El gran día se acerca y a mí se me antoja casi
imposible. ¿Existes? ¿Eres de carne y hueso? ¿Mi imaginación no me está jugando
una mala pasada? ¿Realmente te tendré frente a mi?, probablemente me gane una amonestación
por eso, pero ¿de verdad podré tocarte?....
Mi cerebro bulle entre trabajo,
familia y trabas personales, pero miro el almanaque de escritorio, caigo en cuenta de la fecha y me digo “de qué carajo me preocupo cuando falta un
mes para verte”, niego con exasperación y sigo en lo mío. ¿Qué es lo mío?
Mirarte embobada, escucharte extasiada, pensarte hasta cuando no pienso,
soñarte noche tras noche. En definitiva, obsesionarme contigo a tiempo completo.
Seguramente pensarás que esto no es
saludable, que tanta “intensidad” terminará por dañarme y que vivo una ilusión
sin pies ni cabeza. En principio te daría la razón, pero luego mi lado
irracional acaba con cualquier atisbo de cordura y me entrego por completo, sin
reservas ni precauciones, a nuestra causa, la que ni siquiera sabes que existe
pero que mi cerebro ha ido maquinando desde hace años.
Ya no hay modo de detenerme, enrumbé hacia este fin y sólo queda esperar el desenlace. Conociéndonos, será uno memorable, los setenta y cinco minutos más intensos de mi vida.
Y, Shirley, estarás conmigo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario