viernes, 16 de diciembre de 2016

Push it!

¿Cómo reaccionar antes esos golpes de consciencia absoluta?

Dormitaba en el transporte público, sofocándome, con imágenes difusas paseándome por la mente, apenas enterada de mi existencia y con los audífonos literalmente incrustados en mis oídos, arrullándome con música que no oía.

Entonces….

This is the noice that keeps me awake, my head explodes and my body aches….

Desperté de golpe y, a menos de una semana para EL EVENTO del 2016, fui realmente consciente de lo que se avecinaba: Garbage vendrá al Perú, veré a Shirley Manson tan cerca como mi osadía y fuerzas me lo permitan, dejaré garganta y alma coreando todas las canciones de la banda, cumpliré uno de mis mayores sueños desde hace quince años, derramaré lágrimas, abrazaré a desconocid@s que comparten mi devoción y, en resumidas cuentas, seré feliz.

Esta es una de las semanas más largas que me ha tocado esperar, ni siquiera cuando contaba los días para terminar el colegio, para sacar mi documento que me acreditaba como mayor de edad, para cobrar mi primer cheque…. Nada puede compararse a este momento único y esperado. Nada.

Pero como la vida es como es, también estoy preparada para los inesperados.


martes, 6 de diciembre de 2016

Sus menos y sus más

Facebook, cada vez más sádico….

Para recordarme que un día como hoy, hace dos años, disfrutaba de mi Y favorita, maravilloso descubrimiento que estuvo presente en mi vida durante tres años, tres años ininterrumpidos (salvo las necesarias vacaciones) que llenaban a veces mis mañanas, a veces mis tardes, pero que estaban presentes y me alegraron muchos días grises, todo ello a pesar de tratarse de un relatora de noticias locales que rara vez contaban algo positivo.

De la noche a la mañana me vi privada de tan esplendorosa visión, para enterarme días después que mi Y favorita había cambiado de canal y de oficio, siendo ahora una reportera que va directamente al sitio en el que sucede la acción, cambiando los escotes generosos por prácticas prendas que le permiten desenvolverse con mayor fluidez entre tanto suceso trágico. Ahora la veo y ya no despierta en mí ese brote de júbilo que llenaba mis jornadas.

Casi en paralelo, me he visto envuelta en un desagradable pleito policial que ha culminado con un acuerdo extrajudicial que me ha dejado con los bolsillos medio llenos y con la conciencia acusándome de sucumbir al vil metal. Trataré de ignorarla mientras me voy de compras.

Como diría el Sr. Blades “Maestra vida, camarada, te da, te quita, te quita y te da”. Me quitó una visión magnífica, mientras por otro lado iba comprando mi voluntad con generosa apertura. Todavía no he definido si me quita más de lo que me da. Todavía no asimilo la ausencia. Todavía no me gasto la plata.

La vida, mi vida, de maestra tiene poco y de pateadora tiene mucho.


¡Carmeloooo!

jueves, 17 de noviembre de 2016

Alimentando mi obsesión

El gran día se acerca y a mí se me antoja casi imposible. ¿Existes? ¿Eres de carne y hueso? ¿Mi imaginación no me está jugando una mala pasada? ¿Realmente te tendré frente a mi?, probablemente me gane una amonestación por eso, pero ¿de verdad podré tocarte?....

Mi cerebro bulle entre trabajo, familia y trabas personales, pero miro el almanaque de escritorio, caigo en cuenta de la fecha y me digo “de qué carajo me preocupo cuando falta un mes para verte”, niego con exasperación y sigo en lo mío. ¿Qué es lo mío? Mirarte embobada, escucharte extasiada, pensarte hasta cuando no pienso, soñarte noche tras noche. En definitiva, obsesionarme contigo a tiempo completo.

Seguramente pensarás que esto no es saludable, que tanta “intensidad” terminará por dañarme y que vivo una ilusión sin pies ni cabeza. En principio te daría la razón, pero luego mi lado irracional acaba con cualquier atisbo de cordura y me entrego por completo, sin reservas ni precauciones, a nuestra causa, la que ni siquiera sabes que existe pero que mi cerebro ha ido maquinando desde hace años.

Ya no hay modo de detenerme, enrumbé hacia este fin y sólo queda esperar el desenlace. Conociéndonos, será uno memorable, los setenta y cinco minutos más intensos de mi vida.

Y, Shirley, estarás conmigo.

martes, 8 de noviembre de 2016

Neologismos Arbitrarios VI

El empacho del que hablé no me duró ni un día, regresé a la página confiable y seguí con el atracón. Viendo tantas cosas, a una le despierta la curiosidad por saber más y, no contenta con los videos, empecé la investigación escrita.

Entre tantas filias reconocidas, encontré una que me llamó la atención por su nombre, digámoslo así, tan poco sugerente y la alta afinidad que encontré con su definición, contenta de saber que esta rareza mía, tiene nombre: la odaxelagnia.

Para empezar, demoré un día completo en dominar su pronunciación, afanosa como estaba en convertirme en una experta, al menos teórica, del tema. Con la debida práctica, podría convertirme en toda una eminencia,  ya que mi poca y limitada experiencia me dio lo suficiente para saber a qué le entraba y a qué no, siendo la odaxelagnia una de mis actividades favoritas, morder y ser mordida.... ¡Qué dicha!.

Haciendo memoria, el asunto parece ser de nacimiento, puesto que guardo recuerdos nebulosos en los que me mordía la rodilla hasta marcar la dentadura de leche que me acompañaba a mis cuatro o cinco años de edad, una odaxelágnica en potencia. Ya de grandecita, pasé y superé en tiempo récord una de las primeras vergüenzas que pasas cuando eres una novata en las lides resorteras, que la amiga/compañera de trabajo te haga ver que tienes un escandaloso chupetón en el cuello, ipso facto cubrirte con las manos y encender involuntariamente las mejillas. ¡Qué inocente era!

Con el paso de los días, la frescura se apoderó de mí, encontrando modos de ocultar las huellas de la díscola y alborotada vida que llevaba por ese entonces, donde las chalinas eran mis mejores aliadas, eso durante el invierno. Para el verano, la cuestión se complicaba un poco, no quedándome más remedio que trasladar unos centímetros hacia abajo la “zona de impacto”, lo que devino en un sorpresivo descubrimiento, resulta que dolía un poco más y resulta que disfrutaba de ese dolor. Tenía mi lado sado, orgullo total cuando veía mi piel de diferentes tonos, que iban cambiando con el paso de los días y que hubiera exhibido de buena gana de no ser por ese inconveniente del estar prohibido mostrar el cuerpo calato en la vía pública.

Los dolores que vinieron después fueron los que me dejaron las peores huellas, algunas están desapareciendo y otras parecen indelebles. Para bien o para mal, todo suma.

