Creo que nunca terminaré de entender a esta vida de mierda: tienes de los días aburridos, los divertidos, los olvidables, los que quisieras olvidar y no puedes, los que recuerdas no debiendo recordarlos, los que quisieras recordar al detalle pero tu neurona responsable de aquel recuerdo murió en tu última borrachera, los días grises aun con el sol brillante, los días memorables aun con la lluvia de chiste que cae en esta ciudad.... Días de todo tipo, días que nunca te cogerán preparada, días que no volverás a vivir, días que deberían dejarte lecciones. No aprendo nada.
Ya lo mencioné, pero ahora lo entiendo. Vargas Llosa dijo en una entrevista que la felicidad no produce buena literatura, lo correcto para mi sería decir que la felicidad (o lo que creía que era) no produce literatura, punto. Sintiéndome miserable*, como hoy, las palabras se reproducen en la pantalla a una velocidad alarmante, alarmante como la falta de oxígeno que experimenté después de 10 minutos trotando, alarmante como la rotura de mi pantalón cuando quise subir el cierre, alarmante como la ingenuidad que sigo mostrando en situaciones poco convenientes, alarmante como mi pasividad al seguir con la llamada de ella sabiendo que no tenía nada bueno que decirme.
Una mandada a la mierda a mis taponeados pulmones y corazón (cortesía de KFC), a mi poco resistente pantalón que se acobarda ante una mínima presión, a mi yo ingenua que sigue esperando lo mejor del puto destino y, por último, una mandada a la mierda a mi yo pasiva que piensa en las mejores respuestas cuando ya no tienen razón de ser, todo porque le gusta repasar una y otra vez las situaciones incómodas que su cabeza loca le ha hecho padecer.
Cuánta razón tienes, Marito....
*Una de las tantas acepciones de la palabra, no hay que ser tan literal.
¿El video? Lo que estoy escuchando en este momento.

