miércoles, 2 de septiembre de 2015

Neologismos Arbitrarios V

Leía el otro día que en un acto “magnánimo”, el Papa, que hasta ayer me caía bien, concedía el perdón a todas las mujeres que en determinado momento de sus vidas, hayan practicado un aborto. Conforme pasaron los minutos, mi fastidio ante semejante anuncio crecía más y más.

Razones me sobran.

Es que Francisco podrá tener buenas intenciones, pero estas se funden cuando existe el agregado del arrepentimiento, es decir, te perdona si y sólo si estás arrepentida, de lo contrario ya podrías estar segura que tu destino te deparará el peor de los infiernos, todo por osar decidir sobre ti y tu cuerpo y no culminar con un proceso biológico que no se encuentra ni a la mitad de desarrollado. Así que…. ¡ARREPIÉNTETE!

Luego está la extraña omisión de los hombres en tan generoso indulto, bien si es porque no los considera responsables de la aparición de un cigoto dentro de la mujer, bien porque no los cree merecedores de perdón. En cualquiera de los casos, el asunto se resume en basura pura.

Tan larga introducción (sí, era la introducción) viene porque llegó a mis  ojos, de manera fortuita, la novedosa apostasía, de la cual no tenía conocimiento alguno y que perfectamente podría encajar, en modo de renuncia, dentro de lo que viene aturullando a mi cerebro desde hace bastante tiempo. No puedo seguir apelando al libre albedrío para hacer lo que me venga en gana, demasiada hipocresía de mi parte.

A estas alturas puedo gritar a los cuatro vientos mi deseo ferviente de creer en un ente superior que tenga poder suficiente para impedir mi perdición, que proteja a mis seres queridos y a mí de cualquier evento maligno, que se asegure de nuestro bienestar, no sea muy severo con nuestros errores y nos garantice que luego de esta vida vendrá el verdadero y maravilloso motivo por el cual nos introdujo en este mundo. Pero ese deseo se complica más y más.

No puedo concebir a un dios intolerante con los supuestos pecadores que apoyan el aborto, la unión civil, las investigaciones científicas que salvarían muchas vidas y tantos otros actos más que mentes cuadriculadas y sin una sola pizca de humanidad aborrecen y condenan.

Estoy huérfana de fe y la apostasía pareciera ser mi salvación.

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