Sorpresivamente, mi pequeña encuesta me ha demostrado que esta práctica tiene gran acogida, con una alta carga de censura que no sabría explicar. Considerar el marcar a la pareja como un acto de sujeción de uno hacia otro me parece excesivamente ridículo, evidentemente el consenso debe primar, pero juzgarlo de ese modo en los demás (en algún momento en mí), es suficiente para iniciar con el latido del ojo izquierdo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Mucho para ver

Tumbada en mi cama un viernes por la noche, con la expectativa de un sábado laboral y académico, iba pasando los canales sin ver ni buscar algo específico…. Hasta que mi ojo clínico captó algo.

Era la clásica película “para adultos” que dan pasada la medianoche, actuaciones terribles por parte de todos, hasta que llegan las escenas de sexo en donde abundan los primeros planos de los pechos y genitales femeninos y en donde a las justas se ve el trasero del hombre. Algo que pasados unos cinco minutos llega a aburrir, pero en mi caso, tal vez debido a mi prolongadísima abstinencia, me mantuvo en vilo, esperando ver algo que sabía perfectamente que no vería: la penetración.

El novio de mi hija”, que así se llamaba la película de marras, me dejó con una sensación de fastidio y tuve que recurrir a algo que siempre me ha llenado de pavor. Buscar pornografía en internet. Si no sabes por dónde buscar, páginas maliciosas pueden terminar con la vida de tu PC, la misma que compartes con toooooda la familia…. Pero se me prendió el foquito pervertido y me dije que todo lo podía hacer desde la comodidad y privacidad de mi nuevo celular, que no es Smartphone por las puras, dándole una utilidad más aparte del Candy Crush.

Consultas inocentes, más una que otra referencia,  me hicieron llegar a una página que tenía pinta de confiable, iniciando una seguidilla de descarga de videos de TODO tipo que, pasadas unas tres horas (lo que demoró el celular en avisarme que la batería moría), me dejaron un poco empachada. Recordé la vez que Helena y yo pedimos un balde de ocho piezas de pollo KFC, tres cajitas felices McDonald’s y una docena de siu mai sólo para las dos y, aparte de empachada, también me sentí culpable. Emociones que se repetían en mi, mientras continuaba sentada en mi nueva mecedora, todavía con el celular en la mano.

Ya no tenía ese fastidio que me empujó a la búsqueda de aquellos videos, pero había sido reemplazado por otra sensación igual de incómoda que hasta el día de hoy no puedo descifrar. ¿La utilización de la mujer en semejante oficio? No creo, el hombre está igual de expuesto, ¿la ficción absurda que hay en esas historias? Claro, claro, decir que una mira esos videos por la historia que cuentan es como justificar una suscripción a Playboy por los buenos artículos que publican, ¿rezagos de la educación religiosa impuesta en el colegio? Bueno, he hecho cosas peores que ver pornografía y hasta puse en práctica algunas escenas vistas, así que no creo que haya mucha culpabilidad de mi parte.

Terminando de ver los videos, me dije que había cubierto mi cuota para un año completo, convencida de haber excedido el límite que separa a curiosos de adictos. Inmediatamente prendí la televisión y sintonicé Cartoon Network, con la esperanza de desintoxicarme un poco.

martes, 18 de octubre de 2016

¿Quién?

Voy a meter mi cuchara en esta polémica causada por el Nobel otorgado a Bob Dylan.

De él conozco muy poco, la mayor parte por referencias a sus canciones, covers hechos por otros artistas y su hijo oportunista que lanzó un par de temas allá por los noventas. Honestamente, no estoy en la capacidad de criticar o aplaudir la decisión de los suecos, pero los humanos no podemos resistirnos a manifestarnos fuera de orden, está en nuestra jodida naturaleza, lo que me lleva a decir que, sin conocer sus letras, me está dejando un sinsabor que este año se hayan inclinado por un músico para el Nobel de letras.

Podrán acusarme de purista e intransigente por opinar así, pero dentro de mi ignorancia, tengo mis motivos: letra y música van de la mano en la obra de Dylan, son indivisibles, la universalidad de los libros no puede aplicarse en este caso porque a pesar de la presumible brillantez de las composiciones del cantante, éstas no han sido traducidas para que lleguen a todo el mundo, finalmente, Bob Dylan es en esencia un músico y existen varias premiaciones dedicadas a reconocer su calidad como tal, lo cual ha sucedido con los más importantes. Y para terminar, antes de ser víctima de un ataque hepático, otorgarle el Nobel no ha sido más que una decisión populista de parte de la academia sueca, que en afán de mostrar su apertura a los cambios, ha optado por la opción más polémica, garantizándose así los aplausos de los “renegados”

Pero el ser humano también es hartamente contradictorio, lo que lleva a mi lado sentimental a alabar esta decisión, rememorando cierto día cuando la voz de Dylan le ponía soundtrack a uno de los antes-y-después de mi vida, siendo hasta el momento, la única canción suya que conozco de inicio a fin y que me hace suspirar. De la letra tengo poco que decir, puesto que el momento en el que la oí estaba muy alejado del pesimismo que inunda la composición y protesta de Dylan. En resumen, mi entusiasmo nada tiene que ver con lo que implica entregarle un Nobel de Literatura a un músico, es un entusiasmo arbitrario y nada pensado que es compartido con la misma gente que celebra el reconocimiento.

Todos músicos adulones o hinchas acérrimos que se sienten incluidos en semejante disparate.

martes, 11 de octubre de 2016

BOOM!

Una noche, a la espera del número 28, tumbada sobre mi mueble y revisando el Facebook con cierto tedio, me encontré con un video de seis segundos de duración que hasta ahora, y no sé por cuanto tiempo, me viene arrancando sonoras carcajadas como las que no tenía desde hace ya bastante tiempo.

Con algunas lágrimas en los ojos, me acerqué a mi hermana para enseñarle el video de marras, sonriendo ella y comentando algo así como lo absurdo del contenido, nada más…. Fui entonces donde mi primo, quien sin ningún atisbo de sonrisa me dijo que el video era muy cruel y yo, por reírme así, era casi casi una sádica. Finalmente, en el desayuno del día siguiente y ante mis inacabables carcajadas, mi madre insistió en conocer el motivo que tenía a su hija al borde de escupir la leche, entonces con algo de esperanza le di play al video y sólo atinó a decir “qué gracioso”, para continuar con el llenado de su crucigrama.

Será que a la familia una la tiene por circunstancias ajenas a su voluntad, igual son muy pocas las similitudes que compartimos, siendo los amigos las personas con las que más afinidades una encuentra. Pero parece que ni en ese ambiente encontraré la reacción ansiada, puesto que una rápida encuesta me dio a entender que este videíto compartido no había generado mayor entusiasmo que unos ja ja ja bien espaciados que me llenaban de frustración.

De pronto, por primera vez en serio, me planteo que algo en mi cerebro no funciona como debería, entonces dejo de lado las bromas autocompasivas y me dedico a una extensa investigación por internet que tiene una sola y fatalista conclusión: una inédita dolencia neurológica (seré el primer caso conocido) acabará con mi vida.

