He decidido que en mi velorio habrá música.
Desde hace semanas vengo planeando mi fiesta de cumpleaños, ya que cumpliré 40 y, además de ser un cambio de década, toma especial relevancia porque es el primero que celebraré desde el inicio/fin de la pandemia y después de una pérdida personal muy dolorosa que, por un tiempo, me tuvo convencida que mi cumpleaños ya no iba a poder celebrarse nunca más. Y a pesar de que a mi Fendi no le gustaban nada las visitas ni la bulla, sé que su pequeño y noble corazón se alegraría al verme compartiendo bonitos momentos.
Desde el contenido de la piñata, pasando por posible pirotecnia, hasta el armado de un improvisado bar, he ido comentando con algunas amigas ciertos detalles sobre el día, recibiendo sugerencias y contando los días que faltan para volver a tener reunidas en mi casa a todas las personas que, en diferentes medidas y frecuencias, son destinatarias de mis afectos. Echaré de menos a otras presencias que, geográficamente, tienen difícil llegar a tiempo, pero a todas ellas siempre les reservo un momento para poder compartir ese alegría cronológica que me invade una vez al año y que me hace ver todo color arcoíris.
Entonces ¿por qué he empezando escribiendo sobre mi futuro velorio? Pues que hace unos días tuve un sueño novedoso y que, al contrario de lo que su trama principal podría sugerir, resultó uno de los más bonitos que haya tenido y podido recordar: mi muerte.
Bajaba de un segundo piso hacia la sala de estar de una casa de madera que daba hacia el mar y donde se encontraba un grupo de gente que parecía estar esperándome, sentados en unos muebles que iban de lo más bien con la decoración casi rústica que tenía el resto de la casa. Pero lo mejor de ese grupo se encontraba en el medio, con la Buba y la Fendi más hermosas que nunca, moviendo sus colitas a velocidad helicóptero sin moverse de su sitio a la espera que llegue hacia ellas. Y hacia ellas fui, con ellas me abracé y volví a ser feliz.
Luego se apareció mi hermana, la que debió notar mi cara de susto y pena por verla ahí, pero inmediatamente me aclaró que ella no formaba parte del comité de bienvenida, simplemente estaba estableciendo una especie de contacto rápido para asegurarse que me encontraba bien y así, ambas tranquilas, nos despedimos.
Desperté emocionada y agradecida por lo que vi, esperando que lo que venga después de mi última respiración sea la mitad de bello de lo soñado, luego me puse a pensar que mi subconsciente motivó este sueño por toda la expectativa generada por mi próximo cumpleaños y la significancia de seguir viva o de haber llegado a lo que podría ser la mitad de mi vida. Y aunque cumplir 80 años me parece de una locura y ambición casi imposibles de cumplir, quiero seguir convencida que hay muchas cosas más para experimentar y disfrutar, que lo de padecer ya he tenido de sobra y hasta para compartir.
Soundtrack de entrada, el que YouTube se encargará de borrar en los siguientes días, sin relación aparente, simplemente porque esta canción siempre me gustó y hace unos dias descubrí esta version que tiene su dosis de melancolía, ternura y alegría que también están contenidas en este post.