jueves, 30 de julio de 2015

Divagar es....

Después de mucho tiempo vuelvo a tener un televisor en mi habitación, ayer por la noche me arrullé mientras veía la primera película de Los Expedientes X y acaparé mis sueños con excavaciones de pequeñas cabezas alienígenas.

A pesar de tan perturbadoras imágenes (todavía no las puedo sacar de mi mente) agradezco un poco la variación onírica que me ha librado de escenas vividas o imaginadas por mi inquieto cerebro, influenciado por mi más anhelado deseo que está complicándose día a día y que me tiene confusa y ansiosa, un pequeño respiro en los sueños recurrentes viene bien.

De pronto me invade una inquietud e imagino a mi aturullado subconsciente mezclando escenas en las que dirijo una mirada romántica hacia una persona con cabeza de extraterrestre, o combatiendo a seres de otro planeta que tienen un rostro humano familiar…. Qué jodido y absurdo.

Tal vez debería dejar el televisor a un lado y refugiarme en algún libro nuevo, ya que los aliens y las conspiraciones gubernamentales presentados por escrito no me llaman nadita la atención, tal vez debería empezar con mi última adquisición (cortesía de la cada vez más cara Feria Internacional de Libro) y comprobar que Saramago con El hombre duplicado muestra que los temas pueden ser similares, pero el talento jamás se copia. Tengo héroes indestructibles.



martes, 28 de julio de 2015

Mientras leo....

Recordando lo que era ser inocente, one more time....



miércoles, 22 de julio de 2015

Ah.... Vanidad

No es normal, no lo es….

El pelo crece crece y una no puede hacer nada por evitarlo, entonces pasado un tiempo prudencial o en mi caso, terminada la procrastinación sobre mi apariencia personal, voy a mi peluquería de siempre (“siempre” es cinco años) para proceder con la tortura indecible del corte de cabello.

¿Por qué es una tortura? Pues que con mucha buena voluntad, la peluquería, a la que llamaremos “Melanie’s”, cuenta con un servicio más que completo que consiste en lavarte y masajearte el cuero  con manos expertas mientras chorros de agua tibia caen por tu cabeza. Ni más, ni menos. La gente normal cierra los ojos y se abandona a la sensación de relajo que tanto mimo le provoca, mientras yo estoy con la mandíbula apretada mientras siento dedos extraños paseándose por mi cráneo y la desagradable idea que el chorro de agua tibia es en realidad urea. Así soy.

Felizmente nada es para siempre, por más que yo lo sienta así, entonces terminado el espantoso proceso de lavado y masajeado, llega el corte de la rebelde y cada vez más colorida cabellera. El experto Víctor aparece en escena, todo estuche de cuero negro, lleno de tijeras y colgado de cierta zona meridional. Reconozco que tanta parafernalia me intimida, pero debo comportarme a la altura; Víctor entonces, con voz cantarina, inquiere sobre mis preferencias y yo balbuceo algo parecido a “el mismo peinado pero más corto” mientras pongo cara de querer estar en cualquier lado, menos ahí. Se va la voz cantarina y llega la voz profesional, osea, la del mudo y Víctor empieza con su trabajo, tomándose diez minutos para culminarlo.

Estoy lista para ponerme de pie, pero una mano inesperadamente firme (la de Víctor) me retiene en la silla de la tortura porque falta peinarme. Es decir, utilizar un cepillo que ha pasado por miles de cabezas antes que la mía mientras repasa una y otra vez la secadora de cabello, provocándome ahogo y sofocación si acaso quemaduras de primer grado en mi cara. Vamos, lo que es normal en “Melanie’s”.

Por fin apaga el aparato y con voz insegura le pregunto a Víctor si ya me puedo ir, me responde que sí e instantáneamente se me relajan todos los músculos faciales, que estaban ya bastante rígidos corriendo yo el riesgo de quedarme con una sola expresión para toda la vida. Podía irme de “Melanie’s” una vez más por mi propio pie, había sobrevivido.

Debo mencionar que el resto de la noche me la pasé mirándome en cuanto espejo encontrara en mi camino y así comprobar que el corte me quedaba divino.

jueves, 16 de julio de 2015

Tell me what....

