Una noche, a la espera del número
28, tumbada sobre mi mueble y revisando el Facebook con cierto tedio, me
encontré con un video de seis segundos de duración que hasta ahora, y no sé
por cuanto tiempo, me viene arrancando sonoras carcajadas como las que no tenía
desde hace ya bastante tiempo.
Con algunas lágrimas en los ojos,
me acerqué a mi hermana para enseñarle el video de marras, sonriendo ella y
comentando algo así como lo absurdo del contenido, nada más…. Fui entonces
donde mi primo, quien sin ningún atisbo de sonrisa me dijo que el video era muy
cruel y yo, por reírme así, era casi casi una sádica. Finalmente, en el
desayuno del día siguiente y ante mis inacabables carcajadas, mi madre insistió
en conocer el motivo que tenía a su hija al borde de escupir la leche, entonces
con algo de esperanza le di play al video y sólo atinó a decir “qué gracioso”, para continuar con el
llenado de su crucigrama.
Será que a la familia una la
tiene por circunstancias ajenas a su voluntad, igual son muy pocas las
similitudes que compartimos, siendo los amigos las personas con las que más
afinidades una encuentra. Pero parece que ni en ese ambiente encontraré la
reacción ansiada, puesto que una rápida encuesta me dio a entender que este
videíto compartido no había generado mayor entusiasmo que unos ja ja ja bien
espaciados que me llenaban de frustración.
De pronto, por primera vez en
serio, me planteo que algo en mi cerebro no funciona como debería, entonces dejo
de lado las bromas autocompasivas y me dedico a una extensa investigación por internet
que tiene una sola y fatalista conclusión: una inédita dolencia neurológica
(seré el primer caso conocido) acabará con mi vida.
Decido no desaprovechar el tiempo y ver este video hasta que el tirón en el ojo izquierdo anuncie el fin de mi presencia en este mundo. Todo lo demás es accesorio.
ANEXA EL VIDEO POR FAVOR...JA JA JA
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