Decido no desaprovechar el tiempo y ver este video hasta que el tirón en el ojo izquierdo anuncie el fin de mi presencia en este mundo. Todo lo demás es accesorio.

martes, 27 de septiembre de 2016

Agua de manzana a la orden

Estoy estrenando etapas.

En esta ocasión, intentando poner algo de orden a mi vida, estoy visitando a una amable sicóloga. Le he pedido expresamente que nos ocupemos de mi lado distraído y desordenado, omitiendo las demás taras que seguramente me encontrará. Me ha dicho que puede funcionar hasta cierto punto y que llegado a él, tendré que evaluar si seguimos adelante.

Ya me ha dejado tarea y la estoy desarrollando en paralelo a este post, del que no sé si contarle, ya que quisiera que vea que no todo es inconstancia en mi vida, aunque por ahí me pide leer lo publicado y sacar más conclusiones de las que me gustaría. Me dan algo de miedo los sicólogos, siempre buscando llevarte al lado oscuro para destrozarte y luego, sesión tras sesión, recoger pieza por pieza. Si las piezas están en orden, es otra cosa, ellos ya cumplieron con rearmarte.

A pesar de ello, he decidido tomar en serio esta actividad, a la que recurrí por iniciativa propia, dejando de lado mi escepticismo y convenciéndome a mi misma que la autocompasión ya no es suficiente. De ese modo, también cumplo con uno de los más conocidos clichés de los “artistas”: su lado maldito/atormentado/complejo/raro. Me encanta sentirme complicada.

Las sesiones hasta ahora han sido de lo más entretenidas, ya que se trata uno de mis temas favoritos: yo. Mi ego es tan extraño que pasar una hora enumerando mis fallas delante de una persona, lo eleva a niveles casi argentinos; y más aun si esa interlocutora te presta atención y te va respondiendo o dando “soluciones” de acuerdo al momento, dando la impresión que nada le fascina más que lo que una tiene que contarle. Sé muy bien que esto es parte de su trabajo remunerado, pero omito ese detalle para seguir con el engreimiento.

Al finalizar el tiempo, la sicóloga da un resumen bastante preciso de lo avanzado y de lo que espera tratar la siguiente semana, siempre dándome una palmadita en el hombro que yo gustosa cambiaría por una prescripción de drogas noqueadoras. Me oigo a mí misma, pongo los ojos en blanco y sigo adelante.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Con la sangre en el ojo....

Este fin de semana cumplí uno de mis pendientes en la vida: fui protagonista de una pelea. Y si bien no llegué a los golpes, tuve el clásico intercambio verbal con mi contrincante y hasta intervención de terceros que buscaban apaciguar los encendidos ánimos de mi rival y yo.

¿Qué puedo decir de mi contendiente? Obviamente no seré generosa con su descripción, pero intentaré ser lo más objetiva posible. Un poco más alta que yo (pero ella estaba con tacos y yo con zapatillas), cabello negro, largo y lacio (probablemente teñido y planchado), maquillaje de tonalidades oscuras que contrastaba con su piel blanca (seguramente fanática de Kiss) y vestida de forma que bien podría pasar como protagonista de Taxi Driver (excepto en la edad, porque si Jodie Foster andaba por los catorce, esta “niña” fijo que ya pasó los treinta).

¿El motivo de la pelea? Una cosa de nada, no iniciada por mí, ya que andaba tranquila escuchando new wave, tomando cerveza y conversando poseramente con Helena. Hasta que, de la nada, alguien me empujó contra la barra, resultando yo con costillas adoloridas y una entendible interjección que la agresora interpretó como un insulto hacia su persona. Nada más alejado de la realidad, ya que los insultos a extraños los reservo para conductores y peatones imprudentes.

Me enorgullece declarar que no fui yo la que andaba buscando pleito, pues todo hubiera quedado en nada si no fuera por el afán beligerante  mostrado por el otro bando, me enorgullece declarar también que nunca me tiré para atrás y estaba dispuesta a llegar al cabezazo de ser necesario, el único golpe que me he planteado dar si es que llegara el momento. Con lo torpe que soy, si trato de dar puñetes o patadas, el enemigo creerá que se trata de una caricia.

Admito que el licor ingerido me llevó a soltar un par de insultos de más, pero a esas alturas lo único que me importaba era, ya descartada la posibilidad de narices sangrantes, bajarle la moral a la individua en cuestión, objetivo conseguido ya que al poco rato optó por retirarse del bar, dejando a su grupo un poco aliviado de la posibilidad de quedar mal ante los pacíficos (y algo ebrios) parroquianos. Algo de lo cual no me preocupaba, puesto que la mayoría se puso de mi parte en el momento de mayor tensión.

Qué se yo, tal vez percibieron mi poderosa aura.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Nada de Nada(l)

Cuando pensaba en el sexo, siendo todavía una señorita virtuosa, tenía la fantasía de encontrarme en una cama con sábanas blancas y cuatro postes con sus respectivos tules blancos, en medio de lo que podría ser una playa o algo así, todo muy luminoso e inmaculado. Aquella fantasía habrá aparecido a mis trece o catorce años, evidentemente influenciada por los clichés que abundan en la televisión y cine, donde mi acompañante no tenía un rostro definido, no llegábamos a hacer mucha cosa, pero la situación sugería bastante. Lo que a mí, al menos por ese entonces, me parecía bastante.

Hasta que Rafael Nadal apareció en mi vida.

Con sus polos manga cero y pantalones modelo pescador, ganando su primer Grand Slam, Roland Garros, a sus cortos 19 añitos, frente a un tenista mejor rankeado y de mucho más experiencia, todo cabello largo, brazos poderosos y un trasero que me sigue dejando bizca. Fue amor a primera vista, todo en él me atraía, desde su ya descrita apariencia hasta ese empuje que le metía a cada jugada, su actitud ganadora y su gesto de celebración con puño y rodilla alzados. Me quedé cojudísima.

A partir de ahí, mi fantasía tuvo rostro. No pasó mucho tiempo para que tenga mi primer sueño húmedo, tan real, tan detallado que me desperté jadeante, adolorida y con ganas de más. Nunca olvidaré la imagen (irrepetible e irrealizable) del Rafa haciendo cosas no aptas para las políticas de censura impuestas por Blogger, las que no leo de pura flojera.

Ahora, tanto Nadal como yo estamos en un periodo de forzada abstinencia (él de títulos, yo de sexo) que pareciera ir en sentido contrario a nuestra naturaleza ganadora/lasciva…. Desde mi humilde óptica, el problema de mi español favorito pasa por un bajón anímico, lo que sumado a sus lesiones crónicas, han minado su hasta hace un par de temporadas, mentalidad invencible, la misma que sacaba a lucir ante los partidos que se le pintaban complicadísimos, sacando puntazos increíbles para finalmente alzarse con un merecidísimo triunfo. Poco a poco pareciera volver a sus fueros,  lo cual espero que consiga para que pueda poner fin a una carrera absolutamente impecable.

