miércoles, 5 de marzo de 2025

Como tiene que ser...

Un día como hoy, después de 11 años de labor casi ininterrumpida (gracias apéndice por inflamarte en plena pandemia), tenía mi primer día libre y desempleada, presentándose ante mi un futuro incierto pero en el que empezaba a trazarse un plan a mediano-largo plazo que iba a marcar una etapa importante de mi vida. Sin embargo ese plan se torció y yo me encontré en la situación de seguir adelante con los pasos previos que iban a culminar en algo que ya no existía más.

Pero antes de todo aquel drama, cuando aún habían motivaciones, me permití unos días de relajo absoluto, de distensión total, teniendo como primera tarea voluntaria la de ordenar mi armario, siempre caótico y lleno de chucherías acumuladas de las que no me deshacía por flojera o falta de tiempo. Ahí me reencontré con unos audífonos que creía perdidos, unos lapiceros de tinta líquida que compré cuando absurdamente me creí capaz de seguir una carrera universitaria, un estuche de tela con estampados de mi banda favorita y un par de pines alusivos a la comunidad LGBT (que al día de hoy ya perdí definitivamente), entre otras cosas más que boté u ordené, dependiendo de mi conexión sentimental con cada elemento. Lo que creí que sería una actividad de un par de horas me tomó toda la mañana y parte de la tarde, mientras estrenaba mi vasito de Capitana Marvel con un buen trago de leche fresca y heladita.

Los días siguientes transcurrieron entre encargos remunerados, actividades caseras y una que otra salida para sentir el aire tibio de verano en la cara. Pero esta vez no me sentía sofocada, no había prisas en mis pasos, ni la conocida ansiedad de unas vacaciones próximas a terminar, simplemente dejaba que el tiempo pasara, con la tranquilidad insensata de no hacerte responsable de nada.

Pero ese tipo de paz no está hecha para el ser humano, este sistema nos obliga a ser productivos y a sentir el agobio constante cuando no cumples con ello. Los días pasaban, la liquidación menguaba y volví a las noches insomnes que creía haber dejado en el olvido.

Hoy, un año después, tengo el doble de trabajo y ojeras, la motivación en mínimos y el tiempo libre como espejismo, fantaseando con volver a esos días de libertad.