Leía el otro día que en un acto
“magnánimo”, el Papa, que hasta ayer me caía bien, concedía el perdón a todas
las mujeres que en determinado momento de sus vidas, hayan practicado un
aborto. Conforme pasaron los minutos, mi fastidio ante semejante anuncio crecía
más y más.
Razones me sobran.
Es que Francisco podrá tener
buenas intenciones, pero estas se funden cuando existe el agregado del
arrepentimiento, es decir, te perdona si y sólo si estás arrepentida, de lo
contrario ya podrías estar segura que tu destino te deparará el peor de los
infiernos, todo por osar decidir sobre ti y tu cuerpo y no culminar con un
proceso biológico que no se encuentra ni a la mitad de desarrollado. Así que….
¡ARREPIÉNTETE!
Luego está la extraña omisión de
los hombres en tan generoso indulto, bien si es porque no los considera
responsables de la aparición de un cigoto dentro de la mujer, bien porque no
los cree merecedores de perdón. En cualquiera de los casos, el asunto se resume
en basura pura.
Tan larga introducción (sí, era
la introducción) viene porque llegó a mis
ojos, de manera fortuita, la novedosa apostasía, de la cual no
tenía conocimiento alguno y que perfectamente podría encajar, en modo de
renuncia, dentro de lo que viene aturullando a mi cerebro desde hace bastante
tiempo. No puedo seguir apelando al libre albedrío para hacer lo que me venga
en gana, demasiada hipocresía de mi parte.
A estas alturas puedo gritar a
los cuatro vientos mi deseo ferviente de creer en un ente superior que tenga
poder suficiente para impedir mi perdición, que proteja a mis seres queridos y
a mí de cualquier evento maligno, que se asegure de nuestro bienestar, no sea
muy severo con nuestros errores y nos garantice que luego de esta vida vendrá
el verdadero y maravilloso motivo por el cual nos introdujo en este mundo. Pero
ese deseo se complica más y más.
No puedo concebir a un dios
intolerante con los supuestos pecadores que apoyan el aborto, la unión civil,
las investigaciones científicas que salvarían muchas vidas y tantos otros actos
más que mentes cuadriculadas y sin una sola pizca de humanidad aborrecen y
condenan.
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