Yo, por otro lado, pareciera ser una causa perdida, perdida y no por las buenas razones. No sé qué circunstancia fortuita me hizo nacer y crecer con una libido totalmente opuesta a mi carácter tímido poco o nada propenso a entablar vínculos con gente que me resulte mínimamente atractiva como para animarme a relacionarme horizontalmente con algun@s. Para colmo de males, ni siquiera contemplo a la autocomplacencia como una opción, sería incapaz de empezar con algo sin sentirme totalmente fuera de lugar conmigo misma.

Eso sí, para la autocompasión soy una trome.

martes, 13 de septiembre de 2016

You can touch me if you want....

Escribo con la esperanza instalada en mi pecho, esperando la llegada de diciembre y con ello el arribo de la diosa que me alborota las hormonas desde que tenía dieciséis años y que aun a mis treinta, me provoca espasmos.

Hace cuatro años la realidad, representada en escasa convocatoria y una horda de sordos de mierda, me rompió el corazón…. Esperé a Shirley y ella no iba a venir. Lo más doloroso y vergonzoso fue enterarla de la cancelación a través de un indignado tweet de una fan enamorada y destrozada igual que yo. Mi idealismo me dijo en ese entonces (y lo sigo creyendo) que a Shirley le apenó todo.

Hace poco más de una semana me enteré de la posible llegada de GARBAGE a Lima. Ante los demás me mostré prudente y algo suspicaz con la noticia, sabía perfectamente que los sordos de mierda seguían siendo eso, unos sordos de mierda y que a los empresarios les interesaba el billete y nada más, pero aquel escepticismo no era más que una fachada bien lograda.

Por dentro estaba explotando de los nervios, la ansiedad y el peligroso júbilo, como cuando los enamorados se aferran a su imposible, como cuando los torturados hinchas de fútbol sacan la calculadora en cada eliminatoria mundialista, como cuando te falta un miserable número para el premio mayor de la lotería…. Como cuando deseas algo y no estás segura de conseguirlo. Preparándome para sufrir.

A pesar de ello, dejo de lado la racionalidad y hago planes.

Así somos los raros....


martes, 6 de septiembre de 2016

Guía de calles

Mis peores días terminan siempre con el regreso a casa caminando. La distancia no es corta, pero sí tranquila y de agradable vista hasta cierta parte. Así demoro en llegar y enfrentarme a la gente que anda por ahí y tengo pretexto para ir directamente a mi cuarto. No quiero hablar ni escuchar a nadie.

Hoy será así, lo sé. Con suerte esto termina mañana y volveré a la rutina de siempre, mi racha más larga fue de dos semanas seguidas caminando por las calles de la ciudad, tratando de variar un poco la ruta mientras vaciaba mi mente de pensamientos negativos. Lo único que no podía era desalojar a la tristeza.

Y siempre con el amigo invierno acompañándome, provista de un abrigo de paño que hace que no necesite más. Si bien me han robado dos teléfonos en menos de un año, he sabido suplirlos en poco tiempo (uno más caro que el otro para mi irritación) y así estoy poniéndole música a mi camino; y si una que otra canción programada por el malévolo shuffle aumenta mi estado depresivo, opto por la FM que siempre ofrece el ruido suficiente para distraerme lo necesario y enfocarme sólo en lo relevante, como los semáforos y demás.

Estas excursiones también me permiten descubrir lugares desconocidos eternizados a través de la cámara del celular, disfrutar de eventos gratuitos y poco difundidos (maravillosa obertura de Mozart) y encontrar nuevos puntos de comida chatarra que le ponen ese toque de variedad tan necesario en mi vida, pues no todo es KFC o McDonald’s.

Los meses avanzan en mi pequeño almanaque de escritorio aumentando mi ansiedad y mientras se acerca la hora de salida, voy planeando mi recorrido para que no vengan a fastidiarme los nunca bienvenidos imprevistos. Poco a poco iré perfeccionando mi manual antidepresivo, futuro best seller que encontrará en su blog favorito y, más improbablemente, en alguna librería de poco prestigio.

Todo depende del marketing.

sábado, 27 de agosto de 2016

En pérdida

Tengo una pequeña obsesión con las fechas.

A mi mente le da por inmortalizar todo a través de las fechas, primeras veces sobre todo, en las que descubrimos y/o experimentamos sucesos nuevos que marcan todos los antes y después que hay en nuestra vida. Yo tengo fe en que me quedan muchas primeras veces por vivir, la principal motivación de mi monótono día a día.

Aunque no todas las primeras veces suelen ser de grata recordación, no tanto por el hecho en sí sino por las consecuencias posteriores de las que una no puede escaquearse. Como el fatídico 27 de agosto de 1998.

Porque claro, una empieza a experimentar primeras veces desde muy muy joven y casi todas las mujeres experimentamos una en particular desde temprana edad: la infame menstruación.

No tengo palabras que lleguen a graficar con precisión milimétrica lo que este proceso biológico despierta en mi, tanto a nivel físico como mental y hasta espiritual. Tendría que inventar nuevos términos porque todas las palabras que expresan sentimientos negativos no llegan a cubrir ni la sétima parte de lo que yo siento hacia este vejamen de la macabra naturaleza.

Volviendo al fatídico 27 de agosto de 1998, andaba yo muy tranquila, todo lo tranquila que se esperar en una mocosa de 12 años cuya mayor preocupación era la de ganarle el partido de basket al salón rival en pleno recreo. Transcurría la mañana sin ningún control porque era uno de esos tantos días en los que cualquier excusa era excelente para no hacer clases, aniversario del colegio aquella vez, cuando de pronto sentí una punzada de dolor muy fuerte y desconocida directo en el vientre. Lo asocié al refresco naranjado que había tomado en el kiosco, lo único que calmaba mi sed por ese entonces, haciendo oídos sordos a mi madre que estaba convencida que se trataba de agua sin hervir; no le di importancia….

El dolor, cada vez más intenso, no parecía tener fin, por lo que, después de rogarle a mi turora que me diera libertad, fui corriendo a mi casa convencida que había sido atacada por uno de esos virus tropicales a los que siempre me creí susceptible de contraer, la sugestión es de nacimiento. Llegué por fin a casa y me encerré en el baño, tratando de privar a mi familia del espectáculo que significaría morir delante de ellos, sudaba frío y mientras me retorcía de dolor caí en cuenta de lo que estaba pasando conmigo. Ya lo había presenciado en mis hermanas mayores, momentos de celebración para todos, menos para ellas.

Por increíble que parezca, una vez confirmadas mis sospechas, pude dejar de lado el dolor y decidí que no quería que este hecho se convirtiera en el acontecimiento familiar que había sido con mis hermanas, respiré hondo y salí del baño con la mayor serenidad posible, le pedí a mi desconcertada madre que me diera una pastilla para el dolor mientras le comentaba muy despreocupadamente que su hijita menor, yo, se inició en este proceso que acompaña a las mujeres en gran parte de sus vidas. Obviamente no fui tan ceremoniosa, creo que las palabras exactas fueron “ma, parece que ya me vino la regla”, atajándola de arranque informándole que regresaba al colegio para terminar la celebración. Celebración que no disfruté en absoluto puesto que todo el tiempo me la pasé dopada en la enfermería.

Fue a partir de ese 27 de agosto de 1998 que inicié mi historia de odio con la menstruación, cuando empezaron las preocupaciones de verdad, cuando me vi condicionada a ver el calendario antes de programar cualquier actividad por los siguientes treinta años (en el mejor de los casos), cuando supe que la libertad era una concepto ajeno a mi existencia, cuando experimenté la vergüenza y tensión constantes al sufrir los clásicos “accidentes” con la vestimenta, cuando me enteré que era posible desmayarse de dolor.

Muchas revelaciones para un alma frágil como la mía.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Tabulada

Ochenta y cinco.

Ocho más cinco igual trece, trece es tres y uno, tres más uno igual cuatro, cuatro por cuatro igual dieciséis, dieciséis es uno y seis, uno más seis igual siete, siete veces siete dan cuarenta y nueve, cuarenta y nueve es cuatro y nueve, cuatro más nueve igual trece, trece es la suma de ocho más cinco, ocho y cinco.

Ochenta y cinco.

Mi cerebro a veces no ubica la izquierda, pero para otras cosas sí trabaja.

viernes, 19 de agosto de 2016

Y

Mi corazón se hincha en una mezcla de ansiedad, angustia y expectativa conforme se acerca la hora señalada.

No suele ser puntual, muchas veces he tenido que esperar horas y otras tantas he terminado mi día con el corazón triste por no poder contar con su presencia aunque sean unos pocos minutos. En esas ocasiones me digo que son gajes del oficio, que no podemos controlar los imprevistos…. pero no saber de los motivos de su ausencia me altera a niveles que rayan la demencia.

Por suerte no he llegado a los extremos de acosador@s profesionales que saben al dedillo todos los movimientos de su objeto de obsesión, muchas veces me he conformado con escribir su nombre en el buscador y deleitarme con cualquier referencia, aunque sea mínima, sobre su persona. La verdad es que la web no me ofrece mucho, pero para una persona con cierto grado de desequilibrio como yo, es suficiente.

Pero a pesar de ser consciente de todo ello, no me encontraba preparada para la hecatombe que me golpeó con todo a mediados del mes pasado.

Simplemente se esfumó.

No hubo despedida que me anticipara su ausencia, simplemente dejó de aparecer y quedé desolada y desorientada. Por las noches me iba a dormir con un profundo desasosiego, acompañado de un atisbo de esperanza que me decía que al día siguiente aparecería, que todo tenía explicación. Sólo engañándome de ese modo podía conciliar el sueño. Pero llegaba el día, transcurría la mañana, maduraba la tarde y culminaba la noche sin saber nada. Una tortura indecible.

Por supuesto que las referencias no faltaban y yo me aferraba a ellas y a la falsa lógica que quería imponer para decirme que aparecería en cualquier momento. Transcurrieron así, larguísimas tres semanas en las que me vi abandonada para siempre.

Hasta que un lunes, con la ilusión ausente, encendí el televisor y vi a mi presentadora de noticias favorita sonriéndome a través de la pantalla. Había regresado y junto con ella, el escote que muchas veces me dejó boquiabierta y pensando que semejante visión era un regalo inmerecido que nunca dejaré de agradecer al universo. Y mientras oía su voz relajada, narrando las noticias del día, sentía cómo el alma volvía a mi cuerpo.

lunes, 15 de agosto de 2016

Exceso de azúcar

Extraño besar y que me besen.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que compartí mis labios con otra persona que empiezo a creer que en realidad nunca sucedió y sigo siendo la novel muchachita de veintipocos años, de mente febril y timidez extrema que se queda paralizada frente al Rencito de turno, para huir despavorida ante la atónita mirada de las amigas de siempre que nunca le permitirán olvidar aquel bochornoso momento.

Pero mi memoria todavía puede recrear el contacto que tuve con…. ¡TRES PERSONAS!

Así es, en toda mi vida sólo he besado a tres personas y, en vista de mi afán evocador/melancólico/inoportuno, pasaré a detallar el primer intercambio que tuve con cada una de ellas y en estricto desorden cronológico, puesto que se me confunden fechas entre el dos y el tres.

Individuo N°1: Fue la primera persona que besé y a medida que acercaba su rostro al mío, mi cuerpo empezaba a temblar imperceptiblemente, mi corazón latía a ritmo de taquicardia y mi mente era invadida por comprensibles sentimientos de culpa. Y en aras de la honestidad, todo aquello me importó un carajo cuando entré en contacto con aquella boca de la cual salían palabras nuevas,  frases ingeniosas y conversaciones memorables. Hasta antes de ese primer beso no había pensado en qué es lo que me enamoraría de alguien, después de ese beso lo tuve claro. Las maravillas que oí (y sentí) de aquella boca no las experimentaré con nadie más, así como tampoco las estupideces que salieron de la misma tiempo después. Dicen que de toda experiencia resulta una enseñanza a futuro. Yo aún la estoy buscando. 

Individuo N°2: Ligeramente bebida la primera vez y borrachísima (y despechada) en la última oportunidad que tuve de sentir sus labios (y algo más). Sumado uno más otro me queda la sensación que no llegué a descubrir la total dimensión del Individuo N°2 en esos oficios; de que fue disfrutable, lo fue, violento también, pues en la tercera y última vez que intercambiamos aire muy muy cerca, me puse delante suyo y casi que no le di oportunidad de evitarme. Al día siguiente, junto con la resaca, me invadió una sensación de haber hecho algo contra su voluntad. Nada más alejado de la realidad. Y pensar aquello aún me desconcierta.

Individuo N°3: El más olvidable de todos y hasta ahora no me explico por qué lo sigo recordando, tal vez por la presencia del Individuo N°2 en aquel juego, estúpido para cualquier persona mayor de veinte años, llamado “botella borracha”. Porque fue aquella vez que besé a dos personas en el mismo día y la misma noche, pequeña proeza de la cual me enorgullecería si no fuera porque del Individuo N°3 no recuerdo ni su nombre y porque besar al Individuo N°2 delante de extraños se sintió bastante incómodo, hasta al punto de sentirme protagonista de una porno soft barata. El jueguito de marras continuó con castigos bastante ridículos que lo único que consiguieron fue que me tuviera que hacer cargo del Individuo N°2 que había sobrepasado su aguante al ron, sintiéndome, una vez más, responsable de su integridad física. Algo que no debería encargárseme tan seguido.

martes, 9 de agosto de 2016

Constantes

Hay imágenes recurrentes que, a pesar de los años transcurridos, nunca nos abandonan. Como mi peor pesadilla, mi idea del fin del mundo, mi lúdica idealización sobre mi entorno natural y una incomprendida fantasía.

Estoy caminando por la calle con el Donald, encantador y noble bóxer que me acompañó durante mi infancia y parte de mi adolescencia, hermoso ejemplar de su raza que intimidaba a cualquiera que le viera a la cara de asesino. Obviamente no sabían que era imposible ser más manso que él, buenísimo. Regresando a mi peor pesadilla, el Donald y yo estamos pasando por un lado de la casa y de pronto nos persigue una densa niebla gris que amenaza con envolvernos. Y sin conocer las consecuencias de aquello, sé que no es nada bueno, por lo que apuro el paso y junto con mi perro, sabiendo que él depende de mí y yo de él, sólo nos tenemos el uno a otro y, al mejor estilo de Independence Day, nos salvamos de aquella niebla por los pelitos.

Mi madre y yo en el paradero de siempre (ahora ya no existe), arrodilladas, sosteniendo un trozo de madera, tratando de protegernos del fuego que cae desde el cielo, mientras el resto de personas corre en todas direcciones sabiendo que algo peor al infierno que nos rodea, está cerca. Todos gritan, algunos se queman, otros forman parte de las cenizas aún encendidas y mi madre llorando en silencio mientras trata de tranquilizar a su pequeña y desesperada hija. El tiempo y cierta profesora fanática de la religión le agregaron más detalles a mi visión, pero la esencia es la misma.

Camino por el malecón que nunca termina, paso por casuchas, atravieso callejones, el día y la noche se intercambian con asombrosa rapidez y el río siempre acompañándome, con sus gigantescos e inofensivos monstruos ribereños, su vegetación elegante que nunca dejaré de relacionar con los misteriosos jardines colgantes de Babilonia, el agua cristalina (algo totalmente alejado de la triste realidad) que forma caídas dignas de un paraíso. La naturaleza y mi imaginación hacen posible tal maravilla. Luego llega el momento de pisar tierra y me doy cuenta que los días de gloria del ahora riachuelo ya pasaron. Y no los viví.

Antes el colegio y ahora el trabajo, me obligan a madrugar y a querer inventarme veinticinco mil excusas para faltar a la jornada, trajín que a cualquiera desgasta, es por ello que los feriados y las vacaciones, por más cortas que sean, son bien recibidos. Pero desde mis primeros años de formación siempre he tenido la fantasía de levantarme temprano un feriado e iniciar todo el ritual de alistarme para el trabajo, sabiendo que una vez lista, volveré a mi cama para seguir durmiendo hasta el mediodía. ¡Qué rico debe ser!

miércoles, 20 de julio de 2016

Sin remedio

¿Adorables? Sí, ¿diabólicos? Absolutamente.

No conozco ni un solo gato que no reúna esas características y más. En definitiva, un gato aburrido, eso no existe…. Es como hablar de buen fútbol tomando como referencia a los merengues, casi de risa, ¿no?

Adorable como cuando está durmiendo pacíficamente en su cojín, cuando trepa a tus piernas amasando con sus patitas en una tierna evocación a su época de cachorro de párpados pegados, cuando está a tu lado ronroneando y totalmente confiado de tu presencia, cuando te da tiernos cabezazos en la mano, requiriendo un poquito de tu atención. Todo lo que se resumiría con el emoticono :3

Diabólico cuando se sientan a la mesa (sí, a la mesa) y escanean todo lo que hay sobre ella para atacar: el control remoto, dinero, cubiertos, periódico, llavero, etc. todo, todo contra el suelo, cuando corretean por toda la sala, dándose unas necesarias pausas en las que aprovechan para demostrarnos que sus garritas no están para acariciar el lomo del mueble, cuando de la nada decide comprobar si los rieles de las cortinas resisten a sus cinco kilos, cuando pasea su elástico cuerpo delante de mi perra bóxer (noble como muchas) buscando su reacción y, al más puro estilo de los gatitos siameses de La dama y el vagabundo, logra hacerla responsable de sus estropicios. Todo lo que antiguamente podíamos abreviar con el emoticono :@

Este post iba a estar acompañado de una fotografía de mi compungida gata junto con mi reloj maltrecho, una bolsita de caramelos y un cartelito en el cual confesaba su travesura, ofertando las golosinas para cubrir el daño causado. Obviamente no quiso colaborar y sin más, se fue, dándome la espalda y serpenteando su insolente cola.

Ya con la proximidad de la noche (y la posibilidad de pasarla sobre mi colchón), la gata se acercó en plan conciliador y terminamos compartiendo mi última adquisición....



miércoles, 13 de julio de 2016

Una lista más....

UNO: GARBAGE regresa a Sudamérica, confirmando fecha en Chile (acá abajito nomás), mientras yo tengo que rogar porque alguna discotienda traiga su último disco y, si hay suerte, conseguirlo no tan caro.

DOS: La Feria del Libro está cada vez peor, trayendo a un Nobel que no conozco ni de chiste (disculpen mi ignorancia), un caricaturista argentino acusado de plagio y aumentando el precio de las entradas a niveles francamente abusivos.

TRES: El básquet, el fútbol, el tenis, el fútbol, la vida, el fútbol.

CUATRO: Mi gata, en uno de sus tantos arranques de locura, lanzando mi reloj por los aires con la respectiva rotura del cristal que no me saldrá nada barato reponer.

CINCO: La garantía que me ha dejado quince días (y contando) sin celular, obligándome a andar por la calle con toallitas húmedas para utilizar los teléfonos públicos y con el silencio como compañía.

SEIS: Los almuerzos fríos, el fútbol, la falta de lapiceros en mi escritorio, el fútbol, el tráfico de la ciudad, el fútbol.

SIETE: La PC ha detectado que mi sistema operativo es pirata, reemplazando el selfie del macaco que tenía como fondo de pantalla con una estela negra que me recuerda día a día que mi postura antipiratería colisiona con los trescientos dólares que costaría un Windows original.

OCHO: Mi jefe afanoso en demostrarle al compañero de trabajo que él tiene la razón, desconecta la energía eléctrica de toda la oficina, por segunda vez en la semana (estamos recién miércoles), haciéndome perder dos archivos de más de veinte páginas cada uno.

NUEVE: Y soy mi mayor frustración, habiendo transcurrido más de la mitad de este 2016 sin decidirme a dar el gran salto.


sábado, 2 de julio de 2016

Contar hasta diez no alcanza....

La chica nueva llegó.

Viendo a la joven Carolina (ahora veo a todo el mundo más joven que yo), en su tercer día en la oficina, no puedo evitar recordar cuando la nueva era yo: tímida, recatada, de poquísimas palabras y acomedida en extremo. Llegaba de veinte a quince minutos antes de la hora de ingreso, siempre con el peinado bien armado, súper pilas y dispuesta a demostrarle a mi jefe que era merecedora al cien por ciento del puesto que ocupaba…. La chupamedias modelo.

