Este fin de semana cumplí uno de
mis pendientes en la vida: fui protagonista de una pelea. Y si bien no llegué a
los golpes, tuve el clásico intercambio verbal con mi contrincante y hasta
intervención de terceros que buscaban apaciguar los encendidos ánimos de mi
rival y yo.
¿Qué puedo decir de mi
contendiente? Obviamente no seré generosa con su descripción, pero intentaré
ser lo más objetiva posible. Un poco más alta que yo (pero ella estaba con
tacos y yo con zapatillas), cabello negro, largo y lacio (probablemente teñido
y planchado), maquillaje de tonalidades oscuras que contrastaba con su piel
blanca (seguramente fanática de Kiss) y vestida de forma que bien podría pasar
como protagonista de Taxi Driver (excepto
en la edad, porque si Jodie Foster andaba por los catorce, esta “niña” fijo que
ya pasó los treinta).
¿El motivo de la pelea? Una cosa
de nada, no iniciada por mí, ya que andaba tranquila escuchando new wave, tomando
cerveza y conversando poseramente con Helena. Hasta que, de la nada, alguien me
empujó contra la barra, resultando yo con costillas adoloridas y una entendible
interjección que la agresora interpretó como un insulto hacia su persona. Nada
más alejado de la realidad, ya que los insultos a extraños los reservo para
conductores y peatones imprudentes.
Me enorgullece declarar que no
fui yo la que andaba buscando pleito, pues todo hubiera quedado en nada si no
fuera por el afán beligerante mostrado
por el otro bando, me enorgullece declarar también que nunca me tiré para atrás
y estaba dispuesta a llegar al cabezazo de ser necesario, el único golpe que me
he planteado dar si es que llegara el momento. Con lo torpe que soy, si trato
de dar puñetes o patadas, el enemigo creerá que se trata de una caricia.
Admito que el licor ingerido me
llevó a soltar un par de insultos de más, pero a esas alturas lo único que me
importaba era, ya descartada la posibilidad de narices sangrantes, bajarle la
moral a la individua en cuestión, objetivo conseguido ya que al poco rato optó
por retirarse del bar, dejando a su grupo un poco aliviado de la posibilidad de
quedar mal ante los pacíficos (y algo ebrios) parroquianos. Algo de lo cual no
me preocupaba, puesto que la mayoría se puso de mi parte en el momento de mayor
tensión.
Qué se yo, tal vez percibieron mi
poderosa aura.
Se pusieron de tu lado porque los cautivaste con tu dulzura 😅
ResponderBorrarKOF version New Order
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