lunes, 21 de septiembre de 2015

Muuuuuu

Trabajar hace daño….

Hace unos días me puse en plan evocador revisando fotos antiguas y me di con la sorpresa que en algún momento de mi vida fui propietaria de un vientre plano…. Semanas antes de empezar en este trabajo sedentario, en pleno verano, fui eternizada en unas cuantas fotos playeras, exhibiendo nada orgullosa la no-panza que no-tenía en ese entonces. Ahí me veía bajo los cada vez más dañinos rayos de sol, lentes oscuros y (para mi horror) la clásica ropa de baño de dos piezas.

Es mi culpa, lo admito, la mediana estabilidad monetaria puso al alcance de mis manos y voraz boca, la suculenta comida chatarra, la misma que he intentado abandonar hasta en cuatro oportunidades, siendo mi récord máximo un mes de abstinencia, un mes en el que sorprendentemente no extrañaba nada de lo nocivo; llegando el día en el que por motivos que ya no recuerdo, me vi “obligada” a recurrir al KFC de siempre, para nuevamente caer bajo sus garras.

Claro, no habría vuelto a lo mismo si a lo largo de ese mes, las dimensiones de mi panza se hubieran reducido a una medida razonable, cayendo en cuenta que no era suficiente comer sano, sino que además debía complementarlo con una serie de hábitos físicos a los cuales no estaba (ni estoy) mentalizada en realizar, ya sea por falta de tiempo, falta de voluntad o simple alpinchismo por mis mofletes.

Pero eso se ha terminado, puesto que compruebo que cada vez es más difícil reconocer que la talla S me abandonó, que los pantalones 28 pronto no serán suficientes, que corretear al carro por dos cuadras no justifica dolor de pantorrilla durante dos semanas y, sobre todo, comprobar que la toalla que te pegas al cuerpo al salir de la ducha no llega a secar cierta zona meridional ubicada exactamente debajo del ombligo, puesto que una masa ligeramente ovalada y sobresaliente le impide cubrir tu piel.

Me veo los pies de puro milagro.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Desapego

Hoy me robaron el celular y debo reconocer que estoy un poco aliviada.

De la noche a la mañana me uní a la tropa de autistas que van por la vida con la cara pegada a sus teléfonos, l@s que toman fotos de cuanto plato fintoso tengan delante, que wasapean (perdonen la informalidad) con todo el mundo, ignorando a los amigos de al lado, que se desentienden de todo lo que les rodea. De ell@s renegaba, en un@ de ell@s me convertí.

La vida definitivamente me tenía que dar una llamada de atención, claro que hubiera preferido que no hubiera intermediario alguno (me lleno de furia al pensar en el malnacido que se hizo con mi aparato), pero estoy reaprendiendo del silencio forzado (me quitaron la música), de acordarme que la gente tiene cara (mucho más grande que una pantallita de 2.4 pulgadas), de comer sin electromagnetismo al lado (porque todo momento era bueno para revisar las notificaciones) y tantas otras manías que fueron engulléndome poco a poco.

Igual extrañaré mis fotos y vídeos, dormir arrullada por la música clásica, el formato de hora que mi TOC aprobaba y desentenderme un poco del trabajo. La sensación de pertenencia es muy fuerte y es por eso que deseo fervientemente que el infeliz que se llevó mi teléfono sufra el peor de los martirios.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Neologismos Arbitrarios V

Leía el otro día que en un acto “magnánimo”, el Papa, que hasta ayer me caía bien, concedía el perdón a todas las mujeres que en determinado momento de sus vidas, hayan practicado un aborto. Conforme pasaron los minutos, mi fastidio ante semejante anuncio crecía más y más.

Razones me sobran.

Es que Francisco podrá tener buenas intenciones, pero estas se funden cuando existe el agregado del arrepentimiento, es decir, te perdona si y sólo si estás arrepentida, de lo contrario ya podrías estar segura que tu destino te deparará el peor de los infiernos, todo por osar decidir sobre ti y tu cuerpo y no culminar con un proceso biológico que no se encuentra ni a la mitad de desarrollado. Así que…. ¡ARREPIÉNTETE!

Luego está la extraña omisión de los hombres en tan generoso indulto, bien si es porque no los considera responsables de la aparición de un cigoto dentro de la mujer, bien porque no los cree merecedores de perdón. En cualquiera de los casos, el asunto se resume en basura pura.

Tan larga introducción (sí, era la introducción) viene porque llegó a mis  ojos, de manera fortuita, la novedosa apostasía, de la cual no tenía conocimiento alguno y que perfectamente podría encajar, en modo de renuncia, dentro de lo que viene aturullando a mi cerebro desde hace bastante tiempo. No puedo seguir apelando al libre albedrío para hacer lo que me venga en gana, demasiada hipocresía de mi parte.

A estas alturas puedo gritar a los cuatro vientos mi deseo ferviente de creer en un ente superior que tenga poder suficiente para impedir mi perdición, que proteja a mis seres queridos y a mí de cualquier evento maligno, que se asegure de nuestro bienestar, no sea muy severo con nuestros errores y nos garantice que luego de esta vida vendrá el verdadero y maravilloso motivo por el cual nos introdujo en este mundo. Pero ese deseo se complica más y más.

No puedo concebir a un dios intolerante con los supuestos pecadores que apoyan el aborto, la unión civil, las investigaciones científicas que salvarían muchas vidas y tantos otros actos más que mentes cuadriculadas y sin una sola pizca de humanidad aborrecen y condenan.

Estoy huérfana de fe y la apostasía pareciera ser mi salvación.