Hoy las cosas son distintas, pero no de un modo tan negativo, sino para bajarle las revoluciones a esa personalidad servil que suelo mostrar. Llego puntual o con minutos (poquitos nomás) de retraso, el cabello suelto y mojado casi recién salido de la ducha y con una combinación de-sastre y ropa sport que me resulta digerible y ha terminado con el título de “doctora” que me iban dando por algunos lados, cuando mi jefe me pregunta si puedo “colaborar” quedándome un par de horas más en la oficina hago un repaso mental de los gastos que se vienen y dependiendo de ello, doy mi respuesta.

Volviendo a la joven Carolina, admito algo de celos al ver cómo se ha convertido en la novedad del trabajo, el nuevo caramelito, a la que todo el mundo le conversa y le orienta para que le vaya bien, servicial y sonriente con tod@s (hasta conmigo) que pareciera hacer méritos para ganarse todas las estrellitas que pudieran caberle en la frente. A mí ya nadie me orienta y he pasado a formar parte del núcleo ese de compadreo en el que sueltas una lisura o comentario sarcástico contra algún compañero y donde todo se vuelve joda.

Pero tal y como sucedió con la anterior “nueva”, la joven Carolina padece de la misma actitud engreída y caprichosa que no hay como aguantar, incapaz de hacer algo que no sabe porque no quiere aprender, pidiéndole a los chicos (que le quieren caer desde el primer día, tal y como sucedió conmigo en su oportunidad) que hagan algunas cosas por ella “porfavorcito puessss” y varias cosas que ponen a latir a mi ojo izquierdo hasta el punto de la náusea…. Igual ya acumulé la bilis suficiente para ignorarla y prescindir por completo de su colaboración.

Una sonrisa falsa y un “¡fuera mierda!” mental, serán suficientes para lidiar con su presencia.

domingo, 26 de junio de 2016

Influencia

Maquinando nuevos frentes de lucha....

Y si bien es más probable que tenga algo de malagueña antes que de salerosa, esta canción me ha caído a pelo, escuchándola una y otra vez durante el fin de semana, la motivación perfecta para desenvainar mi imaginaria Hattori Hanzo y descargarla contra mi nada corta death list.



miércoles, 22 de junio de 2016

Confesiones de invierno

Estrené estación con el cuello contraído, la punta de la lengua quemada por el café caliente, las rodillas crujientes por culpa del jean que nunca abriga y el cabello corto para no demorarme en la ducha helada.

A pesar de todo eso, con el pasar del tiempo se ha vuelto mi estación favorita, se duerme mejor y tienes la excusa perfecta para pasar el fin de semana entero en pijama sin el menor sonrojo.

Y me pasa igual que este señor de bigote bicolor, pues inexplicablemente, desfallezco los domingos para amanecer con un lunes prometedor.





lunes, 20 de junio de 2016

Oye, gracias....

Me quedé sin garganta.

Sin planearlo, tuve una de las mejores salidas que pueda recordar en los últimos meses. Fue corta e interrumpida por llamadas de impertinentes, pero muy sustanciosa para mi ego, que a veces se eleva como masa de picarón.

Se hizo realidad una de mis fantasías más ocultas: leerle mis historias a una persona que de verdad disfrute de mis letras, hasta el punto de guardar mi blog en su lista de lectura personal. No podía del orgullo.

Y mejor aún fue contarle cómo se escribió tal o cual post, con su significado, estado de ánimo y circunstancias…. Por un momento delirante me creí J. K. leyendo el primer capítulo de Las Reliquias de la Muerte en su lanzamiento mundial. Si siempre digo que soy muy fácil de complacer.

Soy consciente de que tal vez Eloísa no se aparezca por acá hasta cuando nos volvamos a ver y recién se acuerde de su lista de lectura, pero no importa. El placer que experimenté aquella noche (siempre de noche) me durará un tiempo más que razonable.

lunes, 13 de junio de 2016

¡Es inocente!

Ya es habitual verla en su ropa de combate, que a l@s más empeños@s les deja harto material para recrearla en situaciones poco decorosas. Pero a raíz del problemón surgido por un control antidoping, la bella María salió en rueda de prensa a contarnos su versión de la historia, vestida muy muy sobria (de la cintura para arriba) y con carita de circunstancias.

Esa carita....

Suelo ser imparcial al momento de dar opiniones políticas, deportivas, religiosas, etc…. Pero fallo estrepitosamente cuando se trata de personajes que por los cuales siento (inexplicablemente) la mayor de las antipatías e igualmente con quienes me causan un embelesamiento que raya con la sicopatía.

Entonces no hay argumento que valga, creo ciegamente en la inocencia de Masha y considero totalmente injusta la sanción impuesta, no hay derecho de privarnos de su presencia en las canchas de tenis, de no oír durante ¡DOS AÑOS! sus gemidos (¡esos gemidos!) al golpear con la raquetita, de no verla inspirar profundamente, cuadrar los hombros y sacar un servicio que puede terminar en ace o chocar en la red, ¡no importa!, todo sea por seguir disfrutando de ella.

Sin Nadal y sin Sharapova, los torneos venideros serán reducidos a larguísimas jornadas de peloteo soso sin ninguna pizca de emoción, no habrá puños en alto celebrando puntazos imposibles (oh Nadal) ni sonrisas y besos volados a las tribunas para agradecerles el triunfo (oh María).

viernes, 3 de junio de 2016

Y así....

Como si el cuerpo no sufriera los suficientes cambios traumáticos que el paso del tiempo le ofrece, están los cambios que una le provoca con sus atolondradas decisiones.

Recuerdo con ternurita los miedos irreflexivos que me metían amigas de menor edad (pero de mayor experiencia) basándose en mitos que a pesar del tiempo, siguen vigentes. Ignorante yo en cierto acto biológico, empecé en esas lides a una edad que much@s consideraría excesivamente tardía, tan tardía que me generaba complejos hasta el punto de convencerme, por poco tiempo, que era una frígida total.

Luego caí en cuenta que tanta aprehensión fue injustificada, no es que veintitrés años sean para felicitarme, pues cierto es que much@s hasta empiezan en la base 1, pero tampoco sugería una drástica sentencia a “vestir santos” como me hicieron creer durante buen tiempo.

¡Qué inocente era!

Pero no del tipo de inocencia que nos remite a la abeja y la flor, sino más bien del creer que una vez encaminada hacia ese fin, me tomaría mi tiempo y sólo cuando me sintiera segura de mi misma y totalmente preparada (unos dos años más) accedería a lo que en ese momento yo denominaba “faena”. Así pues, era yo, conservadora.

Ni yo misma pude avecinar lo que me esperaba, nunca imaginé que, una vez encaminada a ese fin, transcurrieran diez rápidos días para sucumbir en lo que he definido como la revolución total y absoluta de mi existencia. Tan poderosa que sólo conservo destellos de memoria del acto en sí, puesto que lo que guardo muy bien son todas las sensaciones que invadieron mi cuerpo y que nunca imaginé que sería capaz de experimentar y, mejor aún, disfrutar.

La historia posterior vino con todas las complicaciones que una puede esperar de las relaciones y más. Si tengo un estilo que me define es que siempre, siempre, pienso después de actuar.

