viernes, 16 de septiembre de 2016

Nada de Nada(l)

Cuando pensaba en el sexo, siendo todavía una señorita virtuosa, tenía la fantasía de encontrarme en una cama con sábanas blancas y cuatro postes con sus respectivos tules blancos, en medio de lo que podría ser una playa o algo así, todo muy luminoso e inmaculado. Aquella fantasía habrá aparecido a mis trece o catorce años, evidentemente influenciada por los clichés que abundan en la televisión y cine, donde mi acompañante no tenía un rostro definido, no llegábamos a hacer mucha cosa, pero la situación sugería bastante. Lo que a mí, al menos por ese entonces, me parecía bastante.

Hasta que Rafael Nadal apareció en mi vida.

Con sus polos manga cero y pantalones modelo pescador, ganando su primer Grand Slam, Roland Garros, a sus cortos 19 añitos, frente a un tenista mejor rankeado y de mucho más experiencia, todo cabello largo, brazos poderosos y un trasero que me sigue dejando bizca. Fue amor a primera vista, todo en él me atraía, desde su ya descrita apariencia hasta ese empuje que le metía a cada jugada, su actitud ganadora y su gesto de celebración con puño y rodilla alzados. Me quedé cojudísima.

A partir de ahí, mi fantasía tuvo rostro. No pasó mucho tiempo para que tenga mi primer sueño húmedo, tan real, tan detallado que me desperté jadeante, adolorida y con ganas de más. Nunca olvidaré la imagen (irrepetible e irrealizable) del Rafa haciendo cosas no aptas para las políticas de censura impuestas por Blogger, las que no leo de pura flojera.

Ahora, tanto Nadal como yo estamos en un periodo de forzada abstinencia (él de títulos, yo de sexo) que pareciera ir en sentido contrario a nuestra naturaleza ganadora/lasciva…. Desde mi humilde óptica, el problema de mi español favorito pasa por un bajón anímico, lo que sumado a sus lesiones crónicas, han minado su hasta hace un par de temporadas, mentalidad invencible, la misma que sacaba a lucir ante los partidos que se le pintaban complicadísimos, sacando puntazos increíbles para finalmente alzarse con un merecidísimo triunfo. Poco a poco pareciera volver a sus fueros,  lo cual espero que consiga para que pueda poner fin a una carrera absolutamente impecable.

Yo, por otro lado, pareciera ser una causa perdida, perdida y no por las buenas razones. No sé qué circunstancia fortuita me hizo nacer y crecer con una libido totalmente opuesta a mi carácter tímido poco o nada propenso a entablar vínculos con gente que me resulte mínimamente atractiva como para animarme a relacionarme horizontalmente con algun@s. Para colmo de males, ni siquiera contemplo a la autocomplacencia como una opción, sería incapaz de empezar con algo sin sentirme totalmente fuera de lugar conmigo misma.

Eso sí, para la autocompasión soy una trome.

1 comentario: