miércoles, 16 de septiembre de 2015

Desapego

Hoy me robaron el celular y debo reconocer que estoy un poco aliviada.

De la noche a la mañana me uní a la tropa de autistas que van por la vida con la cara pegada a sus teléfonos, l@s que toman fotos de cuanto plato fintoso tengan delante, que wasapean (perdonen la informalidad) con todo el mundo, ignorando a los amigos de al lado, que se desentienden de todo lo que les rodea. De ell@s renegaba, en un@ de ell@s me convertí.

La vida definitivamente me tenía que dar una llamada de atención, claro que hubiera preferido que no hubiera intermediario alguno (me lleno de furia al pensar en el malnacido que se hizo con mi aparato), pero estoy reaprendiendo del silencio forzado (me quitaron la música), de acordarme que la gente tiene cara (mucho más grande que una pantallita de 2.4 pulgadas), de comer sin electromagnetismo al lado (porque todo momento era bueno para revisar las notificaciones) y tantas otras manías que fueron engulléndome poco a poco.

Igual extrañaré mis fotos y vídeos, dormir arrullada por la música clásica, el formato de hora que mi TOC aprobaba y desentenderme un poco del trabajo. La sensación de pertenencia es muy fuerte y es por eso que deseo fervientemente que el infeliz que se llevó mi teléfono sufra el peor de los martirios.

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