Mi corazón se hincha en una
mezcla de ansiedad, angustia y expectativa conforme se acerca la hora señalada.
No suele ser puntual, muchas
veces he tenido que esperar horas y otras tantas he terminado mi día con el
corazón triste por no poder contar con su presencia aunque sean unos pocos
minutos. En esas ocasiones me digo que son gajes del oficio, que no podemos
controlar los imprevistos…. pero no saber de los motivos de su ausencia me
altera a niveles que rayan la demencia.
Por suerte no he llegado a los extremos
de acosador@s profesionales que saben al dedillo todos los movimientos de su
objeto de obsesión, muchas veces me he conformado con escribir su nombre en el
buscador y deleitarme con cualquier referencia, aunque sea mínima, sobre su
persona. La verdad es que la web no me ofrece mucho, pero para una persona con
cierto grado de desequilibrio como yo, es suficiente.
Pero a pesar de ser consciente de
todo ello, no me encontraba preparada para la hecatombe que me golpeó con todo
a mediados del mes pasado.
Simplemente se esfumó.
No hubo despedida que me
anticipara su ausencia, simplemente dejó de aparecer y quedé desolada y
desorientada. Por las noches me iba a dormir con un profundo desasosiego,
acompañado de un atisbo de esperanza que me decía que al día siguiente
aparecería, que todo tenía explicación. Sólo engañándome de ese modo podía
conciliar el sueño. Pero llegaba el día, transcurría la mañana, maduraba la
tarde y culminaba la noche sin saber nada. Una tortura indecible.
Por supuesto que las referencias
no faltaban y yo me aferraba a ellas y a la falsa lógica que quería imponer
para decirme que aparecería en cualquier momento. Transcurrieron así,
larguísimas tres semanas en las que me vi abandonada para siempre.
Hasta que un lunes, con la ilusión ausente, encendí el televisor y vi a mi presentadora de noticias favorita sonriéndome a través de la pantalla. Había regresado y junto con ella, el escote que muchas veces me dejó boquiabierta y pensando que semejante visión era un regalo inmerecido que nunca dejaré de agradecer al universo. Y mientras oía su voz relajada, narrando las noticias del día, sentía cómo el alma volvía a mi cuerpo.
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