Tengo a T, que con su sonrisa permanente me da la fuercita que necesito para saber que, aunque no lo parezca, hay salida.
Tengo a R, que sostiene entre sus manos a mi corazón tambaleante, manteniéndolo a salvo con ella.
Tengo una media luna con su estrella, colgando de mi cuello, que paseo entre mis dedos cuando la ansiedad viene a alterarme.
Tengo a M, amarilla y ronroneante, que pareciera intuir cuándo es que necesito que venga a posar su bodoquita gatedad sobre mi pecho y darme compañía.
Tengo un bucito como prueba palpable de su presencia y que aún conserva su olor.
Tengo esperanzas.
Pero ya no tengo oportunidad...