lunes, 7 de abril de 2014

Ideas (re)sueltas

Hay dos sentimientos que, me parece a mí, son complicados de entender para la mayoría de personas. Dos sensaciones opuestas que son extrema felicidad y profunda tristeza y ambas sin sentido según el común mortal que las ve desde fuera. Y pienso que esas personas ignoran cosas, se pierden de mucho por vivir de acuerdo a lo “establecido” y no vale la pena tratar de explicarles que están equivocadas.

Introducción que no tiene nada que ver con lo que voy a desarrollar en las siguientes líneas….

Me vino bien el descanso médico, si bien fue sólo una semana y los motivos del descanso eran más bien tristes, pude escapar del ritmo acelerado que se vive en mi trabajo y las calles por las que tuve que andar en las últimas semanas, me vino bien para poder quitarme ese aceleramiento del cerebro, me vino bien para poner las cosas en blanco y negro.

Pero siempre quedo en lo gris, en la indefinición, en la incertidumbre, en lo ambiguo. Nunca he podido jugármela al 100% salvo que haya sido para lanzarme a un abismo simbólico, estrellarme y no pararme durante buen rato. Debería estar curtida.

Hace unas horas tenía claro cómo continuar escribiendo este post y resulta que ya me olvidé, a veces olvido también dónde queda la izquierda, cómo pronunciar la letra r, la página del libro que estoy leyendo y tomar la pastilla con la que estoy lidiando hace casi un mes. No creo que sea cosa de la edad, pasa que a veces me gana la desidia.

Ok, vuelvo al primer párrafo, para redondear la idea. Y es que la gente anda tan apurada que no se dan tiempito de dejarse dominar por sus sentimientos sean estos buenos o malos, por ahí que intuyen el riesgo que esto conlleva pero a las finales hace que tengas la certeza que sirves para amar, odiar, extrañar y tantas otras cosas que le quitan monotonía a la vida. Siempre me autodefiní como conformista pero sin la connotación negativa que ese adjetivo tiene, le doy click derecho a esta palabra y sus sinónimos son bastante desalentadores, prefiero quedarme con mi muy personalísima definición.

Si estoy cómoda con algo, si siento que eso me procurará algo parecido a la felicidad, pues me quedo con lo que hay. Es por eso que no le doy más vueltas y publico este post.



jueves, 3 de abril de 2014

Neologismos Arbitrarios III



No es como que palabra bonita, pero desconocida y fácilmente aplicable a mí día a día, sí.

Y se trata de la hidrocución, evento tortuoso que trato de superar pero que siempre vence, lo cual ocasiona un desperdicio  de tiempo y recursos hídricos, poniendo a prueba mi resistencia física y mental. Perdí hoy, perdí ayer y perderé mañana.

No sirve contar hasta tres, ni hasta diez, ni diez veces tres. No sirve mentalizarse, igual la piel sufre. No sirve hacer calistenia, el entumecimiento está garantizado. Me pongo a pensar y tal vez sufra de un trauma tempranero de esos que tu memoria bloquea pero que se manifiestan ante eventos parecidos, tal vez mi madre me oculta que de pequeña fui víctima del rochabús o algo parecido, en mi familia siempre han sido afectos a llevar la contra. Contestatarios que les dicen.

Pero como una no puede andar por la vida sin agua y jabón, hay que hacer de tripas corazón y lanzarse al ruedo acuático así sea junio y sientas que tus 21 gramos (y de paso tu cordura) se van por el drenaje.