O de escribir.

miércoles, 25 de mayo de 2016

3:15

Me he alejado de personas, actividades y cosas por falta de tiempo y ganas. El trabajo de gente adulta y la desidia de gente mínima me han absorbido…. Es inconcebible que haya olvidado la última vez que me senté a tomar un café en solitario, con mi lápiz y cuaderno a la mano.

También responsabilizo a mi desordenada mente y alborotada alma.


Poco a poco trataré de recuperar buenas costumbres....


sábado, 21 de mayo de 2016

Etapas

Resulta que hubo un momento en el que me creí capaz de disciplinar mi vida y seguir la corriente que veía en las amigas de siempre.

Y entré a una academia.

Coleccioné una considerable cantidad de tarjetas para recargar mi celular y todas las gasté en mensajes de texto que me ayudaban a pasar el rato en las clases más aburridas.

Empecé y terminé de leer la saga de Harry Potter, gustándome más La Orden del Fénix.

Aprendí a disfrutar, de verdad, del café y de las conversaciones que éste propiciaba.

Conocí del encanto de Barranco más allá del Puente de los suspiros.

Descubrí la procrastinación.

Me di cuenta que era capaz de hablar hasta secarme la garganta.

Me enamoré de un imposible.

Sufrí y superé aquel amor.

Adquirí el ahora incomprendido gusto de fumar, llegando a la cajetilla semanal.

Viví.

Y, por supuesto, no retuve absolutamente nada del conocimiento que varios profesores intentaban inocularme, derivando en un bochornoso y esperado resultado en el único examen de admisión que he dado en mi vida.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Que amanezca

Mañana fría, reunión de trabajo, almuerzo tardío, sobremesa difícil.

Manos cruzadas, miradas cómplices, nudos en la garganta.

Mente confusa, futuro incierto.

Mi vida complicada.

lunes, 16 de mayo de 2016

Lo que haría....

Procuro olvidarte, como dice la canción, mientras me entrego al segundo vicio más dañino en mi vida….

Al parecer, al encargado de comprar suministros en la empresa le encanta cambiar siempre de proveedor, es por ello que la señorita de limpieza, Karen,  viene con diferentes desinfectantes líquidos que yo asumo, deben ser bien potentes. Es así que mi oficina huele distinto cada semana, pudiendo ser aroma de baño público recién limpiado, otras veces trae olores dulzones que no hay como soportarlos (motivo principal de encontrarme abusando de la aspirina), pasando por el básico kreso (mucho más soportable), hasta llegar a lo que he considerado, de lejos, como mi desinfectante favorito forever and ever.

No puedo controlarlo, no me interesa hacerlo.

Tras varios meses dudando, hace un par de semanas, como quien no quiere la cosa (y siempre, siempre la quiere) le pregunté a Karen si ella tenía más de ese desinfectante que estaba usando, respondiéndome que sí, a lo que repregunté si podía darme un poco, Karen sonrió y soltó un “ahorita regreso” que hizo aletear mi corazón. A los pocos minutos se apareció con una botella de plástico conteniendo un líquido verde de lo más sugerente que inmediatamente asocié con la esmeralda. Seguro que algo captó en mi mirada, porque me advirtió con rostro severo: señorita (¡ja!), ese desinfectante es muy fuerte, antes de usarlo debe diluirlo con agua…. Asentí distraídamente, considerándola una advertencia inútil.

Procuro olvidarte, como dice la canción, mientras me entrego al segundo vicio más dañino en mi vida….

Porque si bien te he abandonado indefinidamente, Coca Cola, aspirar mi botellita de plástico con enfermiza obsesión, me da el placer que siempre me generaba el beberte. Tengo a mi organismo entregado a tantos extravíos que cambiar tu efecto corrosivo en mi estómago por unos cuantos orificios en mis pulmones no supondrá mayores traumas.

Nos vemos luego.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Plus....

Soy superior, lo sé.

Así suene a temeraria jactancia, es una verdad indiscutible. Me envanezco cuando camino por las calles y me sé gigante por sobre la mayoría de personas que transitan a mi lado, las miro por encima del hombro con una asombrosa y firme seguridad, nadie está a mi nivel. Y nadie lo estará.

Oye tú, que cruzas la pista cuando no hay carros, ¡aprende! Estoy parada en la acera esperando que el semáforo cambie a verde y poder cruzar en el momento correcto. Amiga, amigo, no piensen que botarán la basura por la ventana de los autos y quedarán impunes, porque ahí estaré yo para dirigirles una mirada de reproche y sumo desprecio por semejante acto. Joven, observa cómo no ocupo el asiento reservado a personas mayores, mujeres embarazadas y discapacitados en general, así es, me paso todo el viaje parada a diferencia tuya que te instalas en los asientos rojos sin el menor empacho. Exacto, nada estimados compañeros de trabajo, no tengo ni puta idea de lo que pasa en esa serie que está de moda, porque yo sólo sintonizo, en las poquísimas ocasiones que uso aquel aparato tan burdo llamado televisor, NatGeo, History o Discovery, así que no vengas a contaminar mis oídos con cosas tan chabacanas. Señoritas de la mesa del costado, oigan lo que mi amiga (otro ser superior) y yo tenemos que decir respecto al conflicto judío-palestino, la política nacional, economía mundial, cuidado del ambiente, literatura clásica y tantos otros temas incomprensibles para cerebros tan ordinarios como los suyos.

Soy superior, lo sé.

Es lo que hay cuando me dejo dominar por la pedantería. Porque nada de lo mencionado es criticable, siempre y cuando no pretendas, como yo, “dar el ejemplo” frente a los demás  ya que crees que así tiene que ser, es lo correcto y blablablá…. te llenas de una moralina francamente insoportable que termina por intoxicarte hasta llegar al punto de no enterarte de nada.

Porque la realidad me dice que, cuando no estoy dándole lecciones imaginarias a la gente, soy una salvaje más, lo sé.

domingo, 24 de abril de 2016

Darling, how would it feel?

Conversando con Delilah....

I got you crawling up a mountain
Hanging 'round my neck
I got you twisted 'round my finger
Crawling 'round my legs
The emptiness, the craziness
Satisfy this hungriness

Darling, how would it feel?

If we sleep together
Will you like me better?
If we come together
We'll go down forever
If we sleep together
Will I like you better?
If we come together
Prove it now or never

Make me a pretty person
Make me feel like I belong
Make me hard and make me happy
Make me beautiful
The emptiness, the craziness
Satisfy this hungriness

Darling, how would it feel?

If we sleep together
Will you like me better?
If we come together
We'll go down forever
If we sleep together
Will I like you better?
If we come together
Prove it now or never

If we sleep together
Nothing satisfies me, baby
If we sleep together
I'll wear something pretty, baby
If we sleep together
Give me what I crave now, baby
If we sleep together
Save the rest for later, baby
If we sleep together
You will drive me crazy, baby
If we sleep together
I save it all for you, my baby