domingo, 16 de agosto de 2020

Compañero

Empecé en este trabajo hace siete años, sin tener idea de lo que haría ni cómo lo haría, simplemente por el impulso de la necesidad de no perder más mi tiempo.

Poco a poco fui entendiendo no sólo del mecanismo y funcionamiento de la oficina, sino que además pude tomar mayor consciencia de la precariedad laboral aún en instituciones públicas que, en un mundo ideal e irreal, deberían ser el ejemplo en cuanto a derechos y reivindicaciones para los trabajadores, siendo todo lo contrario, no sólo por el nivel de precarización sino por la corrupción imperante.

Ya sé que lo dicho suena más a panfleto sindicalista que a post de Blogger, pero es una realidad que muchos desconocen o, lo que es peor, les es indiferente. Felizmente hay personas que dedican su tiempo, su vida, a luchar contra estas injusticias, perdiendo muchas batallas y ganando otras pocas, pero siempre manteniendo la convicción de estar en el lado correcto y siguiendo adelante.

Hoy me ha tocado despedir, desde mi corazón y a la distancia, a una de estas personas, la primera, y espero que la única, muerte de alguien cercano en medio de esta locura que nos ha tocado vivir y padecer. Siento el golpe, duele, aterra, desconcierta y angustia.

Y pienso en todas las contiendas inconclusas que el compañero no pudo ver resueltas, rememoro todas aquellas jornadas compartidas en donde demostró su compromiso y lealtad y se me viene a la mente el primer recuerdo que tengo de él, dirigiéndose a un grupo de trabajadores a quienes les explicaba la importancia de seguir adelante con la lucha sindical, de no permitir los abusos de sus superiores jerárquicos y, sobre todo, de no callar, de denunciar y exponer estas situaciones. Espero que en alguno de ellos ese mensaje haya calado.

No se me ocurre ningún homenaje que le haga justicia, ni consuelo para sus deudos. Por el momento me quedaré con mi pena.