Me quedé sin ideas y, como nunca, me exigen celeridad para publicar…. Algo me dice que si esta fuera una actividad remunerada, me importarían un carajo las ideas e inspiraciones y escribiría tonterías mayores a las ya posteadas.

He decidido hacer un ejercicio público y, con seguridad, poco masivo. Lanzaré una pregunta y la que yo considere como la mejor respuesta se premiará con una taza o vaso descartable de café, de acuerdo a lo que tenga el establecimiento elegido; en caso que no les guste el café, una sesión gratuita con un sicólogo (es de locos que no les guste el café) y una cerveza bien heladita. Si no gustan de café y tampoco de cerveza, simplemente no hay nada que tratar conmigo y lo mejor sería que vayan buscando otro blog en el cual cobijarse. Preguntemos pues….

Siendo la música uno de mis mayores estímulos para trabajar, para escribir, para ejercitarme de cuando en cuando y para levantarme todas las mañanas con voluntad de hacer una que otra actividad, me causa mucha curiosidad saber que es lo que a los demás les impulsa a hacer las cosas. Dicho esto, no que más que preguntar ¿Cuál o cuáles son los estímulos que les llevan a hacer lo que hacen día a día?



lunes, 13 de julio de 2015

Sólo quiere matarla....

Una está libre de darle interpretaciones arbitrarias a las canciones. La música sirve para miles de cosas.

Yo pienso que es Humbert Humbert quien canta a gritos, con la voz y el corazón rotos por el abandono inesperado, incapaz de encontrar una respuesta que le haga entender lo que pasó, rememorando su atormentada (y para muchos, inaceptable) historia de amor, dando cuenta de la frialdad de su amada, como si por sus venas corriera de todo, menos sangre, de lo entregado que estaba él y de lo impasible que era ella, arrastrándonos a todos a su miseria, suplicando no hallarla, luego implorando tenerla una vez más para así, a punta de navaja, matarla. Definitivamente es un loquillo….

He leído por ahí que a algun@s esto les suena a violencia de género y demás. No podría, ni en mis visiones más retorcidas, ver la canción de ese modo. Simplemente es una muestra más de las locuras y barbaridades a las que nos lleva el amor, el irracional sobre todo, cuando las cosas no salen tan bien o salen bastante mal.

Mi historia particular me ha llevado siempre a la pasividad, esperando que sea la otra parte quien mueva los hilos y me maneje a su antojo. No me nace exigir, no está en mi naturaleza dominar. Pero ahora estoy casi convencida que en algún momento cruzaré la frontera imaginaria de cordura/locura y condenaré a mi alma a los innumerables tormentos que el que sabe más por viejo tendrá preparados para mí.



viernes, 10 de julio de 2015

¿Qué esperas que no escribes? (*)


Necesito toxicidad y corrosión….

Hay cierta inclinación hacia lo nocivo en estas canciones, pero se escuchan tan bien que lo único que me provoca es seguir adelante con lo mío y perderme en la perdición. En mi muy particular interpretación, estas canciones me gritan y dan un mensaje clarísimo…. El problema es que las circunstancias no siempre son favorables y mi voluntad (que es mucha) no es suficiente.

Lo último que me han dicho es que soy una reverenda cojuda y lo más probable es que tengan razón, el tema pasa por ver en qué tienen razón y porqué esa razón no me basta para convencerme de las cosas. Y ahí ya entran a tallar el mayor de mis vicios y el peor de mis defectos (ser una idealista de mierda).

Quienes han pensado alguna vez que mi principal adicción es la Coca Cola, erraron por poco, es el amor. Pasa que no profundizo mucho en ello porque no he tenido mayor experiencia que la vivida y porque decirlo en voz alta (o en el blog de turno) raya en lo cursi…. Dos historias en mis casi treinta años se me antojan pocas y sumado a un magro conocimiento sobre las relaciones de pareja y cómo deben llevarse las mismas, la vida se me complica. 

Pero yo hablaba de canciones. Que sólo sirven para convencerme de seguir en las mismas hasta que me estrelle con lo que me salga al encuentro, me levante y siga adelante. Después de todo, digo yo, ¿qué es de la vida sin un poco de dramatismo gratuito?
 


(*) Ya escribí.