lunes, 15 de agosto de 2016

Exceso de azúcar

Extraño besar y que me besen.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que compartí mis labios con otra persona que empiezo a creer que en realidad nunca sucedió y sigo siendo la novel muchachita de veintipocos años, de mente febril y timidez extrema que se queda paralizada frente al Rencito de turno, para huir despavorida ante la atónita mirada de las amigas de siempre que nunca le permitirán olvidar aquel bochornoso momento.

Pero mi memoria todavía puede recrear el contacto que tuve con…. ¡TRES PERSONAS!

Así es, en toda mi vida sólo he besado a tres personas y, en vista de mi afán evocador/melancólico/inoportuno, pasaré a detallar el primer intercambio que tuve con cada una de ellas y en estricto desorden cronológico, puesto que se me confunden fechas entre el dos y el tres.

Individuo N°1: Fue la primera persona que besé y a medida que acercaba su rostro al mío, mi cuerpo empezaba a temblar imperceptiblemente, mi corazón latía a ritmo de taquicardia y mi mente era invadida por comprensibles sentimientos de culpa. Y en aras de la honestidad, todo aquello me importó un carajo cuando entré en contacto con aquella boca de la cual salían palabras nuevas,  frases ingeniosas y conversaciones memorables. Hasta antes de ese primer beso no había pensado en qué es lo que me enamoraría de alguien, después de ese beso lo tuve claro. Las maravillas que oí (y sentí) de aquella boca no las experimentaré con nadie más, así como tampoco las estupideces que salieron de la misma tiempo después. Dicen que de toda experiencia resulta una enseñanza a futuro. Yo aún la estoy buscando. 

Individuo N°2: Ligeramente bebida la primera vez y borrachísima (y despechada) en la última oportunidad que tuve de sentir sus labios (y algo más). Sumado uno más otro me queda la sensación que no llegué a descubrir la total dimensión del Individuo N°2 en esos oficios; de que fue disfrutable, lo fue, violento también, pues en la tercera y última vez que intercambiamos aire muy muy cerca, me puse delante suyo y casi que no le di oportunidad de evitarme. Al día siguiente, junto con la resaca, me invadió una sensación de haber hecho algo contra su voluntad. Nada más alejado de la realidad. Y pensar aquello aún me desconcierta.

Individuo N°3: El más olvidable de todos y hasta ahora no me explico por qué lo sigo recordando, tal vez por la presencia del Individuo N°2 en aquel juego, estúpido para cualquier persona mayor de veinte años, llamado “botella borracha”. Porque fue aquella vez que besé a dos personas en el mismo día y la misma noche, pequeña proeza de la cual me enorgullecería si no fuera porque del Individuo N°3 no recuerdo ni su nombre y porque besar al Individuo N°2 delante de extraños se sintió bastante incómodo, hasta al punto de sentirme protagonista de una porno soft barata. El jueguito de marras continuó con castigos bastante ridículos que lo único que consiguieron fue que me tuviera que hacer cargo del Individuo N°2 que había sobrepasado su aguante al ron, sintiéndome, una vez más, responsable de su integridad física. Algo que no debería encargárseme tan seguido.

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