viernes, 10 de julio de 2015

¿Qué esperas que no escribes? (*)


Necesito toxicidad y corrosión….

Hay cierta inclinación hacia lo nocivo en estas canciones, pero se escuchan tan bien que lo único que me provoca es seguir adelante con lo mío y perderme en la perdición. En mi muy particular interpretación, estas canciones me gritan y dan un mensaje clarísimo…. El problema es que las circunstancias no siempre son favorables y mi voluntad (que es mucha) no es suficiente.

Lo último que me han dicho es que soy una reverenda cojuda y lo más probable es que tengan razón, el tema pasa por ver en qué tienen razón y porqué esa razón no me basta para convencerme de las cosas. Y ahí ya entran a tallar el mayor de mis vicios y el peor de mis defectos (ser una idealista de mierda).

Quienes han pensado alguna vez que mi principal adicción es la Coca Cola, erraron por poco, es el amor. Pasa que no profundizo mucho en ello porque no he tenido mayor experiencia que la vivida y porque decirlo en voz alta (o en el blog de turno) raya en lo cursi…. Dos historias en mis casi treinta años se me antojan pocas y sumado a un magro conocimiento sobre las relaciones de pareja y cómo deben llevarse las mismas, la vida se me complica. 

Pero yo hablaba de canciones. Que sólo sirven para convencerme de seguir en las mismas hasta que me estrelle con lo que me salga al encuentro, me levante y siga adelante. Después de todo, digo yo, ¿qué es de la vida sin un poco de dramatismo gratuito?
 


(*) Ya escribí.

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