, 11 de octubre de 2013

Inhala....

Busqué un nombre para mi gusto, pero todos los que encontré iban hacia lo sexual y creo que lo mío abarca otras cosas que poco tienen que ver con eso. Freud está en todas.

Me gusta oler. Huelo casi todo: detergentes, lavavajillas, desinfectantes, suavizantes, pomadas, ungüentos, jarabes, café, esmaltes de uña, jabones (de ropa y tocador), combustibles (gasolina, diésel, kerosene, ron de quemar, GLP), frutas, licores, thinner, humo de carros (en dosis mínimas, claro), cigarros (sin prender), ropa nueva y un largo etcétera que no incluye lo usual como las flores o los perfumes, lo primero porque si no huelen a cementerio entonces no huelen nada y lo segundo porque me provoca fuertes dolores de cabeza.

Ya me verán recorriendo los pasillos de distintos supermercados buscando la sección limpieza, cogiendo todas las botellas que no estén selladas, desenroscando casi a escondidas, como si estuviera cometiendo un delito y aspirar todo lo que me sea posible, hundiendo la nariz entre las bolsas de detergentes, hurgando en las envolturas de jabones que me permitan percibir algún olor, abriendo los que vienen en caja. Eso cuando tengo que ir de compras, pues también me doy mi vuelta si es que estoy cerca a uno. Tengo especial predilección por los productos con aromas cítricos y si alguna vez me muestro solícita al momento de lavar los servicios de la casa es básicamente para jugar con el lavavajillas de turno, mi mamá hasta ahora no se explica cómo es que dura tan poco el recipiente de 1000 gramos.

Trabajé un año en una estación de servicios (grifo pues), era un placer culposo tener tantos olores y todos tan atrayentes al alcance de mi nariz, seguramente todos esos aromas provocaron huecos en mis pulmones, pero yo estaba extasiada, casi casi como personaje de Las mil y unas noches. No exagero al decir que, después de la paga, aspirar tantos gases tóxicos eran mi mayor motivación, tal vez era (soy) una adicta pues extraño mucho el ambiente, algo parecido al síndrome de abstinencia.

Tal vez es algo patológico pero de momento no me ha causado problemas o situaciones vergonzosas, todo está en saber controlar los impulsos de querer ingerir todo lo que a una le provoca ya que no es buena idea, tema de intoxicaciones y desilusión.