miércoles, 20 de julio de 2016

Sin remedio

¿Adorables? Sí, ¿diabólicos? Absolutamente.

No conozco ni un solo gato que no reúna esas características y más. En definitiva, un gato aburrido, eso no existe…. Es como hablar de buen fútbol tomando como referencia a los merengues, casi de risa, ¿no?

Adorable como cuando está durmiendo pacíficamente en su cojín, cuando trepa a tus piernas amasando con sus patitas en una tierna evocación a su época de cachorro de párpados pegados, cuando está a tu lado ronroneando y totalmente confiado de tu presencia, cuando te da tiernos cabezazos en la mano, requiriendo un poquito de tu atención. Todo lo que se resumiría con el emoticono :3

Diabólico cuando se sientan a la mesa (sí, a la mesa) y escanean todo lo que hay sobre ella para atacar: el control remoto, dinero, cubiertos, periódico, llavero, etc. todo, todo contra el suelo, cuando corretean por toda la sala, dándose unas necesarias pausas en las que aprovechan para demostrarnos que sus garritas no están para acariciar el lomo del mueble, cuando de la nada decide comprobar si los rieles de las cortinas resisten a sus cinco kilos, cuando pasea su elástico cuerpo delante de mi perra bóxer (noble como muchas) buscando su reacción y, al más puro estilo de los gatitos siameses de La dama y el vagabundo, logra hacerla responsable de sus estropicios. Todo lo que antiguamente podíamos abreviar con el emoticono :@

Este post iba a estar acompañado de una fotografía de mi compungida gata junto con mi reloj maltrecho, una bolsita de caramelos y un cartelito en el cual confesaba su travesura, ofertando las golosinas para cubrir el daño causado. Obviamente no quiso colaborar y sin más, se fue, dándome la espalda y serpenteando su insolente cola.

Ya con la proximidad de la noche (y la posibilidad de pasarla sobre mi colchón), la gata se acercó en plan conciliador y terminamos compartiendo mi última adquisición....



miércoles, 13 de julio de 2016

Una lista más....

UNO: GARBAGE regresa a Sudamérica, confirmando fecha en Chile (acá abajito nomás), mientras yo tengo que rogar porque alguna discotienda traiga su último disco y, si hay suerte, conseguirlo no tan caro.

DOS: La Feria del Libro está cada vez peor, trayendo a un Nobel que no conozco ni de chiste (disculpen mi ignorancia), un caricaturista argentino acusado de plagio y aumentando el precio de las entradas a niveles francamente abusivos.

TRES: El básquet, el fútbol, el tenis, el fútbol, la vida, el fútbol.

CUATRO: Mi gata, en uno de sus tantos arranques de locura, lanzando mi reloj por los aires con la respectiva rotura del cristal que no me saldrá nada barato reponer.

CINCO: La garantía que me ha dejado quince días (y contando) sin celular, obligándome a andar por la calle con toallitas húmedas para utilizar los teléfonos públicos y con el silencio como compañía.

SEIS: Los almuerzos fríos, el fútbol, la falta de lapiceros en mi escritorio, el fútbol, el tráfico de la ciudad, el fútbol.

SIETE: La PC ha detectado que mi sistema operativo es pirata, reemplazando el selfie del macaco que tenía como fondo de pantalla con una estela negra que me recuerda día a día que mi postura antipiratería colisiona con los trescientos dólares que costaría un Windows original.

OCHO: Mi jefe afanoso en demostrarle al compañero de trabajo que él tiene la razón, desconecta la energía eléctrica de toda la oficina, por segunda vez en la semana (estamos recién miércoles), haciéndome perder dos archivos de más de veinte páginas cada uno.

NUEVE: Y soy mi mayor frustración, habiendo transcurrido más de la mitad de este 2016 sin decidirme a dar el gran salto.


sábado, 2 de julio de 2016

Contar hasta diez no alcanza....

La chica nueva llegó.

Viendo a la joven Carolina (ahora veo a todo el mundo más joven que yo), en su tercer día en la oficina, no puedo evitar recordar cuando la nueva era yo: tímida, recatada, de poquísimas palabras y acomedida en extremo. Llegaba de veinte a quince minutos antes de la hora de ingreso, siempre con el peinado bien armado, súper pilas y dispuesta a demostrarle a mi jefe que era merecedora al cien por ciento del puesto que ocupaba…. La chupamedias modelo.

Hoy las cosas son distintas, pero no de un modo tan negativo, sino para bajarle las revoluciones a esa personalidad servil que suelo mostrar. Llego puntual o con minutos (poquitos nomás) de retraso, el cabello suelto y mojado casi recién salido de la ducha y con una combinación de-sastre y ropa sport que me resulta digerible y ha terminado con el título de “doctora” que me iban dando por algunos lados, cuando mi jefe me pregunta si puedo “colaborar” quedándome un par de horas más en la oficina hago un repaso mental de los gastos que se vienen y dependiendo de ello, doy mi respuesta.

Volviendo a la joven Carolina, admito algo de celos al ver cómo se ha convertido en la novedad del trabajo, el nuevo caramelito, a la que todo el mundo le conversa y le orienta para que le vaya bien, servicial y sonriente con tod@s (hasta conmigo) que pareciera hacer méritos para ganarse todas las estrellitas que pudieran caberle en la frente. A mí ya nadie me orienta y he pasado a formar parte del núcleo ese de compadreo en el que sueltas una lisura o comentario sarcástico contra algún compañero y donde todo se vuelve joda.

Pero tal y como sucedió con la anterior “nueva”, la joven Carolina padece de la misma actitud engreída y caprichosa que no hay como aguantar, incapaz de hacer algo que no sabe porque no quiere aprender, pidiéndole a los chicos (que le quieren caer desde el primer día, tal y como sucedió conmigo en su oportunidad) que hagan algunas cosas por ella “porfavorcito puessss” y varias cosas que ponen a latir a mi ojo izquierdo hasta el punto de la náusea…. Igual ya acumulé la bilis suficiente para ignorarla y prescindir por completo de su colaboración.

Una sonrisa falsa y un “¡fuera mierda!” mental, serán suficientes para lidiar con su presencia.