Tumbada en mi cama un viernes por
la noche, con la expectativa de un sábado laboral y académico, iba pasando los
canales sin ver ni buscar algo específico…. Hasta que mi ojo clínico captó
algo.
Era la clásica película “para
adultos” que dan pasada la medianoche, actuaciones terribles por parte de
todos, hasta que llegan las escenas de sexo en donde abundan los primeros
planos de los pechos y genitales femeninos y en donde a las justas se ve el trasero
del hombre. Algo que pasados unos cinco minutos llega a aburrir, pero en mi
caso, tal vez debido a mi prolongadísima abstinencia, me mantuvo en vilo,
esperando ver algo que sabía perfectamente que no vería: la penetración.
“El
novio de mi hija”, que así se llamaba la película de marras, me dejó con
una sensación de fastidio y tuve que recurrir a algo que siempre me ha llenado
de pavor. Buscar pornografía en internet. Si no sabes por dónde buscar, páginas
maliciosas pueden terminar con la vida de tu PC, la misma que compartes con
toooooda la familia…. Pero se me prendió el foquito pervertido y me dije que
todo lo podía hacer desde la comodidad y privacidad de mi nuevo celular, que no
es Smartphone por las puras, dándole una utilidad más aparte del Candy Crush.
Consultas inocentes, más una que
otra referencia, me hicieron llegar a
una página que tenía pinta de confiable, iniciando una seguidilla de descarga
de videos de TODO tipo que, pasadas unas tres horas (lo que demoró el celular
en avisarme que la batería moría), me dejaron un poco empachada. Recordé la vez
que Helena y yo pedimos un balde de ocho piezas de pollo KFC, tres cajitas
felices McDonald’s y una docena de siu
mai sólo para las dos y, aparte de empachada, también me sentí culpable.
Emociones que se repetían en mi, mientras continuaba sentada en mi nueva
mecedora, todavía con el celular en la mano.
Ya no tenía ese fastidio que me
empujó a la búsqueda de aquellos videos, pero había sido reemplazado por otra
sensación igual de incómoda que hasta el día de hoy no puedo descifrar. ¿La
utilización de la mujer en semejante oficio? No creo, el hombre está igual de
expuesto, ¿la ficción absurda que hay en esas historias? Claro, claro, decir
que una mira esos videos por la historia que cuentan es como justificar una
suscripción a Playboy por los buenos artículos que publican, ¿rezagos de la
educación religiosa impuesta en el colegio? Bueno, he hecho cosas peores que
ver pornografía y hasta puse en práctica algunas escenas vistas, así que no creo
que haya mucha culpabilidad de mi parte.
Terminando de ver los videos, me dije que había
cubierto mi cuota para un año completo, convencida de haber excedido el límite
que separa a curiosos de adictos. Inmediatamente prendí la televisión y
sintonicé Cartoon Network, con la esperanza de desintoxicarme un poco.